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El auge de los generales iraníes arrincona a los líderes civiles y complica la solución negociada por la que apuesta Trump

El auge de los generales iraníes arrincona a los líderes civiles y complica la solución negociada por la que apuesta Trump
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La figura de Mohamed Baqer Qalibaf, presidente del Parlamento iraní, parece ir ganando enteros por su pasado en la Guardia Revolucionaria, mientras Abás Araqchi, ministro de Asuntos Exteriores, queda cada vez en un mayor segundo plano. Más información: Pasamontañas, fusiles de asalto y música épica: Irán difunde un vídeo (de película) de la captura de dos buques en Ormuz

El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, vistiendo un uniforme de la Guardia Revolucionaria Islámica, asiste a una sesión del parlamento en Teherán. Europa Press

Oriente Próximo El auge de los generales iraníes arrincona a los líderes civiles y complica la solución negociada por la que apuesta Trump

La figura de Mohamed Baqer Qalibaf, presidente del Parlamento iraní, parece ir ganando enteros por su pasado en la Guardia Revolucionaria, mientras Abás Araqchi, ministro de Asuntos Exteriores, queda cada vez en un mayor segundo plano.

Más información:Pasamontañas, fusiles de asalto y música épica: Irán difunde un vídeo (de película) de la captura de dos buques en Ormuz

Publicada 24 abril 2026 02:44h Las claves

Las claves Generado con IA

El poder en Teherán ya no reside en las instituciones civiles, sino en un triunvirato de generales de la Guardia Revolucionaria que han convertido la República Islámica en una dictadura militar con barniz teocrático.

Según The New York Times, los verdaderos líderes de Irán son ahora el general de brigada Ahmad Vahidi, comandante en jefe de la Guardia Islámica; el general Mohamed Baqer Zolqadr, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional; y el general Yahya Rahim Safavi, asesor militar del líder supremo Mojtaba Jamenei.

Vahidi está en la lista roja de Interpol desde 2007 como cerebro del atentado contra la AMIA en Buenos Aires que mató a 85 personas en 1994, cuando dirigía la Fuerza Quds. Su nombramiento ha convertido a uno de los terroristas más buscados del mundo en el hombre fuerte de Irán.

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Por su parte, Zolqadr fue impuesto por Vahidi al presidente Masud Pezeshkian tras la muerte de Alí Lariyaní el pasado 17 de marzo pese a las objeciones civiles, y ha hecho carrera reprimiendo protestas iraníes desde 1999. Su pasado incluye asesinatos políticos en los años 90 y haber enviado "al infierno" a ejecutivos petroleros estadounidenses en 1978.

Safavi pronunció en 1998 un discurso emblemático del radicalismo: "Debemos decapitar a algunos individuos. Cortaremos las lenguas de otros. Nuestro lenguaje es nuestra espada".

Los tres comparten la visión de la guerra como amenaza existencial, pero están convencidos de haberla contenido y poder prolongar el conflicto. El permiso tácito de Mojtaba Jamenei, invisible desde los bombardeos, ha legitimado este golpe blando militar.

La caída en desgracia de Araqchi

Sí existe un "contrapoder" civil en Irán, pero resulta grotesco hablar de "división" en el régimen, como ha hecho Donald Trump para justificar su obsesión negociadora, cuando los civiles dependen por completo de los verdaderos líderes militares.

El sector de Pezeshkian y el ministro de Asuntos Exteriores, Abás Araqchi, ha visto reducido su margen hasta convertirse en meros ejecutores.

El caso de Araqchi es revelador: cuando anunció el 17 de abril la reapertura del estrecho de Ormuz tras Islamabad, los medios estatales cercanos a la Guardia Revolucionaria le atacaron por "proporcionar la mejor oportunidad para que Trump declarase la victoria".

La agencia Tasnim describió su tuit como "malo e incompleto", mientras un diputado pedía su destitución. Al día siguiente, las lanchas del Pasdarán abrieron fuego contra barcos comerciales y declararon cerrado el estrecho, humillando al ministro. Zolqadr denunció "desviación del mandato" y la delegación negociadora fue llamada de regreso a Teherán.

Con todo, hay que valorar el hecho de que ambos siguen en sus puestos.

Probablemente, los generales necesiten esa fachada civil para dar alas a la posible salida negociada y, de alguna manera, ponerles los pies en el suelo.

Pezeshkian ha advertido de pérdidas "devastadoras" de 300.000 millones de dólares y de la necesidad de que se alivien las sanciones. Araqchi sigue en el equipo porque su perfil de "negociador maestro" resulta útil para vender moderación inexistente.

