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El debate en el Consejo de Gobierno del BCE se centra en pasar a la restricción monetaria tras dejar los tipos en el 2,5% en la última cumbre monetaria.
El Banco Central Europeo (BCE) está cómodo con su actual ciclo de normalización monetaria. Diferentes fuentes cercanas al órgano de decisión de la institución con sede en Fráncfort explican a EXPANSIÓN que descartan pisar el acelerador y que la posibilidad de elevar los tipos de interés con movimientos más contundentes, como subidas de 50 puntos básicos, es algo que "no aparece en el horizonte cercano".
Pese a que la inflación se ha recrudecido a causa de la persistencia del cierre del estrecho de Ormuz por la guerra en Irán, los diferentes miembros del BCE consideran que pueden ir paso a paso en su endurecimiento monetario sin pasar a una etapa de movimientos "más contundentes y persistentes". A su juicio, la revisión al alza de las proyecciones de inflación no cambia el hecho de que las expectativas de las empresas y las familias sigan ancladas.
Además, aunque la inflación no volverá al objetivo del 2% hasta finales del próximo año, lo cierto es que el shock está siendo menos duro de lo esperado salvo en el terreno de la energía. La propia presidenta del banco central, Christine Lagarde, ha reconocido estar sorprendida por lo poco que ha calado el golpe inflacionista en aspectos como los alimentos y los salarios, conteniendo por el momento cualquier efecto de segunda ronda.
"No es una situación como la vivida en 2022, porque partimos de una situación de política monetaria muy diferente y las expectativas a largo plazo permanecen ancladas porque el BCE ya ha demostrado su voluntad de hacer todo lo necesario para recuperar la estabilidad de precios", aseguran estas fuentes, al tiempo que sí defienden que "lo que parece que se está materializando es la expectativa de tipos más altos durante más tiempo".
El BCE fijó hace algo menos de tres semanas el precio del dinero en el 2,5%, la cota más elevada desde marzo de 2025, pero todavía a 150 puntos básicos de los niveles récord alcanzados en 2023. A esa cota se llegó con alzas consecutivas que incluso llegaron a ser de 75 puntos básicos, pero entonces la inflación también había entrado en una espiral mucho más peligrosa, al elevarse por encima del 10%.
"Ni siquiera se ha discutido la posibilidad de pasar a decisiones más contundentes en lo que respecta a los tipos de interés", indican estas mismas fuentes, que sostienen que el debate está en la necesidad de seguir ajustando o no la política monetaria, pero nadie considera que haga falta subir las tasas de 50 en 50 puntos básicos.
Restricción monetaria
En el debate en Fráncfort, lo que más está sobre la mesa es la posibilidad de seguir subiendo los tipos de interés y, con ello, entrar en una etapa de restricción monetaria como la que se produce cuando las condiciones de financiación son lo suficientemente duras como para lastrar el crecimiento. Se estima que una o dos subidas más de las tasas ya harían al BCE entrar en esa nueva etapa monetaria incluso en los cálculos de los banqueros centrales más conservadores, algo casi inevitable.
Ni siquiera los miembros más cautos del Consejo de Gobierno se atreven a afirmar a día de hoy que las subidas de los tipos de interés han llegado ya a su fin. Aunque las decisiones se seguirán tomando reunión a reunión por el grado de incertidumbre derivado del shock geopolítico, hay banqueros centrales que anticipan que diciembre puede ser un buen momento para volver a subir los tipos de interés y que incluso la decisión de la reunión de octubre está más abierta de lo que lo han estado las últimas cumbres.
"Si uno mira los escenarios de las proyecciones de inflación de marzo, el punto en el que nos encontramos ahora se acerca mucho a las expectativas más sombrías", apuntan fuentes cercanas al BCE.
En definitiva, la autoridad monetaria se inclina en este momento por subidas calibradas de los tipos de interés llevando a cabo un número de alzas mayor que el que contemplaba hace unos meses, pero sin la presión de tener que acelerar el proceso. Las subidas más contundentes se entienden como un as que el BCE siempre puede sacar de su manga, aunque en este punto valora que lanzarían un mensaje de tensión poco conveniente y con más contras que pros.
Además, la institución que preside Lagarde cuenta, en esta ocasión, con la ventaja del primer movimiento. A diferencia de en el pasado, cuando muchos expertos consideraron que llegó tarde a las subidas de los tipos de interés, en este ciclo ya acumula dos alzas del precio del dinero frente al inmovilismo del resto de grandes bancos centrales.
De hecho, la subida de tipos anunciada la semana pasada por la Reserva Federal de Estados Unidos calma una creciente inquietud con la que Fráncfort había comenzado a mirar a Washington. Según señalan fuentes monetarias, el endurecimiento por parte de la Fed, aunque tendrá efectos negativos sobre el crecimiento global por la importancia del dólar, debe convertirse en un factor relevante a la hora de contener la inflación importada.
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