La cara oculta de la inteligencia artificial y de las más sofisticadas tecnologías energéticas y militares no puede ser más humana, analógica y antigua. Depende de minerales como el cobalto, la fuerza bruta de trabajadores explotados y de una centenaria línea férrea entre Angola y la República Democrática del Congo. Es el llamado Corredor de Lobito y sobre sus raíles se juega una partida clave de la 'nueva guerra fría'.