Decía Borges, que "la más indiscutible virtud de Kafka es la invención de situaciones intolerables". A él le tocó vivir unas cuantas, pero también habría encontrado un filón en la España actual.
Millones de compatriotas con valores democráticos podemos ponernos en la piel del protagonista del brevísimo cuento de Kafka, titulado El Buitre. El argentino lo eligió por algo como apertura de la "colección de lecturas fantásticas", dentro de su Biblioteca de Babel.
"Érase un buitre que me daba picotazos en los pies. Ya había desgarrado los zapatos y las medias y ahora me picoteaba los pies. Siempre atacaba primero, volaba luego en círculos, inquieto, alrededor, y luego proseguía la obra".
Unos sintieron el primer picotazo hace ocho años con los pactos con Bildu y los golpistas; otros, hace siete con el "gobierno del insomnio"; otros, hace seis con el "sólo sí es sí"; otros, hace cinco con la ley trans"; otros, hace cuatro con los indultos y la reforma de la sedición; otros, hace tres con la amnistía; otros hace dos con Ábalos, Koldo, Begoña o el hermanísimo; y los más rezagados, hace uno con Cerdán, la Fontanera, el Fiscal General, los ataques a los jueces o la colonización de las instituciones.
Este verano, a raíz de la complicidad activa o pasiva del presidente Sánchez en la invasión de Ceuta, todos notamos que lo que desgarraba el buitre ya no era el ropaje o los zapatos sobre los que camina el sistema, sino la propia carne de nuestra integridad nacional.
Ese está siendo el efecto de Ceuta porque la invasión es una metáfora de cuanto nos está sucediendo. Nos jugamos todos los valores de la convivencia democrática.
Al mundo entero le llamó la atención, como le ocurrió a un viandante en el cuento de Kafka:
"Pasó un señor, nos miró un rato y me preguntó por qué toleraba yo al buitre".
El viandante hizo esa pregunta con la misma mezcla de perplejidad e indignación con la que Ayuso, brillante y vibrante como pocas veces, nos interpeló en "Horizonte" con sus cinco "nos estamos acostumbrando".
¿Por qué "te acostumbras a que la mano derecha de Sánchez esté en prisión"?
¿Por qué "te acostumbras a que la mujer del presidente haya hecho negocios aprovechándose de su condición"?
¿Por qué "te acostumbras a que el número tres, pendiente de juicio, esté deambulando por Buenos Aires para hacer con la ley de nietos no se sabe qué"?
¿Por qué "te acostumbras a la corrupción"?
¿Por qué "te acostumbras a la decadencia"?
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El sueño final de Sánchez: un alcalde musulmán para Madrid. Javier Muñoz
Los más conformistas dirán que no es para tanto, que España ha seguido siendo un buen país para ganar dinero, que la economía y el empleo crecen, que todos tenemos descontados unos cuantos picotazos fiscales, que siempre ha habido buitres de todos los pelajes y que, de Trump a Putin, últimamente proliferan por doquier.
Los más críticos alegarán que ellos ya venían advirtiéndolo, pero que Sánchez ha ido de mal en peor, que nunca imaginaron lo del "muro", lo de cuatro años sin presupuesto, lo de gobernar "sin" el parlamento... Y que por eso hace ya tiempo que vienen planteando, entre mordedura y mordedura, qué más tiene qué pasar para que la sociedad reaccione, para que "el que pueda hacer haga".
La respuesta más sincera es la del atormentado héroe de Kafka:
"Estoy indefenso. Vino y empezó a picotearme. Yo lo quise espantar, y hasta pensé retorcerle el pescuezo; pero estos animales son muy fuertes y quiso saltarme a la cara. Preferí sacrificar los pies: ahora están casi hechos pedazos".
O sea que hubiera sido ingenuo plantar cara desde el primer momento al entusiasmo fruto de las primarias del Peugeot y la moción de censura. Que merecía la pena transigir un poco ante la autodenominada "coalición progresista" para salvar lo principal. Y que cuando nos dimos cuenta de que el apaciguamiento sólo servía para envalentonar al agresor, ya estábamos gravemente heridos.
Pero estas excusas soslayan la docilidad ambiental que permite avanzar a las autocracias.
En el prólogo a esas "lecturas fantásticas", Borges cita otro aforismo de Kafka que puede parecer desolador. Es el de los leopardos que asaltan el templo para beberse el vino de la misa y cuando empiezan a hacerlo recurrentemente, el sacerdote y la congregación incorporan su irrupción a la liturgia.
