Este mediodía, las autoridades vascas han levantado las restricciones en Muskiz, pero el miedo aún permanece. Vivir a la sombra de la mayor refinería de Euskadi, Petronor, ha convertido a este municipio vizcaíno en un escenario sacado de Inglaterra a finales del siglo XIX. Sus calles han estado vacías, los colegios con una actividad mínima y los vecinos pertrechados con mascarillas. La bruma que ha cubierto el pueblo el jueves y parte del viernes no era niebla, sino una nube tóxica.
La fuga invisible. Todo comenzó la mañana del jueves por una incidencia técnica en un tanque de gasolina de la planta petroquímica, lo que provocó la evaporación y emisión a la atmósfera de la fracción volátil del combustible. Según informó el ayuntamiento de Muskiz, entre las 10:15 y las 11:00 horas, estaciones como la del barrio de San Julián registraron picos de entre 100 y 200 microgramos por metro cúbico (µg/m³) de benceno.
Para poner la cifra en perspectiva, el valor límite normativo para el promedio anual es de apenas 5 µg/m³, lo que significa que las emisiones superaron con creces las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Además, el químico Néstor Etxebarria (UPV/EHU) advirtió de que no solo se escapó benceno, sino también tolueno y xileno, completando el peligroso cóctel químico conocido como BTEX, sustancias muy volátiles y tóxicas.
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El verdadero peligro del hidrocarburo. Para entender la gravedad del escape, es necesario explicar qué es el benceno. De manera sencilla se trata de un líquido incoloro, volátil y de olor dulce que penetra muy fácilmente en el torrente sanguíneo a través de los pulmones. A corto plazo, la inhalación aguda provoca una intoxicación similar a la de los disolventes: somnolencia, mareos, dolores de cabeza, temblores y, en niveles severos, pérdida del conocimiento.
Sin embargo, el verdadero peligro radica en sus efectos a largo plazo. Las agencias internacionales de salud y medio ambiente (IARC, ATSDR, EPA) clasifican al benceno como un carcinógeno humano confirmado (Grupo 1). Esta sustancia ataca de forma directa a la médula ósea, deprimiendo la formación de células sanguíneas, pudiendo desencadenar anemia aplásica y leucemia mieloide aguda. La propia OMS asume en sus directrices que, al ser un agente genotóxico, no existe un umbral de exposición que el cuerpo humano pueda tolerar de forma segura. Cualquier dosis, por mínima que sea, dispara el riesgo.
Caos comunicativo, mareos y miedo. Pese al evidente peligro químico, la gestión de la crisis ha indignado a los afectados. Aunque el escape se produjo por la mañana del jueves, El Correo denunció que el Gobierno Vasco no emitió las recomendaciones de confinamiento preventivo hasta las 20:17 horas, diez horas después del incidente. Las habituales sirenas de emergencia de Petronor, que suenan cada jueves como simulacro, ayer se mantuvieron en silencio, y tampoco se envió la alerta masiva (ES-Alert) a los móviles porque Salud Pública consideró que "no era una emergencia".
Mientras la Policía Local patrullaba con megáfonos pidiendo a los vecinos que se encerraran, el director de Salud Pública, Guillermo Herrero, minimizaba la crisis en Radio Euskadi, asegurando que no había "riesgo para la población" y que se podía hacer "vida normal". Esta visión contrastó frontalmente con la del alcalde de Muskiz, Eduardo Briones, quien a los micrófonos de Cadena Ser, recomendó no salir a la calle porque "más vale pecar por exceso".
El impacto humano fue inmediato. En declaraciones a El Correo, Itxaso Etxegarai relató cómo su hija asmática perdió el apetito y sufría fuertes dolores de cabeza, mientras a ella le picaban los ojos. Por su parte, el jubilado José Taboada tuvo que ir a buscar a su mujer al trabajo porque, tras inhalar el aire, "se había mareado" y "había perdido un poco la consciencia".
El pánico también traspasó los muros de la refinería. Como detalla El Salto, decenas de trabajadores de las contratas abandonaron sus puestos la mañana del viernes. "Nadie nos ha dicho nada claro. Mientras estamos esperando, estamos en el sitio de la toxicidad", denunciaba un operario a la SER, aquejado de dolor de garganta. Sindicatos como LAB y CCOO exigieron la paralización de la planta.
