EDITORIAL
El avispero de OrmuzEl fuerte despliegue militar anunciado por Trump para «liberar» buques sin haber consolidado un plan de paz amenaza con desestabilizar la frágil tregua con Irán
Regala esta noticiaLa crisis de Oriente Medio mantiene en vilo al mundo bajo la falsa apariencia de una tregua en los bombardeos sobre Irán y el Golfo ... Pérsico. La búsqueda de un plan de paz estable entre Estados Unidos y el régimen iraní, un proceso confuso que no acaba de fructificar mientras se agrava el cruce de amenazas, se examina otra vez en mitad del avispero de Ormuz. El fuerte despliegue militar anunciado por Donald Trump para «liberar» a cientos de buques mercantes en el estrecho, aún bloqueado por las dos partes enfrentadas, constituye toda una prueba de fuego en la región y para el frágil cese mutuo de las hostilidades.
Las primeras escaramuzas en Ormuz, confirmadas ayer por Irán con un ataque contra fragatas estadounidenses negado por Washington, agravarían la inseguridad de la zona, sobre todo si se culmina el despliegue de destructores, aviones y 15.000 soldados adelantado por Trump sin que prospere en paralelo un plan de paz con garantías. El presidente de EE UU, que sigue sin saber cómo salir del atolladero, no puede permitirse más tropiezos para no agudizar el desgaste electoral en su país y el descrédito ante sus aliados. Siempre en él surge la duda de si sería mejor dejarle ir por libre, con el peligro que entrañan sus medidas unilaterales, o si acompañarle para tratar de mantenerle bajo un cierto control, a pesar de los desplantes a sus socios en la OTAN. Más de dos meses después de la ofensiva sobre Teherán y de la réplica iraní sobre los aliados de EE UU en el golfo Pérsico, ni la amenaza nuclear ha sido desactivada, ni se consolida la paz en Oriente Medio, ni Ormuz recupera la normalidad que vivía antes de una guerra que revela la temeraria improvisación de Trump.
El exministro de Transportes y ex secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, acusado en el juicio por las adjudicaciones irregulares en el 'caso mascarillas' se desvinculó, en su declaración ante el Tribunal Supremo, de toda actividad delictiva y negó los indicios y testimonios que le apuntan como pieza clave de la trama. El que fuera mano derecha del presidente Pedro Sánchez, tanto en el Gobierno como en el partido, se ha inclinado por acogerse a una estrategia de defensa victimista, presentándose ante el tribunal como damnificado de imputaciones falsas de los medios y de la Guardia Civil. Ábalos, para el que la acusación pide hasta 24 años de prisión, hizo una apuesta arriesgada, negando sobornos, comisiones, enchufes de amigas íntimas en la Administración, fiando su futuro penal a que el tribunal crea su palabra por encima de los indicios, grabaciones y testimonios aportados en la instrucción y el juicio. El poderoso exministro se presentó como un desconocedor de la gestión económica, tanto en el ministerio como en la organización, ocupado exclusivamente del impulso político. Sin embargo, sus confusas explicaciones sobre el contrato de ocho millones de mascarillas, de los pisos de que disfrutaba, de los gastos en metálico y el trato de favor a sus amigas, dejaron sin desmontar, con claridad, las acusaciones y testimonios que le incriminan.
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