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Economía

El bucle de las elecciones en Castilla-León, con el gasoil a más de dos euros

El bucle de las elecciones en Castilla-León, con el gasoil a más de dos euros
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OPINIÓNEl bucle de las elecciones en Castilla-León, con el gasoil a más de dos euros
  • IÑAKI GARAY
13 MAR. 2026 - 23:43El candidato de Vox a la Presidencia de la Junta de Castilla y León, Carlos Pollán; el candidato del PP a la Presidencia de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco y el candidato del PSOE a la Presidencia de la Junta de Castilla y León, Carlos Martínez, durante el segundo debate para las elecciones autonómicas en Castilla y León.Photogenic/Claudia AlbaEuropa Press

La política española se está convirtiendo en un ejercicio costumbrista. Un universo de rutinas que conduce a los ciudadanos al tedio.

El Partido Popular gana las elecciones en casi todos las comunidades autónomas aupado por el desgaste de un socialismo que se está convirtiendo en irrelevante por su deriva histriónica alejada de sus principios, pero necesita a Vox para gobernar.

El Partido Socialista se desangra en cada territorio, mientras se aferra en España a una aritmética con la que es incapaz de gobernar.

Vox eleva su peso e influencia, siempre muy lejos de ser alternativa, en una coyuntura de ira y resignación, pero, como aspira a seguir creciendo en la negación, el cabreo y la hipérbole, en vez de colaborar para formar gobierno se dedica a molestar, lo que le da resuello a Sánchez. Y el resto de la izquierda se cuece en la irrealidad en la que siempre habitó, más patente desde que forma parte de ese Gobierno que se define de progreso, pero que muchos ciudadanos, cada vez más, perciben como de retroceso.

Sus representantes se extrañan del poco tirón que tiene hablar en pleno siglo XXI de salir de la OTAN, cuestionar una y otra vez la propiedad privada en la vivienda o en las empresas, o alinearte con regímenes delirantes y totalitarios solo para negar a la sociedad en la que vives y te expresas, con la única intención de destruir el modelo. Achacan esta deriva conservadora del votante al poder de los medios, a los elfos, al capital e incluso a la Iglesia, a la que responsabilizan de haber creado el virus del odio en una sacristía. En lo que no reparan es que lo peor que tolera ya el ciudadano medio es a los insensatos. Y ellos, después de años con capacidad para legislar y ejecutar, rezuman insensatez como si fueran un botijo en la plaza de Candeleda en mitad de agosto.

En esta coyuntura, con un conflicto mundial que asusta y con el gasoil a más de dos euros, es muy probable que las elecciones de este fin de semana en Castilla y León no vayan a hacer tañer las campanas. Los castellano-leoneses, con un sector industrial potente, aman la estabilidad política como un factor para reforzar su competitividad y no se esperan sorpresas. El carácter racional y reflexivo de los ciudadanos de esta tierra no es un mito. Los resultados se ceñirán al guión descrito en este bucle, que posiblemente no se romperá hasta que haya un cambio de régimen en el Gobierno central.

Castilla-León es un territorio en el que en la inmensa mayoría de las ocasiones el Partido Popular se ha llevado el gato al agua. Salvo en un momento, en los inicios de la restauración democrática entre 1983 y 1987, que gobernó el socialista Demetrio Madrid, y otro en 2019, donde el también socialista Luis Tudanca ganó las elecciones, pero no consiguió gobernar por el pacto entre PP y Ciudadanos, los populares siempre han impuesto su poder territorial, incluso con mayorías absolutas.

Si no hay sorpresa mayúscula, los dos grandes partidos, PP y PSOE, van a prevalecer en esta ocasión con sus carencias. El primero mermado por la presión de Vox y el segundo capitidisminuido por la carga existencial que supone cargar con los pecados de un líder que ha debilitado, con sus concesiones al nacionalismo, el discurso y la credibilidad en todos los territorios, salvo en Cataluña.

No está previsto que Alfonso Fernández Mañueco alcance la mayoría absoluta y tendrá que vérselas con ese Vox irredento que representa Carlos Pollán, mientras que el candidato socialista, Carlos Martínez, aspira de nuevo a ser el convidado de piedra en este fondo de saco en el que se ha convertido la política española. Y el discurso del PSOE volverá a ser el puro antagonismo de Luis Aragonés. Nada de ganar, ganar y volver a ganar, sino perder, perder y volver a perder, pero sin dramas ni autocrítica.

El domingo por la noche y el lunes por la mañana, caben muchas probabilidades de que Ferraz se refugie detrás del hodio y al lado del Estrecho de Ormuz. Y también es posible que los populares recurran a un entusiasmo forzado para exhibir una victoria que probablemente no les satisfaga en su fuero interno. Y Vox quizá pueda presumir de que sigue sumando. El poco entusiasmo con el que afrontan estas elecciones es que nadie quiere aventurarse a elevar las expectativas para no correr el riesgo de defraudarlas. Como si mañana Armand Mondo Duplantis colocara el listón en 5,31, un metro por debajo de su récord mundial de pértiga.

Iñaki Garay. Director adjunto de Expansión

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Fuente original: Leer en Expansión
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