22 noviembre 2021. El ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación de España, Luis Planas, y el ministro francés de Agricultura y Alimentación, Julien Denormandie, acuerdan reforzar sus líneas de trabajo para impulsar las «cláusulas espejo» en las negociaciones de acuerdos comerciales de la Comisión Europea con terceros países.
17 de enero de 2022. Planas traslada el apoyo de España a la Comisión Europea para impulsar la aplicación de las denominadas «cláusulas espejo» en las negociaciones comerciales con terceros países con el objeto de que se exijan a los productos importados los mismos estándares de calidad y seguridad alimentaria que a los producidos en Europa.
1 de marzo de 2024. Reunión del Consejo de Agricultura y Pesca de la Unión Europea. Planas destaca «la necesidad de incrementar los mecanismos de control aduanero y de avanzar para la adopción de cláusulas espejo que exijan mismos requisitos», pero da por pérdida la adopción de las cláusulas espejo en la UE.
12 de febrero de 2026. Masiva manifestación de agricultores en Madrid para denunciar «la competencia desleal» del acuerdo de la UE con Mercosur por no incluir cláusulas espejo.
Son cuatro fechas concretas- podían ser más- y más de una legislatura desde que el ministro de Agricultura se comprometiera a paliar una de las grandes quejas del sector agrario español: el distinto rasero en las condiciones fitosanitarias y de control de nuestros productos en las exportaciones frente a la permisividad en las aduanas cuando son enviados a España desde terceros países. Nada se ha conseguido desde entonces. La competencia desleal sigue su curso y amenaza con quebrar la histórica soberanía española del aceite de olivar, líder de la producción mundial del sector.
Cansado de promesas está Paco Elvira, de 46 años, productor español en Fuente del Rey (Jaén). Junto a su padre, Felipe, de 74, y su cuñado José Manuel, de 44, tiene una parcela familiar de 93 hectáreas, en la que suelen producir, según la climatología, unos 150.000 kilos de aceituna al año: «Me he criado debajo de un olivo, con mi abuelo, con mi padre». Licenciado en Ingeniería agrónoma, es uno de los más de 80.000 productores de la provincia de Jaén, epicentro mundial del aceite de oliva que cada año genera 10 millones de jornales.
España es el primer productor mundial de aceite de oliva, con una superficie cultivada superior a los 2,7 millones de hectáreas y una producción que en años normales sin sequía supera el millón de toneladas procedentes de más de 400.000 explotaciones, la mayoría en manos de pequeños agricultores de tradición familiar con fincas de entre 5 y 30 hectáreas. Andalucía concentra más del 75% de la producción nacional.
El agricultor revisa otra vez los números de la última campaña, donde ha vuelto a invertir una importante cantidad para que el trabajo sea cada vez más mecanizado. Las cooperativas le dan unos 3,60 euros por kilo de aceite, algo más si es virgen extra, 3,96 (datos de junio de este año), un precio «razonable» de no ser porque en las últimas tres campañas los costes de producción se han disparado: los jornales de la recolección, los obligatorios productos fitosanitarios, agua, maquinaria, seguros, cuotas de la Seguridad Social... La suma no engaña: 3,80 euros le cuesta producir un kilo de aceite. El margen real en el mejor de los casos, es de 16 céntimos por kilo. «Las cuentas no salen», dice Elvira.
A 2.000 kilómetros de Jaén, una nueva almazara de ciclo continuo ha sido inaugurada este año en Sfax, la ciudad portuaria más importante del sur de Túnez. Se trata de la segunda línea de extracción financiada por el Banco Europeo para la Reconstrucción y Desarrollo en este país africano. La asistencia técnica corre a cargo de un consorcio italiano (Cqverde), que ganó el concurso. Desde 2013, y a través de fondos europeos, se modernizan instalaciones, se introducen incentivos al agricultor vinculados a la calidad de la aceituna en destino y se incorporan herramientas de digitalización (Big Data, IA y GIS) para la gestión de la trazabilidad de un país que no es un recién llegado al sector (el olivo tunecino procede la época romana).
Con más de 1,82 millones de hectáreas cultivadas, Túnez es el cuarto productor mundial (tras España, Italia y Grecia) y el primer exportador entre los países no miembros de la UE. Desde 2016, Túnez ha aumentado un 85% sus exportaciones de aceite a España. «La paradoja es que Europa financia la modernización del sector olivarero de Túnez mientras carece de mecanismos y herramientas efectivas no sólo para proteger al agricultor nacional, sino para evitar que esa producción mejorada distorsione el mercado europeo», clama el productor jiennense.
La implantación por el Gobierno de Pedro Sánchez de la Ley 3/2021 para la mejora del funcionamiento de la cadena alimentaria debería de haber representado un punto de inflexión. Su espíritu era obtener «el escudo legal del productor» porque la normativa, en teoría, prohíbe expresamente la venta a pérdidas y exige contratos escritos, establece plazos de pago y obliga a que el precio cubra los costes de producción, pero no se cumple en la gran mayoría de los casos. «Los expedientes sancionadores por incumplimientos se acumulan en los cajones del Ministerio de Agricultura», explica el productor, que se queja además de la falta de presupuesto para que se cumpla la normativa. El organismo encargado de la supervisión de las ventas -la AICA- «carece de medios suficientes» para inspeccionar las más de 2.400 almazaras registradas y las multas, si llegan, lo hacen demasiado tarde.
