Choi Min-sik y Choi Hyun-wook, en 'El chico de la última fila' .
En plan serie ‘El chico de la última fila’: la sorpresa del verano es una serie coreana basada en una obra de Juan MayorgaLa adaptación estrenada en Netflix comporta notables cambios en el argumento.
El juego manipulativo que late en el corazón de la obra se mantiene intacto y gana en intensidad.
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Enric Albero Publicada 22 agosto 2026 01:55hEn el dispositivo dramático que activaba El chico de la última fila, la obra teatral que Juan Mayorga publicó en 2006, dormitaba el germen de la serialidad. Sólo había que despertarlo. Y eso es lo que han hecho la guionista Jang Myung-woo y el director Kim Kyu Tae.
El texto del dramaturgo madrileño, que en Corea del Sur ha tenido al menos cinco versiones teatrales, parte de las redacciones que un alumno le entrega periódicamente a su profesor de lengua, pretexto académico que valida el desarrollo de una fórmula tan antigua como la de la novela por entregas que, al tiempo, sirve para analizar el funcionamiento de determinados recursos literarios, explorar el borrado de fronteras entre ficción y no ficción, e incluso incorporar una crítica simultánea sobre sí misma, pues el maestro interviene sobre los textos de su alumno señalándole errores e inconsistencias, desde el trabajo sobre el punto de vista hasta las debilidades en la creación de personajes, pasando por la falta de fuerza de determinados conflictos que han de avivar el fuego de la dramaturgia.
Agarrándose a esos ‘continuará’ con los que Claudio, el coprotagonista de la historia ideada por Mayorga, termina cada texto, Jang y Kim elongan el material original -130 páginas- hasta las seis horas de duración que alcanza esta miniserie que Netflix estrenó a finales de junio. Ese alargamiento comporta notables cambios en el argumento, por más que el juego manipulativo que late en el corazón de la obra no solo se mantenga intacto, sino que gane en intensidad.
Heo Mun-oh (Choi Min-sik) es un severo profesor de literatura que vio como sus aspiraciones como escritor se extinguían tras la publicación de su primera y única novela. Su matrimonio con Jo Hyeon-suk (Jin Kyung), una psicóloga especialista en terapia de pareja, lleva años anestesiado por la rutina y el desapego sin que ninguno de sus dos componentes haga nada por escapar de una existencia opacada por la niebla del aburrimiento.
El estímulo llegará, de manera inesperada, por la vía docente. En el arranque del nuevo curso, el profesor Heo, hastiado por la mediocridad de las redacciones que sus pupilos le han entregado y en las que debían explicar qué habían hecho el fin de semana anterior, se verá sorprendido por el texto de un alumno, Lee Kang (Choi Hyun-wook), un chaval a mitad de camino entre un robot de última generación y un lampiño cantante de K-Pop.
Las series de agosto: si echáis de menos el Mundial, tranquilos, vuelve 'Ted Lasso'En su escrito, el joven estudiante detalla el interés que ha despertado en él un compañero de clase –Se Yun (Lee Jin-woo)- y, en especial, su familia, a la que observa desde el exterior de su casa. Su objetivo, tal y como explica en esa primera entrega, no será otro que entrar en sus vidas, conocerles y obtener material para seguir escribiendo. Continuará.
Tanto en la obra teatral como en la versión cinematográfica dirigida por François Ozon -En la casa (2012)– como en esta miniserie surcoreana asistimos a un juego de manipulación que se nutre del concepto del narrador no fiable.
Nótese que la primera cuestión que se discute en la clase inaugural está relacionada con el punto de vista. Y ese será el elemento clave para entender el desarrollo de una historia que, en el caso de la producción asiática, se torna todavía más enrevesada si se la compara tanto con la obra de Mayorga como con la más o menos fiel versión de Ozon que, no obstante, ya introducía ligeros cambios –se eliminaban algunos personajes, nos proporcionaba un final sensiblemente distinto- pero que, en puridad, era muy respetuosa con el texto del autor madrileño (recuerden que En la casa ganó la Concha de Oro en el festival de San Sebastián de aquel año).
Choi Hyun-wook, en 'El chico de la última fila' Netflix
Para alcanzar los seis episodios de duración, la modificación de mayor interés que introduce Jang Myung-woo tiene que ver con la familia de Se Yun y con la amplificación del radio del deseo de los personajes. Cierto es que en la pieza de Mayorga tanto el creciente interés del mentor por conocer la evolución de la historia como la envidia que el talento de su alumno despertaba en él eran parte esencial del combustible dramático que hacía avanzar el relato; en el caso de esta miniserie de Netflix esas pulsiones alcanzan otra dimensión.
Ahora bien, antes de entrar en detalles, conviene regresar a la cuestión del punto de vista. Aquí lo importante es tener siempre presente quién cuenta qué. Todo el relato procede de una fuente secundaria –Lee Kang- que el profesor asume como fiable.