Borges dice que en la obra de Kafka la condición humana se encapsula en el "homus domesticus". Lo define como un hombre "ganoso de un lugar, siquiera humildísimo en un Orden cualquiera; en el universo, en un ministerio, en un asilo de lunáticos".
Ese "homo domesticus" prolifera entre nosotros como carne de cañón, a medida que los programas de 'info—entontecimiento' de la televisión pública y la manipulación de la principal cadena de radio van inoculando las mentiras y el odio al servicio del Gran Buitre.
Son la parte inerme, yerta, exánime del cuerpo social, esos atunes bobalicones que entre fanáticos y aprovechados siguen bailándole el agua en España al victimismo pisistrático de Sánchez.
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Sólo cuando el dolor de la carne perforada llega a los centros nerviosos del cerebro, el resto de la sociedad reacciona, sacando fuerzas de flaqueza a través del pensamiento crítico, los tribunales, la prensa independiente y la oposición política.
Ese está siendo el efecto de Ceuta porque la invasión es una metáfora de cuanto nos está sucediendo. No sólo porque, como certeramente ha dicho Garamendi, allí están en marcha "80.000 deshaucios", sino porque nos jugamos todos los valores de la convivencia democrática, basada en la integridad territorial, la razón y las leyes.
Si se nos comen por los pies, quienes quieren destruir el régimen del 78 pronto se irán apoderando del resto del cuerpo.
A Ceuta acudirán los Reyes. En auxilio del conjunto de los españoles llegarán las urnas.
El diálogo entre el malherido por el buitre y el viandante dispuesto a socorrerle parece extraído de mi insistente receta de que los problemas engendrados por la democracia los resuelve la democracia:
"No se deje atormentar —dijo el señor—, un tiro y el buitre se acabó".
"¿Le parece? —pregunté— ¿quiere encargarse del asunto?"
"Encantado —dijo el señor—; no tengo más que ir a casa a buscar el fusil. ¿Puede usted esperar media hora más?"
"No sé —le respondí— y por un instante me quedé rígido de dolor. Después añadí: por favor, inténtelo en todo caso.
"Bueno —dijo el señor—, me daré prisa".
Aunque en el penúltimo pleno del Congreso Ana Vázquez exhibiera su espray con gas pimienta y en el último Pisarello describiera a los diputados de PP, Vox y Junts como "la mano que aprieta el gatillo de los rentistas", aquí no puede haber más "fusil" que los comicios ni más "tiro" que el escrutinio electoral.
El buitre de Kafka como el presidente del Gobierno de un régimen constitucional tenía muchas ventajas sobre su víctima: el pico del BOE para perforar, los medios afines para revolotear y sobre todo —atención— el control de los tiempos.
El microrelato que tanto fascinó a Borges aboca a un fulminante desenlace. Es la derivada de la conversación entre el prisionero "rígido de dolor" que dudaba si lograría "esperar media hora más" y el portavoz del Séptimo de Caballería que prometía acudir al rescate.
Sintámoslo como un truculento aviso.
"El buitre había escuchado tranquilamente nuestro diálogo y había dejado errar la mirada entre el señor y yo. Ahora vi que había comprendido todo: voló un poco, retrocedió para lograr el ímpetu necesario y como un atleta que arroja la jabalina, encajó el pico en mi boca, profundamente".
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El buitre había decidido precipitar los acontecimientos al percibir que su víctima había encontrado un aliado que alteraba la correlación de fuerzas y que cualquier dilación ya sólo redundaría en su contra.
Por eso es tan altamente probable que Sánchez disuelva mañana las cámaras y convoque abruptamente las elecciones para el 29 de noviembre.
Eso significa alterar sus planes, asumir la humillación de no llegar a la Tierra Prometida del 27 y quedarse sin poder escenificar la farsa de "los Presupuestos más sociales de la historia bloqueados por la derecha".
Pero ese "Mac Guffin" ya está desactivado desde el viernes. No queda ningún margen para el suspense, pues es obvio que quien te ha rechazado lo menos —los decretos de vivienda— no te apoyará en lo más —las primeras cuentas generales de la legislatura—.
Game over. Alea jacta est.
