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El 'Amazon de las armas' llega a EEUU: Trump avala la compra en la red sin apenas control de las pistolas que vende su hijo

El 'Amazon de las armas' llega a EEUU: Trump avala la compra en la red sin apenas control de las pistolas que vende su hijo
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El presidente, que ya ha sufrido tres atentados contra su vida, acelera la desregulación de la venta de armas. Más información: El libro que destapa las miserias de Trump en la Casa Blanca: de su ayudante devota y aduladora a sus noches insomnes en Truth

Miembros de la Asociación Nacional del Rifle se sacan fotos con un recorte de Trump. REUTERS/Alyssa Pointer

EEUU El 'Amazon de las armas' llega a EEUU: Trump avala la compra en la red sin apenas control de las pistolas que vende su hijo

El presidente, que ya ha sufrido tres atentados contra su vida, acelera la desregulación de la venta de armas.

Más información: El libro que destapa las miserias de Trump en la Casa Blanca: de su ayudante devota y aduladora a sus noches insomnes en Truth

Denver Publicada 13 julio 2026 01:47h Las claves

Las claves Generado con IA

En la América de Trump, el futuro de las armas no pasa por un mostrador, una vitrina ni una tienda especializada. Pasa por una pantalla, una verificación digital y una entrega directa a la puerta de casa.

La Administración lo presenta como una actualización burocrática: adaptar unas normas antiguas a la era de internet y devolver margen a los “ciudadanos cumplidores”.

Pero en un país con más armas que habitantes, cambiar la forma en la que se compra una pistola no es solo modificar una cadena de suministro.

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Del clic al gatillo

En Estados Unidos, comprar un arma por internet ya es posible, pero el sistema conserva una frontera física: la tienda autorizada. Aunque el pedido empiece en una web, el arma suele terminar en manos de un vendedor con licencia federal, obligado a verificar al comprador, conservar registros y exponerse a inspecciones.

Estas las realiza el Bureau of Alcohol, Tobacco, Firearms and Explosives (ATF), la agencia encargada de supervisar el comercio de armas de fuego. Ese mostrador es incómodo para la industria, pero también una de las pocas piezas visibles de control en un mercado diseñado para moverse con pocas trabas.

La propuesta de Trump apunta precisamente a ese último tramo. Si sale adelante, determinados vendedores autorizados podrían completar operaciones de forma remota y enviar el arma directamente al comprador dentro del mismo estado, sin que este tenga que pasar por una tienda.

La Administración sostiene que no elimina los controles: seguiría habiendo verificación de identidad, comprobación de antecedentes y periodo de espera. Pero sus críticos ven otra cosa: una forma de convertir la compra de una pistola en una experiencia cada vez más parecida a cualquier pedido de Amazon.

La batalla no es solo logística. Es política. Para la industria, cada paso presencial es una fricción que reduce ventas. Para los defensores de la Segunda Enmienda, es una carga impuesta a ciudadanos que ya tienen derecho a comprar armas.

Para las organizaciones de control, en cambio, ese punto físico cumple una función que no cabe en un formulario digital: permite detectar comportamientos extraños, evitar compras impulsivas, identificar intermediarios y dejar claro quién responde si algo falla.

Donald Jr., en el negocio

El nombre incómodo de esta reforma no aparece en el texto, sino en el consejo de administración de GrabAGun. Donald Trump Jr. forma parte de esta empresa tejana de venta online de armas, munición y accesorios. Una plataforma que aspira a ocupar en el sector el lugar que Amazon ocupa en casi todo lo demás: catálogo, cliente, datos y logística bajo un mismo techo.

El hijo mayor del presidente se incorporó como consejero y consultor tras la victoria electoral de su padre y recibió 300.000 acciones, algo más del 1% de la compañía. El valor de esa participación ha oscilado con fuerza desde la salida a Bolsa de GrabAGun, pero el principio político es sencillo: cualquier norma que facilite la venta remota mejora las expectativas de una empresa en la que Trump Jr. tiene intereses económicos.

El presidente Donald Trump y su hijo, Donald Jr. REUTERS/Annabelle Gordon

GrabAGun llevaba tiempo preparándose para este escenario. En enero lanzó PEW Logistics, una filial pensada para ofrecer a fabricantes y marcas una infraestructura completa de venta directa: escaparate digital, gestión de pedidos, cumplimiento normativo, logística y datos de clientes.