Impunidad y vacíos legales. Este episodio no es un hecho aislado, sino la gota que colma el vaso de una población acostumbrada a convivir con la contaminación industrial. De hecho, es el tercer incidente en apenas dos meses (en diciembre hubo otra fuga, y este mismo domingo un fallo eléctrico provocó inmensas llamaradas y humo negro)
Según detalla el químico y divulgador ambiental Julen Rekondo en Cadena COPE, el problema radica en un vacío legal flagrante: la normativa española sanciona a las empresas si superan la media anual de benceno, pero no contempla límites punitivos para picos puntuales agudos. Esto permite que episodios graves no computen como infracción.
El hartazgo vecinal. La sombra de Petronor es alargada. La refinería es responsable de más del 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero y los datos de Salud Pública muestran que la zona de Muskiz registra tasas de mortalidad por cáncer de pulmón entre un 11% y un 45% superiores a la media vasca.
A esto se suma la desconfianza ciudadana por las "puertas giratorias". Los vecinos concentrados esta semana recordaron que ex altos cargos del Gobierno Vasco, como Josu Jon Imaz o Iñaki Zudaire, acabaron ocupando puestos de máximo poder en Petronor y Repsol, lo que hace dudar del rigor del control institucional. Para canalizar este hartazgo, la plataforma vecinal "Stop Variante Las Karreras" ha convocado una manifestación de protesta para este domingo, 1 de marzo, a las 12:00 horas, exigiendo soluciones reales.
El aire se limpia, pero la indignación se queda. Las sirenas nunca sonaron, pero el silencio en Muskiz ha sido ensordecedor. Aunque a las dos de la tarde del viernes 27 de febrero las autoridades hayan levantado el confinamiento preventivo al estabilizarse el benceno en 2 µg/m³, la normalidad aquí es un concepto frágil. El gas se disipará con las corrientes de viento, pero la incertidumbre de vivir en una ruleta rusa química se queda enquistada en los pulmones de un pueblo que exige dejar de ser el daño colateral del progreso industrial.
Imagen | Zaratemán y Gustavo Fring
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La noticia
El cielo color plomo sobre Muskiz: la fuga invisible que encerró a un pueblo en una distopía industrial
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Alba Otero
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El cielo color plomo sobre Muskiz: la fuga invisible que encerró a un pueblo en una distopía industrial
Una incidencia en un tanque de gasolina dispara los niveles de benceno, tolueno y xileno en el municipio vizcaíno
Los vecinos denuncian un retraso de diez horas en el aviso institucional, el silencio de las alarmas y un vacío legal que ampara los picos de emisiones tóxicas
Este mediodía, las autoridades vascas han levantado las restricciones en Muskiz, pero el miedo aún permanece. Vivir a la sombra de la mayor refinería de Euskadi, Petronor, ha convertido a este municipio vizcaíno en un escenario sacado de Inglaterra a finales del siglo XIX. Sus calles han estado vacías, los colegios con una actividad mínima y los vecinos pertrechados con mascarillas. La bruma que ha cubierto el pueblo el jueves y parte del viernes no era niebla, sino una nube tóxica.
La fuga invisible. Todo comenzó la mañana del jueves por una incidencia técnica en un tanque de gasolina de la planta petroquímica, lo que provocó la evaporación y emisión a la atmósfera de la fracción volátil del combustible. Según informó el ayuntamiento de Muskiz, entre las 10:15 y las 11:00 horas, estaciones como la del barrio de San Julián registraron picos de entre 100 y 200 microgramos por metro cúbico (µg/m³) de benceno.
Para poner la cifra en perspectiva, el valor límite normativo para el promedio anual es de apenas 5 µg/m³, lo que significa que las emisiones superaron con creces las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Además, el químico Néstor Etxebarria (UPV/EHU) advirtió de que no solo se escapó benceno, sino también tolueno y xileno, completando el peligroso cóctel químico conocido como BTEX, sustancias muy volátiles y tóxicas.
El verdadero peligro del hidrocarburo. Para entender la gravedad del escape, es necesario explicar qué es el benceno. De manera sencilla se trata de un líquido incoloro, volátil y de olor dulce que penetra muy fácilmente en el torrente sanguíneo a través de los pulmones. A corto plazo, la inhalación aguda provoca una intoxicación similar a la de los disolventes: somnolencia, mareos, dolores de cabeza, temblores y, en niveles severos, pérdida del conocimiento.