'Cómplices hasta el final': aparta, Tom Cruise, llega Hannah WaddinghamEl maestro entiende que los textos que recibe de su alumno, basados en la observación de la familia de su compañero de clase, atienden a la verdad y se despliegan como una crónica que sigue los preceptos de la literatura naturalista. El guion se entreteje a partir de la superposición de distintas voices over que introducen las imágenes en función de quién cuenta el relato, solo que esas voces se arremolinan en un torbellino que desarbola la posición de un espectador que asume que lo que está viendo es lo que sucedió.
Esa idea de realidad se quiebra al final de segundo capítulo, cuando el profesor Heo descubre que la familia de Se Yun no es otra que la del escritor Kim Su-hun (Heo Joon-ho), un tipo al que envidia no solo por su exitosa carrera sino también por haberse casado con el que fuera su amor de juventud, Ahn Eun-joo (Yunjin Kim).
Si en la obra de Mayorga era la curiosidad la que alteraba la conducta del profesor, aquí viene aderezada con el potenciador de la envidia, también contenida en el material original pero a un nivel menor. La ascendencia que Lee Kang conquista en ese punto de la historia expande el umbral de manipulación al que puede someter a su tutor, que encuentra en el proceso creativo de su pupilo una vía para cobrarse las facturas que la literatura, el amor y el destino (cree) que le deben.
Choi Min-sik, en 'El chico de la última fila' Netflix
En este punto asistimos al primero de los múltiples desenmascaramientos de la ficción creada por Lee Kang y asumida como verdad por Heo que es, no lo olvidemos, quien pone en imágenes las palabras de su alumno, de ahí que la familia que vemos en los dos primeros capítulos nada tenga que ver con la ‘real’ (es la familia que el profesor ha imaginado a partir del relato de Lee Kang).
De hecho, la única figura idéntica en los dos planos es la de Se Yun, también alumno de Heo, el único al que puede ponerle cara. Otra cosa es que, dado el nivel de obsesión que Heo muestra con respecto a Kim Su-hun, y la fascinación romántica que despertó en él la esposa de este, desconozca que el hijo de ambos forma parte de su alumnado. Al contrario que en la obra de Mayorga, aquí hay un estrecho vínculo entre el tutor y el alumno objeto de investigación de Claudio/Lee Kang.
En cualquier caso, la serie pone sobre aviso al espectador en su primer tercio: cuidado con lo que crees que ves. Ese juego con el punto de vista se llevará hasta las últimas consecuencias en el tramo final de la serie en el que abandonamos definitivamente a Mayorga para adentrarnos en una historia de venganza, un subgénero al que se adscriben algunos de los grandes éxitos del cine surcoreano, desde Old Boy (Park Chan-wook, 2003), protagonizado por el propio Choi Min-sik, hasta I Saw the Devil (Kim Jee-won, 2010), pasando por el trabajo de directores como Na-Hong Jin (The Chaser) o Jung Byung-gil (Confession of Murder, La villana).
‘Tip Toe’: Russell T. Davies enciende la alarma contra el odio a la comunidad LGTBIQ+En lo relativo a la focalización del relato, dos últimos apuntes. El primero, referido al capítulo quinto, que ‘parece’ narrado por Ahn Eun-joo, en otro juego perverso que, sin engañarla, busca despistar a la audiencia en la misma medida en la que Lee Kang busca engatusar al profesor.
El segundo tiene que ver con el último tramo del episodio final, en el que quedan expuestas las motivaciones de Lee Kang, un personaje mucho más desarrollado que el de la versión teatral que, por el contrario, resultaba mucho más sugerente, ambiguo y perturbador, en tanto en cuanto allí el alumno ejercía como catalizador de las miserias adultas. A veces (de hecho, casi nunca) no es necesario explicarlo todo.
Lee Jin-woo y Choi Hyun-wook, en 'El chico de la última fila' Netflix
En ese sentido, la narrativa expandida que favorece la serialidad encuentra en El chico de la última fila una excelente piedra de toque tanto para atender a los beneficios que puede procurar como para observar determinados excesos, por otra parte demasiado frecuentes.
Aquí, el antagonismo profesional que intermedia la relación entre Heo y Kim Su-hun refuerza la motivación del protagonista y, al tiempo, establece una conexión literaria entre ambos que, teniendo en cuenta la vindicación de la narrativa serial que proponen los creadores, adopta unas derivaciones que no estaban presentes en el original de Mayorga.
Así, a partir del segundo episodio, el relato adopta tintes folletinescos, sobre todo con la aparición de la asistenta que trabaja para la familia de Se Yun, personaje presente en la pieza teatral pero suprimido por Ozon en su adaptación. Su irrupción conllevará la inclusión de tópicos propios de esa narrativa exacerbada que tanto predicamento tuvo en el siglo XIX y que hoy sigue perviviendo bajo otras formas. Adulterio, embarazo, asesinato, plagio literario… Todo ello tiene cabida en la novela fabricada por Lee Kang, asumida como verosímil por su único lector, un profesor Heo traicionado por sus anhelos.
