La etapa más larga de la edición recupera el puerto que abrió la puerta a los Pirineos y los Alpes en la carrera francesa
Una imagen de archivo.- NACHO LABARGA
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El Balón de Alsacia vuelve al primer plano del Tour de Francia. El puerto donde la carrera empezó a construir su leyenda hace 121 años será el gran juez de la decimotercera etapa, entre Dole y Belfort, la más larga de esta edición con 205,8 kilómetros. Su presencia no terminará en la meta. La subida aparecerá de nuevo al día siguiente, dentro de la segunda jornada por los Vosgos, en un doble homenaje a la montaña que cambió para siempre el rumbo de la prueba.
Con la cima a 1.173 metros sobre el nivel del mar, el Balón de Alsacia fue una apuesta personal de Henri Desgrange. El creador del Tour necesitaba dar oxígeno a un invento rodeado de polémicas y con dificultades para conectar con el público. Eligió una montaña de entidad en una época de carreteras empedradas, bicicletas sin cambios y máquinas de varios kilos de peso. El reto parecía desmedido. Desgrange llevó el pelotón hacia Alsacia, una región que en aquellos primeros años del siglo formaba parte de la Lorena y pertenecía al imperio alemán desde la guerra franco-prusiana de 1870. La apuesta salió cara y el Tour encontró allí uno de sus grandes símbolos.
René Pottier se encargó de convertir aquella decisión en leyenda. El 11 de julio de 1905, el francés fue el primer corredor en coronar en solitario un puerto del Tour. Su gesta dejó una huella profunda y abrió el camino que llevaría a la carrera hasta los Pirineos en 1910 y, más tarde, hasta los Alpes. Aquella primera etapa entre Nancy y Besançon tuvo tal impacto que la montaña ya nunca volvió a desaparecer del recorrido de la prueba francesa. Pottier no ganó esa edición, que terminó en manos de Louis Trousselier, y un año después conquistó un Tour que ya había reunido un importante respaldo popular.
En esta edición, el Balón de Alsacia se levanta como un gigante en mitad de una jornada casi llana. Los primeros 150 kilómetros ofrecen poco relieve y concentran su principal punto de interés en el 'sprint' intermedio, situado en el kilómetro 137,8. La carrera cambiará de paisaje en el Col des Croix, puerto de tercera categoría colocado a 48,4 kilómetros de la llegada. Desde allí, el recorrido gana altura y conduce directamente hacia el pie del coloso de los Vosgos.
El puerto que decidirá la etapa
El Balón de Alsacia ofrece 8,9 kilómetros al 6,9 % de pendiente media y está catalogado como subida de primera categoría. Sus rampas mantienen una dureza constante, con algunos tramos al 7,5 % y sin descansos. La cima se encuentra a 29,9 kilómetros de Belfort, una distancia que abre el escenario para una escapada de los hombres más resistentes del pelotón y también para cualquier movimiento entre los candidatos a la general. La etapa acumula 2.400 metros de desnivel, con salida prevista a las 13.20 horas -11.20 GMT- y llegada a las 17.59 -15.59 GMT-.
Tras Belfort llegará una segunda jornada en los Vosgos con más alicientes montañosos, hijos de aquella apuesta que Desgrange lanzó hace más de un siglo. En la cima del Balón de Alsacia, una placa recuerda todavía a René Pottier, el pionero que subió en solitario y enseñó al Tour el camino de la montaña.