Sin embargo, el verdadero peligro radica en sus efectos a largo plazo. Las agencias internacionales de salud y medio ambiente (IARC, ATSDR, EPA) clasifican al benceno como un carcinógeno humano confirmado (Grupo 1). Esta sustancia ataca de forma directa a la médula ósea, deprimiendo la formación de células sanguíneas, pudiendo desencadenar anemia aplásica y leucemia mieloide aguda. La propia OMS asume en sus directrices que, al ser un agente genotóxico, no existe un umbral de exposición que el cuerpo humano pueda tolerar de forma segura. Cualquier dosis, por mínima que sea, dispara el riesgo.
Caos comunicativo, mareos y miedo. Pese al evidente peligro químico, la gestión de la crisis ha indignado a los afectados. Aunque el escape se produjo por la mañana del jueves, El Correodenunció que el Gobierno Vasco no emitió las recomendaciones de confinamiento preventivo hasta las 20:17 horas, diez horas después del incidente. Las habituales sirenas de emergencia de Petronor, que suenan cada jueves como simulacro, ayer se mantuvieron en silencio, y tampoco se envió la alerta masiva (ES-Alert) a los móviles porque Salud Pública consideró que "no era una emergencia".
Mientras la Policía Local patrullaba con megáfonos pidiendo a los vecinos que se encerraran, el director de Salud Pública, Guillermo Herrero, minimizaba la crisis en Radio Euskadi, asegurando que no había "riesgo para la población" y que se podía hacer "vida normal". Esta visión contrastó frontalmente con la del alcalde de Muskiz, Eduardo Briones, quien a los micrófonos de Cadena Ser, recomendó no salir a la calle porque "más vale pecar por exceso".
El impacto humano fue inmediato.En declaraciones a El Correo, Itxaso Etxegarai relató cómo su hija asmática perdió el apetito y sufría fuertes dolores de cabeza, mientras a ella le picaban los ojos. Por su parte, el jubilado José Taboada tuvo que ir a buscar a su mujer al trabajo porque, tras inhalar el aire, "se había mareado" y "había perdido un poco la consciencia".
El pánico también traspasó los muros de la refinería. Como detalla El Salto, decenas de trabajadores de las contratas abandonaron sus puestos la mañana del viernes. "Nadie nos ha dicho nada claro. Mientras estamos esperando, estamos en el sitio de la toxicidad", denunciaba un operario a la SER, aquejado de dolor de garganta. Sindicatos como LAB y CCOO exigieron la paralización de la planta.
Impunidad y vacíos legales. Este episodio no es un hecho aislado, sino la gota que colma el vaso de una población acostumbrada a convivir con la contaminación industrial. De hecho, es el tercer incidente en apenas dos meses (en diciembre hubo otra fuga, y este mismo domingo un fallo eléctrico provocó inmensas llamaradas y humo negro)
Según detalla el químico y divulgador ambiental Julen Rekondo en Cadena COPE, el problema radica en un vacío legal flagrante: la normativa española sanciona a las empresas si superan la media anual de benceno, pero no contempla límites punitivos para picos puntuales agudos. Esto permite que episodios graves no computen como infracción.
El hartazgo vecinal. La sombra de Petronor es alargada. La refinería es responsable de más del 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero y los datos de Salud Pública muestran que la zona de Muskiz registra tasas de mortalidad por cáncer de pulmón entre un 11% y un 45% superiores a la media vasca.
A esto se suma la desconfianza ciudadana por las "puertas giratorias". Los vecinos concentrados esta semana recordaron que ex altos cargos del Gobierno Vasco, como Josu Jon Imaz o Iñaki Zudaire, acabaron ocupando puestos de máximo poder en Petronor y Repsol, lo que hace dudar del rigor del control institucional. Para canalizar este hartazgo, la plataforma vecinal "Stop Variante Las Karreras" ha convocado una manifestación de protesta para este domingo, 1 de marzo, a las 12:00 horas, exigiendo soluciones reales.
El aire se limpia, pero la indignación se queda. Las sirenas nunca sonaron, pero el silencio en Muskiz ha sido ensordecedor. Aunque a las dos de la tarde del viernes 27 de febrero las autoridades hayan levantado el confinamiento preventivo al estabilizarse el benceno en 2 µg/m³, la normalidad aquí es un concepto frágil. El gas se disipará con las corrientes de viento, pero la incertidumbre de vivir en una ruleta rusa química se queda enquistada en los pulmones de un pueblo que exige dejar de ser el daño colateral del progreso industrial.