No necesitaba que la Casa Blanca escribiera su nombre en ninguna propuesta. Le bastaba con que Washington desatascara el tramo que todavía separa muchas compras online de la entrega final del arma. Trump Jr. y su entorno sostienen que la reforma responde únicamente al derecho constitucional a poseer y portar armas.

La coincidencia llega en un momento delicado para el clan Trump. Criptomonedas, plataformas conservadoras, inversiones en empresas afines y nuevos negocios familiares han convertido el segundo mandato en una sucesión de zonas grises. La defensa oficial siempre se parece: actividad privada, decisiones separadas, ninguna intervención política.

Más que pistolas por correo

La venta remota es solo la parte más llamativa de una ofensiva mucho más amplia. La Administración Trump deshace más de tres docenas de regulaciones sobre armas, con una idea de fondo: devolver el mercado al terreno previo a Biden. Para ellos, se trata de corregir abusos burocráticos y proteger derechos constitucionales. Para sus críticos, de debilitar al árbitro justo cuando más falta hace.

Uno de los cambios más importantes afecta a los vendedores que incumplen la ley. Biden había impuesto una política de 'tolerancia cero' que permitió retirar más de 600 licencias a comerciantes que falsificaban registros, omitían comprobaciones de antecedentes o vendían armas a personas que no podían comprarlas legalmente.

Trump ya ha desmontado esa estrategia. Ahora, el listón para retirar una licencia sería más alto: habría que probar que el vendedor sabía que estaba violando la norma.

El paquete también toca territorios especialmente sensibles. La Administración quiere ampliar el acceso a las armas para algunas personas que hasta ahora tenían restricciones por antecedentes de salud mental o incapacidad para gestionar sus finanzas.

En sus propios análisis, el ATF ha reconocido que el riesgo para la seguridad pública podía ir desde un impacto mínimo hasta escenarios de "víctimas masivas". Otro cambio rebajaría la vigilancia sobre los estabilizadores, accesorios que pueden convertir ciertas armas en piezas más fáciles de ocultar y manejar.

Donald Trump da un discurso ante la Asociación Nacional del Rifle en 2024 REUTERS/Carlos Barria

Parte de la propia agencia reguladora ha sido redirigida a tareas de inmigración mientras la Administración pelea contra restricciones aprobadas en estados demócratas.

Trump no se limita a cambiar las reglas federales: su Gobierno ha impugnado prohibiciones de rifles semiautomáticos en Colorado, Virginia y el Distrito de Columbia, y ha demandado a California por sus límites a la venta de pistolas Glock y modelos similares.

La fotografía completa es más ambiciosa que una reforma técnica. Menos sanciones a vendedores, menos controles en ventas privadas, menos límites a ciertos accesorios, menos barreras para algunos compradores y más margen para que el arma se mueva sin pasar por los lugares donde el Estado aún podía mirar.

Los grupos de control lo denuncian como un golpe a la seguridad pública. Algunos estados demócratas lo ven como una invasión de sus propias normas. Incluso ciertas armerías pequeñas temen quedarse fuera del negocio frente a plataformas gigantes como GrabAGun.

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Desde la derecha, en cambio, la crítica va en sentido opuesto. Los sectores más duros del movimiento proarmas no creen que Trump haya ido demasiado lejos, sino demasiado poco. Para ellos, volver al terreno previo a Biden no basta: el Gobierno republicano debería desmontar aún más controles, registros y obligaciones para vendedores.

Para Trump, las armas nunca han sido solo un producto. Son una promesa de identidad. En el ecosistema que rodea al trumpismo, el consumo también funciona como militancia: bancos, redes sociales, criptomonedas, plataformas de inversión y empresas 'anti-woke' para una derecha que quiere sus propios mercados.

Donald Trump Jr. ha hecho de ese mundo su territorio natural. Si la reforma sale adelante, no solo cambiará la forma de comprar una pistola. También mostrará hasta qué punto el segundo mandato de Trump funciona como una maquinaria de doble uso: desregular para su base y abrir oportunidades para su círculo.

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