Lo que le queda ahora es descender de las colinas que rodean el Lago Trasimeno y abalanzarse sobre las legiones de Cayo Flaminio, como hizo Aníbal. Cruzar de noche el Delaware y atacar por la espalda a las tropas hessianas, como hizo Washington. Lanzar el "Tora!, Tora!, Tora!" y caer en picado sobre Pearl Harbor, como hicieron los kamikaze del almirante Tojo.
Además de una ventana de oportunidad, —mientras la oposición recibe los refuerzos de la movilización social en torno a su programa—, Sánchez cree haberse encontrado de repente con una gran baza inesperada.
Sánchez ha encontrado su arma arrojadiza. Como el buitre, ha encontrado la "jabalina" que convertirá su pico en un ariete capaz de perforar y desgarrar las entrañas de su oponente.
Por patético que parezca, esa jabalina se llama "Maricarmen" o para ser más exactos congelación de alquileres.
Sánchez ha encontrado su arma arrojadiza. Ha encontrado la "jabalina" que convertirá su pico en un ariete capaz de perforar las entrañas de su oponente. Esa jabalina se llama Maricarmen.
El punto de partida es claro: en España hay diez millones que viven de alquiler y sólo dos millones y medio con más de una vivienda. Son los "rentistas", los "acaparadores" de la Revolución Francesa a los que "indignados" como los de Sol —los "sans culottes enragés"— colgaban de la farola de la Plaza de la Greve, cuando no les tocaba cercar la sede de la Convención.
El problema de Sánchez es que ocho años después de su llegada al poder en España falta casi un millón de viviendas porque en algún sitio tenían que vivir todos esos turistas y migrantes de los que tanto alardea.
El problema de Sánchez es que prometió construir más de 200.000 "viviendas asequibles" y no ha entregado ni la cuarta parte.
El problema de Sánchez es que clama contra los fondos a los que llama "buitres" pero se está mirando al espejo porque fue él quien los ha animado una y otra vez a invertir en España.
El problema de Sánchez es que considera intolerable un desahucio de fuerte impacto mediático y ha permanecido impávido en la Moncloa mientras se han practicado más de 270.000.
El problema de Sánchez es que ha asumido una ley de vivienda tan grata para Bildu y Podemos como lesiva para el derecho de propiedad y allí donde se ha aplicado —sobre todo en Cataluña— han disminuido los pisos en alquiler, han subido los precios y se han multiplicado los desahucios.
En materia de vivienda, Sánchez pretende concurrir como un Robespierre justiciero cuando no ha sido sino un Luis XVI abúlico.
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De ahí que necesite desencadenar una súbita "blitzkrieg" en la que el CIS le prepare el campo, sus esbirros mediáticos bombardeen a fondo y la infantería de la calle amedrente al personal.
Para que las emociones y los clichés ideológicos desentierren los rencores y la izquierda se movilice con el cuchillo de la polarización entre los dientes. Para que los sumarios judiciales queden bloqueados y la rendición de cuentas sepultada en una oleada de demagogia y violencia retórica.
El buitre ha cogido la oportunidad al vuelo y muy pronto se abalanzará, jabalina en ristre, sobre todos nosotros.
Sabe que su principal oportunidad es la de morir matando. Perder la Moncloa, pero dejar una España tan fracturada y tensionada como para legar un incendio social a quien le suceda y aguardar él atrincherado en su régimen de renta antigua de Ferraz.
El problema de Sánchez es que considera intolerable un desahucio de fuerte impacto mediático y ha permanecido impávido en la Moncloa mientras se han practicado más de 270.000.
El desenlace del cuento de Kafka es más contundente:
"Al caer de espaldas sentí como una liberación, [el buitre] se ahogaba irremediablemente en mi sangre, sangre que colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas".
¿Tendrá que seguir agonizando España para que Sánchez muera políticamente? ¿Solo podremos librarnos de él entre estertores colectivos?
Ese es su escenario, pero la democracia también permite enmendar a Kafka. Bastaría que las urnas sirvieran de escudo antimisiles, capaz de interceptar la jabalina, y de jaula hermética, capaz de encerrar al buitre en unos muy malos resultados.
Por eso si las elecciones son el 29 de noviembre y el 'homo ludens' empeñado en defender la libertad le gana la batalla al 'homo domesticus' conforme con su esclavitud, mi carta a los Reyes Magos incluirá la 'erimisión' de Sánchez al picacho más remoto que habiten los de su género.
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