Donald Trump llega a un almuerzo del Rose Garden Club en la Casa Blanca, en Washington D. C. Evan Vucci Reuters
EEUU El caos de los festejos del 4 de julio en EEUU hace temer a los aliados de la OTAN un Trump más frustrado y erráticoTrump aterriza este martes en Ankara tras una semana de fastos, mítines y una bronca con la FIFA. Sus aliados, que lo necesitan para pactar sobre gasto, Ucrania e Irán, temen que llegue más irritable que negociador.
Más información:El 4 de julio más aciago para Trump en la Casa Blanca: sin acuerdo con Irán, con la capital en obras y los sondeos en contra
Guillermo Ortiz Publicada 7 julio 2026 02:47h Las clavesLas claves Generado con IA
Donald Trump salió la pasada madrugada de la Casa Blanca rumbo a Ankara, donde el martes y el miércoles se celebra la 36ª cumbre de la OTAN en el imponente complejo presidencial de Beştepe y bajo la batuta del secretario general, Mark Rutte.
Será un viaje relámpago: se le espera de vuelta en Washington el miércoles por la noche, después de una rueda de prensa y de sendas reuniones bilaterales con Recep Tayyip Erdoğan, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y el líder sirio Ahmed al-Sharaa.
Lo revelador, sin embargo, no es el calendario, sino el motivo de fondo que él mismo ha apuntado para su presencia: acude, ha dicho, prácticamente como un favor personal a Erdoğan, porque este “lo llamó y lo invitó”.
Trump vuelve a mofarse de Meloni y pide una "orden de alejamiento" antes de coincidir en la cumbre de la OTANQue la presencia del principal socio de la Alianza dependa de una llamada amistosa ya dice mucho del terreno que pisan sus aliados. Y eso que de la cumbre se espera, sobre el papel, una demostración de unidad.
Rutte ha fijado tres prioridades —elevar la inversión en defensa, disparar la producción industrial militar y apoyar a Ucrania— y las ha envuelto en una etiqueta ambiciosa: la “OTAN 3.0”.
El proyecto de Rutte promete contratos por “decenas de miles de millones” y una “revolución industrial” de la defensa que él mismo ha bautizado, para halagar al invitado, como “el billón de Trump”.
El borrador de la declaración final, ya pactado por los embajadores, reafirma el compromiso “inquebrantable” con el artículo 5, compromete unos 70.000 millones de euros en ayuda a Ucrania para 2026 y describe a Rusia como una “amenaza a largo plazo”.
Al mismo tiempo, exige que Irán no tenga jamás un arma nuclear y que respete la libre navegación por Ormuz.
Fuegos artificiales, drones y rayos: Trump ensalza el poder de EEUU en el 250 aniversario de su IndependenciaEl embajador estadounidense ante la Alianza, Matt Whitaker, ya ha adelantado que la cita servirá para medir quién está dispuesto a cumplir el objetivo del 5% del PIB pactado en La Haya. Los más aplicados tendrán “premios” —más trato presidencial y prioridad en las compras de armas— y los rezagados quedarán bajo aviso.
Entretanto, Turquía ha aprovechado la ocasión para blindar su capital con una prohibición de manifestaciones que se extiende hasta el 10 de julio, ha maquillado fachadas y ha ocultado edificios ruinosos tras enormes lonas, además de detener a cientos de personas entre activistas, abogados o periodistas.
Las organizaciones de derechos humanos leen este despliegue no tanto como una cuestión de seguridad sino como una purga política de Erdoğan a cuenta del acontecimiento.
En este contexto, más de un diplomático confiesa en privado que la cumbre está coreografiada como un homenaje al presidente estadounidense —el año pasado, en La Haya, Rutte llegó a llamarlo “papá”—, hasta el punto de que el listón del éxito se ha rebajado a algo tan elemental como que Trump no la haga saltar por los aires.
80 años y una semana maratoniana
De ahí que buena parte del nerviosismo europeo no gire tanto en torno a lo que se firmará como en torno a en qué estado llegará quien debe firmarlo.
Trump, que cumplió ochenta años a mediados de junio, aterriza en Ankara al final de una semana extenuante de inauguraciones, fuegos y mítines, rematada por la larguísima velada del sábado en el National Mall, un discurso interminable bajo una cúpula de calor de más de cuarenta grados.
El 4 de julio más aciago para Trump en la Casa Blanca: sin acuerdo con Irán, con la capital en obras y los sondeos en contraSi a todo eso le sumamos un cruce continuo de llamadas diplomáticas y un larguísimo viaje transatlántico, la agenda basta para rendir a cualquiera, y más a un octogenario que no ha bajado el ritmo en días.
No es, de hecho, un temor que se inventen los cronistas: un alto diplomático europeo ha confesado su miedo a que Trump aterrice exhausto e irritado tras una semana que incluyó un regreso del monte Rushmore a las tres y media de la madrugada del sábado, apenas unas horas antes de subirse al escenario del Mall.
Ahora bien, lo que de verdad inquieta a los aliados no es el cansancio físico, sino el tono.
El propio 4 de julio funcionó como un anticipo: en lugar del discurso unificador que la tradición reserva a esa fecha, Trump aprovechó el Rushmore para pintar un panorama sombrío, agitar el fantasma de una “amenaza comunista” en su propio país y difundir un vídeo con su rostro tallado en la montaña, junto a los de Abraham Lincoln, Theodore Roosevelt, George Washington y Thomas Jefferson.
