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El banco frente al psiquiátrico de Malmö

El banco frente al psiquiátrico de Malmö
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Ante el reto de envejecer sin red, tan negativa es una política basada en un modelo exclusivamente institucionalizado como suponer que hacerlo en casa es el único enfoque posible

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El banco frente al psiquiátrico de Malmö

Ante el reto de envejecer sin red, tan negativa es una política basada en un modelo exclusivamente institucionalizado como suponer que hacerlo en casa es el único enfoque posible

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Javier Yanguas Lezaun

Director científico del Programa de Personas Mayores de la Fundación La Caixa

27/09/2026 a las 09:56h.

Sydsvenskan es un diario de tradición liberal fundado en 1848 que se edita en el sur de Suecia, en la región de Escania; una referencia ... en Malmö y Lund. El pasado 22 de mayo publicó un artículo cuyo titular rezaba: «'Se sienta en un banco para no estar solo'».

Saluda a los transeúntes, a los vigilantes a los que ya conoce por su nombre, a los operarios del aparcamiento y a los trabajadores del hospital. Algunos empleados salen de vez en cuando para llevarle un café o un pastel. Sven ha construido alrededor de ese banco su red social, una pequeña geografía de relaciones: rostros conocidos, saludos, conversaciones breves, el cruce con personas que saben quién es y reparan en su ausencia.

En el verano de 2025, después de una década en lista de espera, a Sven le conceden finalmente una plaza en una residencia especializada. Por primera vez en varios años no ha pasado solo la Navidad. Cena acompañado, hay gente a su alrededor, puede escuchar voces detrás de la puerta de su habitación, encontrarse con alguien en un pasillo y saludarle, sentarse a comer con otras personas. Acontecimientos sin importancia, excepto para quien ha vivido demasiado tiempo solo. Cuenta a los periodistas que atraviesa una buena racha; les comenta, socarrón, que «el cadáver ha vuelto a la vida». Habla de sentirse seguro, de dormir otra vez por las noches. También de la necesidad que tenemos de los otros.

El artículo va desgranando historias de otras personas mayores de Malmö. Thomas tiene 76 años, lleva uno sin salir de su piso y se siente aislado. Josefa, de 92, quiere trasladarse a una residencia para tener más contacto humano. Berit –viuda de 96, abuela y bisabuela, sus amigos fallecieron– sigue sin nadie en su casa. Agneta tiene 97 y no quiere pasar sola los últimos años de su vida. A todos ellos les deniegan una plaza en una residencia.

Este jueves se conmemora el Día Mundial de las Personas Mayores. Cuando lleguemos a serlo, la mayoría de nosotros deseamos envejecer en casa, acompañados por los nuestros, dando y recibiendo apoyo de las personas con las que compartimos cotidianeidad. También que, en caso de necesitar ayuda, nos la ofrecieran en nuestro domicilio. Pero la realidad nos da cuenta de una versión complementaria: que, tanto en Suecia como en nuestro país, cada vez hay más convecinos que envejecen solos, sin red ni apoyo, sin nadie que los acompañe y sostenga. Personas para las que vivir en su domicilio, por los motivos que sean –no era este el caso de Maricarmen Abascal, la vecina de Madrid de 87 años que se ha resistido hasta el final al desahucio que ha sacudido el país–, puede suponer, en determinadas circunstancias, una condena a una vida aislada y solitaria.

Tres datos nos hablan sobre el reto de envejecer sin red. El primero, cerca del 25% de las generaciones del 'baby-boom' –14 millones de individuos nacidos entre 1957 y 1973– no han tenido hijos; es decir, 3,5 millones de personas llegarán a la vejez sin apoyo familiar. Segundo, según las estadísticas del INE, el porcentaje de ciudadanos que viven solos en nuestro país pasó del 1,9% en 1970 al 11,1% en 2024. Y un último apunte: la ratio familiar, que mide cuántas personas de 80 o más años hay por cada 100 de entre 45 y 64 (habitualmente los cuidadores tienen esa edad), pasará de aproximadamente 22 en la actualidad a 63 en 2050. En otras palabras: el número de personas cuidadoras potenciales, por cada mayor de 80 años va a disminuir drásticamente.

Somos una sociedad donde la familia es la base del cuidado. ¿Qué pasará con las personas que no tienen familia o que la tienen pero vive lejos? ¿Es bueno pensar solo en políticas para envejecer y recibir cuidados en el hogar o necesitamos una mirada más amplia y compleja? Porque los casos de Sven, Thomas, Josefa, Agneta o Berit no solo existen en Malmö: los podemos encontrar en Donostia, A Coruña, Valencia, Málaga, Valladolid, Madrid o Barcelona. Todas estas personas nos cuentan que, además de las tan necesarias políticas para impulsar los cuidados en la comunidad, necesitamos no olvidar que nuestras casas también pueden ser lugares en los que vivir aislados y solos acabe suponiendo una condena en vida. Y, al contrario, recursos donde convivir con otras personas (incluidas las residencias) se conviertan en una bendición. Ya lo decía Borges: «Todo puede ser agua del paraíso o cráter del infierno».

Necesitamos comprender que la heterogeneidad de la vejez exige una respuesta diversa y amplia. Que tan negativa es una política basada en un modelo exclusivamente institucionalizado como suponer que el envejecer en casa es el único enfoque posible. A pesar de vivir hoy en una residencia, Sven continúa levantándose temprano para acudir al banco frente al psiquiátrico de Malmö donde encuentra a su gente, se siente reconocido y le llaman por su nombre. Berit, en cambio, sigue viviendo sola en su piso a los 96 años. Dice que ha perdido la esperanza de conseguir una plaza en residencia. Sigue echando de menos hablar con alguien, comer acompañada, formar parte de un grupo, compartir su vida con otros. Y también le da mucho miedo morir sola.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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