- ANDRÉS STUMPF Bruselas
- El BCE admite que la guerra restará crecimiento y presionará los precios
- La guerra en Irán enfría las expectativas de recortes de tipos
La guerra en Oriente Próximo ha convertido una reunión de política monetaria inicialmente intrascendente en el centro de todos los focos. El nuevo conflicto geopolítico en Irán ha devuelto a la primera plana al Banco Central Europeo (BCE), al que los inversores aprietan para que vuelva a subir los tipos.
La Unión Europea sufre un nuevo shock energético, con los precios del petróleo elevándose un 27% y los del gas haciéndolo más de un 50%. En ese contexto, y ante la posibilidad de que acabe calando en la inflación, los futuros sobre el precio del dinero descuentan un alza de 25 puntos básicos en junio y otra equivalente en algún momento de la segunda mitad del ejercicio. Con ello, las tasas se elevarían hasta el 2,5% desde el 2% actual.
Sin embargo, por el momento, los miembros del Consejo de Gobierno optan por la cautela y, salvo sorpresa, dejarán los tipos de interés sin cambios en la próxima cita que celebrarán mañana. En esa nueva cumbre, el banco central realizará un elaborado ejercicio de análisis para la publicación de sus nuevas proyecciones macroeconómicas, especialmente sensibles dada la enorme incertidumbre.
Los banqueros centrales volverán a recurrir a la fórmula de diseñar diferentes escenarios en función de la evolución potencial del conflicto y será ahí donde puedan entreverse sus potenciales movimientos. Porque, aunque se llama a la calma, a partir de la cita de marzo todo queda absolutamente abierto.
"Diría que la reacción del BCE está potencialmente más cerca de lo que muchos creen", declaró Peter Kaimír, gobernador del Banco de Eslovaquia, quien indicó: "No quiero especular sobre abril o junio. Pero estaremos listos para actuar si es necesario".
Si bien es cierto que el eslovaco es considerado un halcón de la política monetaria afín a tipos de interés elevados, su discurso, aunque con matices, es compartido por una mayoría de los miembros que conforman el Consejo de Gobierno. Por ejemplo, François Villeroy de Galhau, gobernador del Banco de Francia, aseguró que el BCE no debe subir los tipos de interés en esta reunión, pero que "no dejará que la inflación se instale en la zona euro".
En la misma línea se pronunció Joachim Nagel, presidente del Bundesbank. "Actuaremos de forma decisiva en el momento oportuno", aseguró.
Trauma del pasado
Los banqueros centrales que conforman el Consejo de Gobierno del BCE son conscientes de que la guerra en Irán es un nuevo shock exógeno y que, tradicionalmente, el manual de la política monetaria dicta no actuar sobre él. Sin embargo, como ya ocurriera en el caso de la invasión de Rusia a Ucrania, el principal temor es que las expectativas de inflación a medio plazo, fijadas en el objetivo del 2% del BCE, queden desancladas.
"Haremos todo lo necesario para mantener la inflación bajo control y garantizar que los europeos no experimenten aumentos de inflación como los que vimos en 2022 y 2023", señaló Christine Lagarde, presidenta del BCE.
La institución no quiere que se repita la situación vivida hace unos años cuando el crecimiento de los precios escaló por encima del 10% después de que la autoridad monetaria tardara hasta seis meses en comenzar a subir sus tasas desde niveles mínimos históricos. Aunque parte de una situación mucho más controlada, con tasas en positivo y una inflación por debajo del objetivo del 2%, la sensación generalizada es que la herida todavía está muy reciente y puede afectar a como la economía responde esta vez.
"Las empresas todavía recuerdan los años de alta inflación y probablemente trasladarán más rápido el incremento de los costes a los consumidores que en el pasado. También los trabajadores pedirán antes subidas salariales", advirtió Kaimír.
La propia autoridad monetaria actualizó el pasado verano su estrategia para recoger un plan de choque para los grandes shocks inflacionistas. En casos en los que el crecimiento de los precios se acelera de forma salvaje y amenace las expectativas de inflación, los banqueros centrales entendieron que deben actuar con contundencia pues puede acabar convirtiéndose en un problema independientemente de su origen.
"Si surgen preocupaciones de que este shock comienza a enraizarse y a elevar las expectativas de inflación, será necesario que intervengamos subiendo los tipos de interés", afirmó a su vez Martins Kazaks, gobernador del Banco de Letonia.
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