Esa deriva combativa, más centrada en el agravio que en la concordia, es exactamente la que los socios temen ver en Ankara: un Trump que celebra su país a golpe de rencor difícilmente se sentará a negociar con la sangre fría que la ocasión reclama.
Y menos mal que la FIFA de Gianni Infantino aceptó retirar la sanción de un partido a Folarin Balogun, el delantero estadounidense. De lo contrario, el humor de Trump sería aún más de temer, aunque, en cualquier caso, que un jefe de Estado camino de Ankara tenga la cabeza en una revisión del VAR ilustra hasta qué punto hablamos de un líder gobernado por el impulso y la ofensa personal.
Ucrania, el examen
Y el problema es que, en Ankara, no hay margen para la improvisación en el asunto más grave: Ucrania. Los aliados llegan con la voluntad de “blindar” el apoyo a Kiev frente a los vaivenes de Washington, y la declaración contempla una inversión de 70.000 millones de dólares para 2026 y una cifra “al menos equivalente” para 2027, sufragados en su mayor parte por los europeos a través de un fondo de préstamos de la UE, sin que se espere aportación estadounidense, salvo que Zelenski haga cambiar de opinión a Trump, algo altamente improbable.
Sánchez trató de persuadir a los líderes de la UE para alinearse con Canadá y romper con EEUU en la crisis por GroenlandiaLa diplomacia se ha acelerado justo antes del viaje. Durante el fin de semana, Trump conversó por separado con Vladímir Putin —una llamada de hora y media que el Kremlin calificó de “constructiva”— y con el propio Zelenski.
Ambos acordaron continuar cara a cara en Ankara, pero tampoco conviene engañarse: la mediación estadounidense está paralizada —sus dos enviados, Steve Witkoff y Jared Kushner, siguen absortos en Irán—, Rusia acaba de rechazar la iniciativa turca de alto el fuego, Putin presume de avances en el frente que Kiev desmiente y los bombardeos no cesan a uno y otro lado, de Kiev a las refinerías rusas y a Crimea.
La guerra entra en su quinto año sin tregua, con la vía trilateral de Ginebra en punto muerto y con una propuesta estadounidense -ceder a Rusia parte del Donbás- que Ucrania no puede aceptar de ninguna manera.
Sobre ese fondo, se entiende la angustia de las cancillerías europeas. De hecho, la Alianza ha evitado ser especialmente dura con Rusia porque la Casa Blanca recela de cualquier gesto que retrate a Moscú como adversario.
Entre anuncios de retirada de tropas del continente y una revisión a seis meses de la presencia militar estadounidense, cunde la sospecha de que un presidente frustrado empuje a Kiev hacia condiciones inasumibles o deje, en pleno traspaso de responsabilidades, huecos que Moscú sabría aprovechar.
Rutte avisa de que la OTAN actuará contra los países que, como España, rechacen el 5% en Defensa: "Tenemos los medios"No es casual que la frase más contundente frente a Putin –“Vladímir, estamos listos para defendernos”— la haya pronunciado Rutte y no Trump.
Irán, Gaza y la amenaza de siempre
A Ucrania se suman los otros dos frentes que la cumbre no puede ignorar, y en los que Trump busca los aplausos que sus aliados le escatiman.
El primero es Irán, cuyo frágil alto el fuego con Estados Unidos planea sobre Ankara: la declaración insistirá en que Teherán no llegue nunca al arma nuclear y respete la navegación por Ormuz, pero el nudo atómico sigue sin deshacerse y persiste el malestar por una guerra en la que Washington esperaba un respaldo que la mayoría de los europeos declinó.
Trump no lo ha olvidado: ha castigado con semanas de reproches públicos al alemán Friedrich Merz por cuestionar su estrategia y ha cruzado pullas con Giorgia Meloni por las reticencias italianas a ceder sus bases.
Ese resquemor, unido al pulso por Groenlandia, enrarece el ambiente antes incluso de que empiecen las sesiones. El segundo frente es Gaza, donde Trump exhibe como triunfo su plan de veinte puntos y preside el llamado “Consejo de Paz”.
La realidad, más terca, es la de un alto el fuego que se ha ido deshilachando: Israel controla aún la mitad de la Franja, mantiene ataques casi diarios que han dejado cerca de un millar de palestinos muertos desde octubre, y ni el desarme de Hamás ni la fuerza internacional prevista terminan de concretarse.
Zelenski reclama a la OTAN más Patriot por su “importancia crítica” ante la escalada de los ataques rusosResulta significativo, además, que los aliados de la OTAN hayan declinado en bloque sumarse a ese Consejo, recelosos de su mandato y de que se invitara a él a países cuyos líderes arrastran órdenes de arresto de la Corte Penal Internacional, como es el caso de Rusia.
Y ahí asoma la amenaza de siempre, la que sobrevuela cada uno de estos encuentros. Preguntado qué esperaba de los aliados, Trump no se anduvo con rodeos: “solo lealtad”.
El verdadero miedo europeo es que, cansado y susceptible, eche mano de su arma predilecta y vuelva a agitar la amenaza de la ruptura, como cuando se queja de una relación “no recíproca” o de unos socios que, dice, “no estuvieron ahí” cuando los necesitó.
Sobre el papel, Ankara podría ser su gran victoria si Europa efectivamente aumenta el gasto y consigue repartir las cargas como ningún otro presidente había logrado. La incógnita, la única que de verdad importa esta semana, es si tomará ese triunfo o preferirá dinamitarlo. Y, después del espectáculo del 4 de julio, sus aliados se preparan para lo segundo.