Cada vez es más común. El retraso de la maternidad hace que las dos etapas vitales coincidan... y que los conflictos escalen. Así se puede sobrevivir a esta 'guerra hormonal' moderna
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Regala esta noticia Añádenos en Google (Adobe Stock) 28/05/2026 Actualizado a las 18:47h.Últimamente, tenemos discusiones surrealistas. Sin saber de dónde viene, se le cambia la cara, empieza a resoplar… Hasta ahí, lo esperado. Pero yo, que se ... supone que soy la que tiene que poner la cordura, siento una tormenta de rayos y truenos que acaba generando un tsunami que nos arrastra a las dos», explica Cristina sobre cómo transcurre el día a día en una casa donde conviven una adolescente y ella misma, en las primeras fases de la menopausia. «Ella dice que no la entiendo y, probablemente, algo de razón no le falte porque no me entiendo ni yo. Las hormonas nos tienen a las dos del revés. A veces, es como un choque de trenes a máxima velocidad», resume gráficamente. Con el retraso de la maternidad, esta situación es cada vez más común en las casas: las madres entran en las primeras fases de la menopausia (o de la peri) en plena explosión de la adolescencia. Una tormenta de hormonas difícil de gestionar.
«Son dos etapas de cambios hormonales potentes que van en sentidos opuestos»
Aunque, efectivamente, los cambios hormonales van en direcciones opuestas, las consecuencias de las dos transiciones se parecen. En ambos casos, son una revolución. «Cambia el cuerpo, cambia el estado de ánimo, cambia la forma de sentirse una misma. Pero no son comparables del todo, porque no se viven desde el mismo lugar», detalla Pérez. Mientras una adolescente se está empezando a «construir», una mujer en menopausia, apunta la experta, suele estar en un momento de mucha exigencia vital: trabajo, hijos, pareja, padres mayores... Mil frentes abiertos. «Hablamos de mujeres que, muchas veces, ya llegan muy cansadas de base», explica Pérez que apunta que los estrógenos no solo tienen que ver con la regla o la ovulación, sino que influyen también en el cerebro, el sueño, cómo se gestiona el estrés… «Cuántas veces me dicen, 'Mer, no me reconozco'. Y aun así, siguen tirando de todo. A veces, no es que estén de mal humor. Es que están agotadas, no se sienten ellas», explica la experta.
Pero, ¿qué se puede hacer para mejorar la convivencia entre menopausia y adolescencia? Para empezar, comunicación. «Lo primero es no vivirlo como un tabú ni como algo que haya que esconder. Poder decir en casa 'no estoy bien', 'hoy necesito más paciencia' o 'estoy más irritable de lo normal' ayuda más de lo que parece», explica la especialista. Y en esto, cada miembro de la familia tiene su papel. «Más que buscar culpables, hay que funcionar como un equipo».
La madre
La autoexigencia es una de las principales enemigas de una mujer en menopausia. «Es importante dejar de exigirte estar impecable siempre. Pedir ayuda, poner límites, descansar más, consultar cómo te están afectando los síntomas y no asumir que toca aguantar. No, no toca aguantar sin más», defiende Pérez. Pero tampoco consiste en dejarse llevar por los cambios de humor. «Es importante que, igual que se hace ejercicio, la madre se entrene para autorregularse. Si un coche no tuviera amortiguadores, volcaría cada vez que se encuentra con un bache. Esto es igual. Si no tienes los recursos, los hábitos y las habilidades emocionales, te la vas a pegar. Hay que trabajar el autodominio mental», añade con sensatez la mentora familiar Carmina Benamunt.
Los adolescentes
Que ellos, los adolescentes, también estén pasando por una etapa complicada no les exime de su parte de responsabilidad. También pueden contribuir a rebajar la tensión. «No se trata de cargarles con un papel que no les toca, pero sí de hacerles entender que su madre también está pasando por una etapa de cambio. Según la edad que tengan, pueden ayudar más en casa, entender mejor ciertas reacciones y no entrar al choque a la primera. A veces, con que todo el mundo baje un poco la intensidad, la convivencia cambia muchísimo», subraya Pérez. Los catalizadores de estos conflictos pueden ser cosas muy triviales y cotidianas. «Pero siempre hay algo más profundo: no son los deberes, o las malas notas, o el móvil, o la ropa tirada. Eso es el detonante, la gota que colma el vaso. Pero quizá venimos de meses o años de dinámicas viciadas», apunta Benamunt.
El padre o la pareja
A menudo, se le presenta como la víctima de la situación. La persona que está en medio del fuego cruzado entre la menopausia y la adolescencia. «Aquí no hay ningún pobrecito, sino dos adultos que son los capitanes de la nave y tienen que estar a la altura de las circunstancias», señala la mentora familiar. «Este enfoque deja a la mujer como la complicada, al adolescente como el foco del conflicto y al padre como el pobre que lo sufre todo. No va de eso», opina la ginecóloga, que aboga por un papel que, en lugar de quedarse en la queja o en quitarle importancia a lo que le pasa a su pareja, puede aportar calma o apaciguar los ánimos. «No se puede poner de perfil y hacer como que no va con él. Tiene que implicarse en el clima de casa, sostener, escuchar, ordenar un poco cuando todo se enreda y no dejar a la madre sola gestionando lo suyo y el malestar de todos los demás», concluye.
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