El director alavés renuncia a dirigir el último concierto de su despedida debido a la progresión rápida del alzhéimer
Regala esta noticia Añádenos en Google Juanjo Mena, en su última actuación en el Victoria Eugenia. (Iñigo Ibáñez)César Coca
09/09/2026 a las 09:46h.Juanjo Mena dijo adiós a los conciertos el pasado 12 de agosto, en el Victoria Eugenia de San Sebastián, según han confirmado fuentes de su ... entorno más inmediato. Muchos de quienes asistieron a aquella sesión de la Quincena Musical ya pensaron que no volverían a ver al director de orquesta alavés subir de nuevo al podio. Sus temores se acrecentaron cuando la pasada semana se anunció que renunciaba a los conciertos con la Sinfónica de Bilbao de los días 15 y 16 de octubre. Ahora ya se sabe que no habrá más. La suya ha sido una despedida que nunca fue anunciada como tal, pero el avance del alzhéimer que padece hace inviable que siga dirigiendo.
Llámese azar o destino, lo cierto es que su última actuación tuvo lugar mientras se producía un eclipse total de Sol por primera vez en más de un siglo en estas latitudes. Hubo quien en el propio teatro puso de relieve el simbolismo de todo eso. Más allá de esa circunstancia, preparar la actuación fue un trabajo muy arduo para el director vasco, pese a que contó con una gran complicidad de la orquesta y sobre todo del concertino, buscado para la ocasión porque ya había trabajado con anterioridad con él. Además, había un 'plan b' por si finalmente no podía subir al podio.
En el entorno del músico se piensa que ese concierto debió haber tenido lugar el pasado verano, cuando Mena no estaba aún tan afectado por la enfermedad. Pero la evolución de la misma ha sido más rápida de lo esperado y eso ha precipitado la despedida. Una despedida en la que los asistentes pudieron comprobar el efecto del mal sobre un director en otro tiempo rebosante de talento, energía y capacidad para definir cada detalle de las partituras.
Fue eso último lo que el público ovacionó largamente al terminar el concierto del teatro Victoria Eugenia. Alrededor de diez minutos de aplausos con los espectadores puestos en pie y algunos con los ojos humedecidos, para despedir al maestro que más veces ha dirigido en la Quincena y ante el mayor número de orquestas. Un director que ha triunfado ante grupos como las filarmónicas de Berlín, Nueva York y Londres, las sinfónicas de Boston y Chicago y otras como Cleveland, Filadelfia y la Gewandhaus de Leipzig, por citar solo algunas entre las más importantes del mundo.
Mena, que cumplirá 61 años el próximo día 21, se inició en el mundo de los coros. Accedió al puesto de titular de la Sinfónica de Bilbao en 1999, y permaneció ahí durante nueve temporadas. Después ocupó el mismo cargo en la Filarmónica de la BBC, con sede en Manchester. Con ambas, hizo una serie de grabaciones aclamadas por la crítica. Al frente de la orquesta británica se convirtió en un gran divulgador de la música vasca y española. Desde 2018 no ha ocupado cargo de titular en orquesta alguna, aunque ha estado muy vinculado como director invitado a un puñado de formaciones, desde la Orquesta Nacional de España a la de Bergen y la del teatro de Génova, y el Festival de Cincinatti.
Discípulo de Carmelo Bernaola, Enrique García Asensio y Sergiyu Celibidache, a los que siempre recordaba en sus entrevistas, Mena ha destacado por ser un trabajador incansable y un fiel lector de las partituras que ha interpretado, lo que unido a su talento le colocó en una posición de privilegio en su generación. En 2016 recibió el premio Nacional de Música.
Ambiente de tristeza
Todo eso se quebró cuando a comienzos de 2025 anunció que padece alzhéimer y decidió recortar de manera sustancial sus compromisos. Lo hacía en la confianza de que el trabajo reposado y la renuncia a largos y continuos viajes serían buenos remedios para combatir la enfermedad. Pero la evolución del mal ha sido muy rápida. Por eso, llegó al concierto del 12 de agosto al límite de sus posibilidades, según explican sus allegados y quienes vivieron muy de cerca los ensayos y la actuación.
Ahora, el ambiente es de tristeza porque ese de la Quincena no debió haber sido su último concierto. Y a su alrededor hay no pocos lamentos. Por el programa, que en ningún lugar indicaba que fuera la despedida del director de un festival en el que tantas veces y con tantas orquestas estuvo. Por la sala escogida, el Victoria Eugenia, y no el Kursaal, donde se ofrecen los platos fuertes de la Quincena. Por el día y la hora, en plena coincidencia con un fenómeno astral que no se daba desde hacía más de un siglo, lo que sin duda restó público.
El resultado fue agridulce en distinta medida para todas las partes. Para la familia, más agrio que dulce. Ahora ya han entrado en otra fase, la de convivir con un esposo y padre enfermo y cada vez más alejado de lo que fue: un gran artista y una persona afable, con mucho sentido del humor y una exquisita amabilidad.
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