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El anciano que trenza en Murcia la cuerda más larga del mundo a sus 92 años: «Me hace sentir que todavía valemos para algo»

El anciano que trenza en Murcia la cuerda más larga del mundo a sus 92 años: «Me hace sentir que todavía valemos para algo»
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La longitud es de 1.300 metros y el récord, hasta ahora en 251 metros, está pendiente de publicarse en el Libro Guinness

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Juan del Cobo trenza, sin prisa pero sin pausa, la cuerda más larga del mundo hecha a mano. Aarón Izquierdo El anciano que trenza en Murcia la cuerda más larga del mundo a sus 92 años: «Me hace sentir que todavía valemos para algo»

La longitud es de 1.300 metros y el récord, hasta ahora en 251 metros, está pendiente de publicarse en el Libro Guinness

Juan F. Robles

Miércoles, 25 de febrero 2026, 08:02

... mano, la cuerda más larga del mundo que mide 1.300 metros de longitud y que supera, con creces, el récord mundial anterior que estaba en 251 metros, logrado en 2005. El próximo sábado, en el polígono industrial que hay a la entrada del pueblo en la carretera de Caravaca (Región de Murcia), se desplegará la cuerda para proceder a la medición oficial en un acto en el que participarán familiares y vecinos.

En la finca se inició en las tareas agrícolas y cuidando ganado y, poco a poco, se fue labrando su futuro haciéndose cargo de la finca como arrendatario de la misma. Para las labores propias del campo, Juan fue aprendiendo a trenzar esparto para hacer cuerdas y otros enseres como capazos y cestos.

Aarón Izquierdo

Junto a su mujer, Encarnación, formó una familia, tuvieron tres hijos y, años después, se vio ampliada con cinco nietos y tres bisnietos. Hace dos años que perdió a su mujer y, desde entonces, vive con uno de sus hijos en un cortijo, 'el de los Dados', a unos tres kilómetros del casco urbano. Fueron sus nietos los que, viendo que estaba aburrido y sentado todo el día en un sillón, le animaron a «hacer algo para entretenerse», relata su hijo Juan. «Al principio, lo que pretendíamos era sacarlo un poco de su aburrimiento, daba un poco de pena verle sentado, sin hacer nada, medio 'endormiscado' y, por eso, hablando con los nietos, fueron ellos quienes le empezaron a traer sacos de hilo de alpaca, de nailon, para que se entretuviera trenzando cuerda». Los días de sol, sale a la puerta del cortijo y retoma esta tarea que ya se ha convertido en una actividad muy importante para él, «hemos conseguido –comenta su hijo Juan– que, además, se sienta útil, porque ha elaborado otras cuerdas más cortas que ha regalado a personas conocidas que las utilizan como ramales para sus caballos o para otros quehaceres del campo. Él está contento porque comprueba que lo que hace, sirve para algo».

El protagonista de esta historia, Juan del Cobo, atendió ayer a La Verdad: «Estoy muy bien, cargado de años pero muy contento porque con la cuerda me entretengo mucho, es una cosa que da poco (no es productiva) pero que consigue mantenerme activo, me entretiene y eso se agradece; tengo que reconocer que tanto mis hijos como mis nietos me quieren mucho, me animan y, con esta tarea, me han hecho sentir que todavía valemos para algo», explica.

No es la única tarea que realiza Juan, también tiene dos cabras a las que dedica tiempo y experiencia: «No me dan mucha guerra, ellas cuidan de sus chotos y yo cuido de ellas». La ilusión con la que está viviendo esta nueva experiencia desborda todas las previsiones, a la espera de ver reflejado su trabajo en el Libro Guinneds de los Récords.

  1. «A veces, los logros más extraordinarios nacen de gestos cotidianos»

«La escena se repite cada día: un hombre de 92 años se sienta bajo un pequeño techo de madera y comienza a trenzar hilo con movimientos pausados y precisos», narra uno de sus nietos. Sin prisa pero sin pausa, ha construido una cuerda de 1,3 km que será reconocida este sábado como la más larga del mundo hecha a mano.

«Cada metro de cuerda representa horas de trabajo y una disciplina constante. Sus nietos, al ver el progreso, comenzaron a llevarle sacos de hilo para que no tuviera que detenerse. Fue uno de ellos quien, sorprendido por su longitud, sugirió inscribirla en un registro internacional de récords», recuerda. «El proyecto tomó impulso casi sin darse cuenta. La cuerda crecía enrollada en el suelo mientras él repetía el mismo movimiento paciente. Cuando la midieron, descubrieron que habían superado, con creces, la que figuraba como referencia internacional».

Hoy, reflexiona su nieto, «la historia trasciende el dato numérico. Es el relato de una vida marcada por el esfuerzo temprano, el aprendizaje autodidacta y la voluntad de seguir activo pese al paso del tiempo. Y es también la prueba de que, a veces, los logros más extraordinarios nacen de gestos cotidianos repetidos durante años».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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