'Memoria de un asesino', la ajetreada doble vida de un sicario con alzhéimerAdemás de esa sinapsis metatextual -transformar un relato unitario en una narración fragmentaria y recurrir a tropos entresacados de una de sus formas canónicas como es el folletín-, El chico de la última fila aprovecha la inyección de metraje para justificar mejor la toma de decisiones de sus personajes. Parafraseando al propio Mayorga, refuerza la coherencia interna que amasa la lógica del carácter de sus criaturas.
Obra teatral, película y miniserie pivotan alrededor de un acto que supone un punto de no retorno para el profesor: el robo del examen de matemáticas que hará que Se Yun, al que Lee Kang da clases particulares de la materia, apruebe, de modo que Lee Kang pueda seguir visitando su casa (o viviendo en ella, pues tal es el caso de la serie).
El guion de Jang Myung-woo se toma mucho más tiempo en explicar ese cambio en la conducta de Heo que sus precedentes. Es una decisión importante porque atenta contra su severidad y su respeto por determinados códigos académicos e institucionales. Aquí la situación se tensa, hay reiteradas negativas por parte del mentor, hasta que el espectador percibe que no le queda otra salida que transigir si quiere saber cómo continuará la historia de Lee Kang.
Por el contrario, ese tiempo que la serie se toma para definir a sus personajes desemboca, en ocasiones, en una sobreabundancia de diálogos mediante los cuales los personajes se explican a sí mismos (toda la parte final, por ejemplo). Esos excesos verbales juegan a favor de obra cuando se levantan desde la falacia, pues las imágenes acabarán enmendándolos y proponiendo una realidad alternativa, cuando no opuesta, a ese relato oral. Si operan únicamente como un listado de motivos para justificar una conducta pierden toda su fuerza, principalmente porque el espectador no los necesita para comprender lo que sucede.
Choi Min-sik, en 'El chico de la última fila' Netflix
A nivel visual, la serie presenta algunas curiosidades que no deberían quedar en el tintero. La primera tiene que ver con algunas disonancias musicales a propósito de la introducción de algunas canciones que funcionan en un registro distinto al de las composiciones originales de Choi Sung-kwon y Kim Ji-soo.
El primer capítulo, que concluye con el robo de las preguntas del examen por parte del profesor Heo, termina al ritmo de Hell’s Coming Down de los Dept. X, un tema country que, sumado al uso estentóreo de la cámara lenta para capturar la salida del profesor de la universidad (y al acting de Choi Min-sik), provoca una desincronización tonal con lo visto hasta este punto.
Esa ruptura tan llamativa –alguno podría calificarla de torpe o, cuando menos, de poco coherente– guarda, sin embargo, una estrecha relación con el cambio de actitud de Heo que, justo en ese punto, parece haber recuperado parte de la vitalidad perdida durante sus años de enseñanza. Esa excentricidad formal está en consonancia con la transformación que opera en el ánimo de un maestro que, no por casualidad, acabará hospedándose en su propio infierno, a centímetro y medio de la locura. Hell’s Comin Down.
Para terminar, regresemos a la cuestión del punto de vista, básica para entender la propuesta. Si entendemos que el protagonista de la historia es el profesor Heo y que la historia que presenciamos nos llega a través de su mirada, una mirada alterada por la narración de Lee Kang, no tardaremos en darnos cuenta de que su figura es un claro ejemplo de desdoblamiento.
Las series más esperadas de julio: un enérgico 'thriller' protagonizado por Anya Taylor-JoyLa escisión, pero sobre todo el borrado de fronteras entre conceptos a priori opuestos, es un rasgo característico de El chico de la última fila. Aquí se confunden realidad y ficción, pero también narrador y protagonista –dilemas sobre los que el propio texto de Mayorga reflexiona a través de las correcciones del tutor-, hasta el punto de que Heo, pese a llevar el peso del relato, desconoce que forma parte de la ficción creada por su alumno. Para personificar la difuminación de esa línea divisoria a la que aludíamos, y que tiene en la figura de Heo a su máximo exponente, Kim Kyu-tae utiliza superficies reflectantes en situaciones muy concretas.
En el capítulo segundo, Heo escucha a su esposa hablando con Lee Kang. El maestro está escondido detrás de la puerta de su despacho (en esta serie hay que estar siempre muy atento a quién ve/oye qué y desde dónde). Su pupilo explica que ha descubierto quién es la mujer que se esconde detrás de las doce mujeres que aparecen en la antigua y única novela de su mentor. Esa declaración obligará a Heo a intervenir, a entrar en acción para que el relato de Lee Kang no altere su vida, primera de las múltiples señales que nos advierten de que el maestro no ocupa el lugar que él cree en la historia inventada por su alumno. Misterios de la ficción.
El chico de la última fila
Creador: Kim Kyu Tae, Jang Myung-woo
Intérpretes: Choi Min-sik, Choi Hyun-wook
Productora: GTist, Kakao Entertainment
País: Corea del Sur
Año: 2026
Plataforma: Netflix
Fecha de estreno: 26 de junio