«El problema es que el agricultor español está sometido a un régimen normativo muy exigente, como la trazabilidad obligatoria, los cuadernos de campo digitalizados, la prohibición de determinados fitosanitarios, los controles de calidad en la almazara... mientras que el aceite de terceros países accede al mercado sin pasar por controles equivalentes. Hay un claro doble rasero», apunta el también responsable nacional del sector en COAG, quien aporta un dato esclarecedor: «Entre 2018 y 2023, España tomó únicamente tres muestras para analizar residuos de plaguicidas en importaciones de otros países que llegaba a nuestros puertos, y en ese mismo periodo los productores españoles estaban sujetos a decenas de controles anuales obligatorios».
La variabilidad climática ha jugado siempre en contra de la producción tunecina. Sin embargo, la expansión de olivar super intensivo -con sistemas de irrigación tecnificada- y la mejora de variedades locales resistentes reducen los problemas históricos de producción. De hecho, en la campaña 2025-2026, llegó a entre 400.000 y 500.000 toneladas y sus exportaciones crecieron un 63,9%, generando unos ingresos superiores a 1.100 millones de euros. El 87,5% de ese volumen se exporta a granel, lo que significa que a la UE llega sin marca, «sin embalaje de consumo final», como materia prima disponible para los grandes envasadores italianos y españoles, «que lo procesan, lo mezclan y lo comercializan bajo sus propias marcas», alerta el productor de Jaén. Se trata de un «fraude generalizado y consentido», remarca.
Los acuerdos comerciales entre la UE y Túnez permiten un acceso preferencial al mercado comunitario que en la práctica resulta «incontrolable». Así, existen tres sistemas de acceso. Por un lado, está la cuota preferencial, una especie de cupo bonificado por el que las autoridades europeas conceden un arancel cero limitado a 56.700 toneladas. En la práctica, este contingente se agota en la primera semana del año de cada ejercicio. La segunda vía es el llamado Tránsito de Perfeccionamiento Activo (TPA), que permite importar aceite de Túnez sin aranceles ni IVA con la condición de que el producto se procese en la UE y después se reexporte a terceros países para apoyar a la industria transformadora europea. Este volumen supera las 100.000 toneladas anuales. La tercera son los depósitos aduaneros, con instalaciones habilitadas donde las mercancías permanecen sin pagar aranceles por un tiempo ilimitado y sin que exista un control efectivo de su destino final, según denuncia COAG: «No hay datos específicos sobre esta vía, es lo que denominamos el aceite fantasma tunecino, un auténtico coladero sin control».
Según los datos de esta organización, el 38,1% de las exportaciones de aceite tunecino -casi cuatro de cada diez litros- habría entrado en el mercado europeo «de forma clandestina o bajo declaraciones falsificadas». «El Gobierno español podría solicitar que se suspenda la cláusula de salvaguarda entre la UE y Túnez, pero no lo hace», critica el productor.
Así, «frente a la crisis de rentabilidad del sector agrario europeo, la respuesta de la Comisión Europa no ha sido revisar los mecanismos de acceso preferencial ni activar cláusulas de salvaguarda del aceite tunecino que perturban el mercado, lo que ha permitido presionar a la baja los precios del aceite español por la vía de la competencia de bajo coste: «Estamos convencidos de que tenemos que huir del modelo chino, es decir, de obtener más producción y con precios en el mercado tirados por los suelos porque nuestro modelo siempre ha sido de calidad, porque somos muy buenos produciendo y tenemos un valor añadido diferencial que es nuestra calidad y, en todo caso, que sean otros eslabones de la cadena y no siempre los productores los que reduzcan los precios, en especial los envasadores, que conforma un auténtico oligopolio en muy pocas manos», apunta Paco Elvira.
Los agricultores hablan ya de «amenaza estructural» del sector oleícola español: «El abandono del olivar, especialmente en zonas de difícil mecanización o escasa disponibilidad hídrica, ya es visible en determinadas comarcas andaluzas y extremeñas, y los olivares abandonados no vuelven, tardan décadas en recuperar su producción». Siendo grave este perjuicio, Paco alerta sobre el «daño medioambiental y territorial».
El olivar es el mayor ecosistema agrícola de la península ibérica, con funciones de captura de carbono, control de la erosión, conservación de la biodiversidad y además tiene una función vertebradora en comunidades rurales: «Este mismo esquema puede replicarse en otros sectores, como el tomate, los cítricos, las frutas de hueso o los cereales, así que la pregunta es si los políticos siguen sin proteger el mercado interior europeo y sin aplicar políticas de salvaguarda o la expansión de los productos sin control de terceros países, como el aceite tunecino con financiación europea, sigue distorsionando el mercado con consecuencias sistémicas». La amenaza de hecatombe del aceite de oliva español es un hecho.
La última alarma, el vacuno de brasil
El balance del comercio agroalimentario español sigue en «plena reducción», denuncia el sector. Las últimas cifras del Ministerio de Agricultura confirman que el ritmo de las importaciones amenaza la producción nacional, con una reducción del saldo comercial en el último año del 2,6%. La última alarma ha saltado en la carne de vacuno. Asaja ha exigido a las autoridades que «suspendan de forma inmediata» la producción procedente de Brasil al detectarse «incumplimientos que afectan a la seguridad alimentaria, la trazabilidad y la confianza del consumidor».
EFEContra el acuerdo con Mercosur.
Caravana de tractores, en febrero pasado, en Madrid, a su paso por el Banco de España. Los agricultores se manifestaban para protestar por «la competencia deseal» del acuerdo de la UE con Mercosur.