- ANDRÉS STUMPF Bruselas
Un 70% del Consejo de Gobierno ha apoyado ya públicamente el alza de 25 puntos básicos en el precio del dinero, hasta el 2%.
El Banco Central Europeo (BCE) ha agotado su paciencia para mirar desde la barrera el impacto económico de la guerra de Irán y del cierre del estrecho de Ormuz. La crisis energética derivada de este conflicto golpea ya la inflación de la zona euro y la autoridad monetaria tomará cartas en el asunto elevando esta semana los tipos de interés en 25 puntos básicos, hasta el 2,25%.
La institución que preside Christine Lagarde lleva tiempo anticipando este movimiento. Aunque dejó pasar las reuniones de marzo y de abril apelando a la "buena posición" en la que se encontraban los tipos de interés, la guerra dura ya lo suficiente como para considerar que es necesario actuar. Con su movimiento, el BCE afrontará la primera alza en los tipos de interés desde septiembre de 2023, hace ya casi tres años.
"Endurecer la política monetaria es inevitable. Ha sido parte de nuestro escenario base desde marzo y, lamentablemente, la evolución de los acontecimientos no nos ha sorprendido positivamente", explica Peter Kaimír, gobernador del Banco Nacional de Eslovaquia.
Apoyo
Cualquier cosa que no sea una subida del precio del dinero esta semana sería una absoluta sorpresa. Alrededor de un 70% de los 27 miembros que conforman el Consejo de Gobierno del BCE se han pronunciado a favor del endurecimiento de las tasas en esta reunión y el resto simplemente ha mantenido un mensaje ambiguo.
Tanto es así que una parte relevante del órgano de decisión de la autoridad monetaria ya apostaba por elevar los tipos en la pasada reunión, aunque finalmente se les convenció de esperar un poco más.
"Las perspectivas parecen indicar que es necesario recalibrar la política monetaria para contrarrestar los riesgos de tensiones inflacionarias persistentes", reconoce Fabio Panetta, gobernador del Banco de Italia y uno de los miembros más representativos del ala más cauta del BCE, también conocidos como palomas. En la misma línea se pronuncia Yannis Stournaras, gobernador del Banco de Grecia y también adscrito a este grupo de palomas monetarias, que indica: "Por la credibilidad del BCE y de la función de cómo reaccionamos ante los cambios en la inflación, es probable que subamos los tipos de interés en junio".
El BCE quiere evitar llegar tarde, como entiende que ocurrió en el último episodio inflacionario hace ya cinco años. Por ese motivo, y a falta de avances relevantes en las negociaciones de paz en la región, actuará ahora aunque la preocupación no está tanto en los datos actuales, como en la posibilidad de que los precios se descontrolen en el medio plazo.
"El riesgo de que las expectativas de inflación se desanclen [al alza respecto al objetivo del 2% del BCE] está aumentando", indica Isabel Schnabel, miembro del Comité Ejecutivo del BCE y considerada máxima representante del ala dura de la institución monetaria, los llamados halcones.
Dudas sobre la segunda alza
Pero más allá de que la subida de los tipos de interés de esta semana esté prácticamente grabada en piedra, todos los focos estarán pendientes de las señales que pueda mandar Lagarde en su rueda de prensa respecto a futuros movimientos. Porque aunque todavía no existe consenso sobre las decisiones a tomar en las próximas reuniones, es extraordinariamente raro que la autoridad monetaria realice una subida de los tipos de interés que no vaya acompañada de nuevos ajustes.
"Después del primer movimiento, tendremos que recopilar más datos y no vernos forzados por la necesidad de actuar de nuevo inmediatamente. Creo que es más probable que veamos una segunda subida de tipos que no, pero no estoy en posición de decir si será en julio, en septiembre o en octubre", indicó Gediminas Simkus, presidente del Banco de Lituania, en una entrevista reciente.
Solo en 2011, en el famoso momento Trichet, se ejecutó una subida de tipos que rápidamente se revirtió con la llegada de Mario Draghi a la presidencia. En ese momento, aquella alza se consideró un error monetario que los miembros del Consejo de Gobierno están convencidos de que no están repitiendo en la actualidad, aunque algunos analistas, como los de Bank of America, han dado la voz de alarma.
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