3I/Atlas viene de un lugar mucho más frio
El reciente estudio publicado en Nature Astronomy confirma que 3I/Atlas no se parece a nada que haya surgido en nuestro sistema solar. En su escenario más conservador, el cometa contiene al menos 66 átomos de deuterio por cada 10,000 de hidrógeno. Esa cifra multiplica por 30 la proporción típica de los cometas locales y por 40 la de los océanos terrestres.
Los autores interpretan esta anomalía como evidencia de que el hielo de 3I/Atlas se formó en un entorno mucho más frío y menos irradiado que cualquier región donde se originaron los cuerpos del sistema solar. “Esto es consistente con un origen en un sistema planetario que se formó bajo condiciones físicas y químicas diferentes a las nuestras”, escriben en su reporte.
ALMA obtuvo los datos apenas seis días después del perihelio del cometa, cuando la radiación solar comenzó a sublimar el hielo de su superficie. El radiotelescopio identificó las moléculas por sus líneas de emisión en radio, es decir, detectó directamente el agua semipesada y, a partir del comportamiento del metanol en la coma, reconstruyó cuánta agua normal debía estar liberándose. Un telescopio óptico habría quedado cegado por el brillo solar, pero ALMA pudo “leer” la química del cometa sin obstáculos.
Otros estudios ya habían mostrado que 3I/Atlas es anómalo, y han reportado que es rico en metanol, dióxido de carbono y moléculas orgánicas simples. En su conjunto señala su composición inusual entre los cometas locales.
Hoy, 3I/Atlas se aleja del Sol a unos 60 kilómetros por segundo y no regresará jamás. Aunque existen propuestas para interceptarlo, los especialistas consideran más viable estudiarlo con los próximos observatorios de gran campo, como el telescopio Nancy Grace Roman o el Vera C. Rubin.