Los civiles se han convertido en idiotas útiles de una junta que los utiliza cuando conviene y los humilla cuando se extralimitan.

El ministro de Exteriores iraní, Abbás Aragchi, recibiendo en Teherán al jefe del Ejército paquistaní, Asim Munir, este miércoles en Teherán. Reuters / WANA

El auge de Qalibaf

En medio, resurge la figura de Mohamed Baqer Qalibaf, el nexo perfecto entre el poder político y el militar.

Qalibaf fue miembro de la Guardia Revolucionaria Islámica, es amigo personal desde hace años del ayatolá Jamenei, y a la vez preside el Parlamento iraní, un organismo civil.

Parece ser la gran figura de consenso y el que mide los tiempos ahora mismo.

Tal vez en respuesta al propio artículo del Times, este jueves afirmó en sus redes sociales que "en Irán no existen extremistas ni moderados; todos somos 'iraníes' y 'revolucionarios' y, con la unión férrea de la nación y el gobierno, con obediencia total al líder supremo de la revolución, haremos que el agresor criminal se arrepienta".

Qalibaf estuvo presente junto a Araqchi en las negociaciones de Islamabad, pero él no recibió crítica alguna.

Mientras tanto, y contra toda evidencia, Trump mantiene su empeño en una salida negociada vendiendo que los nuevos líderes iraníes son más moderados.

Esta obsesión tiene mucho que ver con lo carísima que le está resultando la guerra. Los precios del petróleo Brent han llegado de nuevo a los 105 dólares el barril, disparando el galón de gasolina —el equivalente aproximado a cuatro litros— hasta los 3,48 dólares, unos 2,98 euros. Unos precios que en Europa serían una ganga, pero que en Estados Unidos, potencia petrolífera, resultan excesivos.

Por si eso fuera poco, la consultora JP Morgan volvió a advertir esta semana de que, si Ormuz permanece cerrado, los precios podrían superar 5 dólares por galón, consumiendo las devoluciones fiscales estadounidenses, mientras que el think tank estadounidense CSIS cifra en más de 16.500 millones de dólares el coste de tan solo los primeros doce días de operación Furia Épica, a 500 millones diarios tras la fase inicial de misiles carísimos.

Riesgos nucleares

La clave está en la asimetría: mientras Estados Unidos ha gastado casi el 50% de sus misiles Patriot, más del 50% de sus THAAD y más del 45% de sus PRSM, siempre según CSIS, Irán responde con drones baratos y minas marinas.

Restablecer arsenales llevará entre uno y cuatro años, un dato crítico de cara a un potencial conflicto contra China en el futuro cercano.

Trump se reunió con contratistas para cuadruplicar la producción de armamento "exquisito", pero el ritmo actual es insostenible frente a la "guerra de desgaste" iraní. Como reconoce CSIS, "no podemos permitirnos seguir gastando así" sin debilitar la posición estratégica global.

La realidad es que Trump no tiene dinero, ganas, energía ni voluntad política para acabar lo que empezó, y probablemente se conformará con casi cualquier acuerdo, aunque este jueves dijera en su red social, Truth, lo contrario: “Tengo todo el tiempo del mundo, pero Irán no; ¡el reloj está corriendo! (…) Un acuerdo solo se hará cuando sea apropiado y bueno para los Estados Unidos de América, nuestros aliados y, de hecho, el resto del mundo”.

El problema es que un régimen más radical dirigido por generales terroristas constituye mayor amenaza que la República Islámica tradicional.

Los expertos estiman que el tiempo que necesita Irán para fabricar un arsenal de varias cabezas nucleares iraní ha quedado reducido a 1-3 meses. Si Irán sigue teniendo acceso a los 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60% podría fabricar en ese período unas diez armas nucleares.

La Agencia Internacional de Energía Atómica perdió todo acceso a instalaciones nucleares iraníes el 28 de febrero, creando un vacío de verificación.

Las consecuencias de un arma nuclear en manos de un régimen militar sediento de venganza serían catastróficas para Israel, Arabia Saudí y toda la región.

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Con una sola cascada de centrifugadoras IR-6, Irán podría producir material para un arma nuclear cada 25 días.

Trump puede seguir convencido de que negocia con "moderados", pero trata con una junta de veteranos terroristas que acaban de comprobar que resisten al ejército más poderoso del mundo. Su "victoria" negociada podría ser en realidad la peor derrota estratégica estadounidense en décadas.

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