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Pablo García-Berdoy ejerció como embajador de España en la UE durante cinco años. Luis Ángel Gómez Pablo García-Berdoy | Exembajador de España en la UE «El consenso es la única forma de que la UE gane relevancia geopolítica»El diplomático señala que «necesitamos estar unidos y protegernos», porque «está en juego la seguridad colectiva»
Sábado, 7 de marzo 2026, 00:26
... años, bajo los gobiernos de Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, y antes representó a España en Alemania, Rumanía y Moldavia. A sus 63 años, este funcionario andaluz impulsó también la llegada a nuestro territorio del Aspen Institute, una entidad que promueve el liderazgo basado en principios éticos. Hoy, parcialmente retirado, dirige el área de asuntos públicos de la consultora LLYC. El exembajador advierte de que las divisiones hacen «débil» e «irrelevante» a los Veintisiete y defiende el consenso para «ganar influencia geopolítica».– España e Italia, con gobiernos en las antípodas, han condenado el ataque a Irán. ¿Están surgiendo nuevos bloques dentro de la UE?
– La situación es muy fluida. Mostrar nuestras diferencias a la ligera no es bueno para nadie. Nuestros líderes deberían mantener la cabeza fría y una aproximación estratégica, no una reacción inmediata, que, por muy legítima que sea, puede poner en riesgo la seguridad de los europeos. Las decisiones unilaterales, aunque sean soberanas, entran en contradicción con la defensa conjunta a la que aspiramos. Airear públicamente nuestras diferencias solo conduce a la división y a la falta de autoridad en el entorno global.
– ¿Cuál es el camino correcto?
– Hace falta un diálogo serio y sereno. Definir dónde queremos estar y no caer en los errores del pasado. Es muy importante recuperar un diálogo sensato y discreto y que incluya todo, no solo el conflicto en Irán sino todos los riesgos. Hay que encontrar un consenso, tanto si es en un sentido como en otro. Es la única forma de que la UE gane relevancia e influencia geopolítica. Las divisiones nos hacen débiles e irrelevantes. No podemos ser un grupo de países enfrentados, y menos en una materia tan estratégica como es la Defensa. Hay que llegar a un consenso cuanto antes porque nos estamos jugando la seguridad colectiva.
– ¿Pero hay voluntad de unirse?
– Respetar todas las posiciones es importante para empezar un diálogo, pero ahora mismo la fractura es muy grave y no debemos ahondar en ella. Reconducir estas diferencias políticas, que son perfectamente normales y completamente asumibles, es clave. Estamos en un contexto de guerra, de inseguridad y de inestabilidad. Necesitamos estar unidos y protegernos.
– ¿Pueden los Estados ir por libre?
– En Europa hay dos tipos de países: los pequeños y los que no saben que son pequeños. Si no conseguimos unificar nuestras capacidades militares, nunca vamos a tener una autonomía defensiva. Europa tiene que ser más independiente y ser capaz de defender su posición.
– En caso de agresión directa, ¿cómo debemos responder?
– Tenemos que ser solidarios. Chipre es un buen ejemplo de cómo actuar. Los Estados han prestado apoyo militar a un socio en un momento de riesgo y eso demuestra que la solidaridad no es solo un lema.
– ¿La UE tiene que invertir más en Defensa?
– Solo tiene capacidades defensivas en algunos sectores, y carece poder de disuasión. Ahí es donde hay que poner el esfuerzo ahora. Todos estamos de acuerdo en que es un horror armarse e invertir menos en lo social, pero no nos queda más remedio, porque los enemigos no tienen reparo en ser agresivos y están dispuestos a acabar con tus valores si tú no estás dispuesto a defenderlos.
– ¿Qué ocurre con los Gobiernos reticentes?
– Incluso los más nacionalistas, aquellos territorios que no quieren dar soberanía a la Unión Europea, se darán cuenta de que las respuestas que exigen sus ciudadanos son imposibles de resolver a nivel estatal, porque no tienen la capacidad. La población de los países miembros tiene seguridad gracias a que su país está integrado en el gran 'Estado europeo'.
La Unión Europea en la OTAN
– ¿EE UU defendería a los países que han condenado el ataque a Irán?
– Debemos aspirar a que en un futuro no muy lejano exista un pilar europeo sólido dentro de la Alianza Atlántica, que sea complementario y autónomo a Washington. Para lograr eso, debemos evitar que, en una crisis, lo primero que hagamos sea resaltar nuestras diferencias.
– ¿Debemos defender al aliado estadounidense?
– En la política de exterior hay una verdad ineludible: si rompes un Estado, es problema tuyo. Es decir, si alteras una situación, tú te haces responsable de ese nuevo contexto. Si uno interviene y cambia el régimen en una región, se compromete con la situación futura, y la operación en Irán es muy complicada de gestionar.
– ¿Cómo será ese futuro?
– Soy optimista. Creo que en un plazo no muy largo llegaremos a una mayor estabilidad. No creo que alcancemos la paz pronto, pero sí el fin de la forma más violenta del conflicto, aunque la región seguirá siendo convulsa.
– Pedro Sánchez ha ganado votos en España gracias a su 'No a la guerra'.
– Uno tiene que decidir si sus acciones se enfocan a asuntos de mayor relevancia para la ciudadanía. En las relaciones internacionales no se puede pensar a corto plazo, son grandes líneas históricas que van avanzando. Es como un transatlántico que no puede girar 45 grados rápidamente, necesita tiempo y consistencia. Creo que hay que buscar consenso con la oposición dentro del territorio propio, garantizar la entereza del país y que no solo una parte defienda esa posición.
– Cuatro años de guerra en Ucrania. ¿Cómo ve a la UE en este otro conflicto?
– Washington es quien lidera las negociaciones de paz. La UE reaccionó rápido y aportó una gran financiación y un fuerte apoyo político, pero no puede dar lo que no tiene, que es capacidad defensiva y de disuasión.
– Algunos países han endurecido sus políticas migratorias recientemente. ¿Cómo se armoniza la gestión de fronteras de la UE?
– La política migratoria común aún se está construyendo. No existe plena convergencia, pero sí un consenso sobre la necesidad de controlar quién accede al territorio y aplicar normas claras. La cooperación con los países de origen es clave para ordenar los flujos y garantizar que tanto los que llegan como los que acogen conozcan las reglas.
-¿Cómo ve la Unión Europea actualmente?
-Estamos divididos. Tiene que hacer un cambio muy radical en su forma de actuar. No tanto en las políticas que desarrolla, sino en la forma de hacer política. Nació bajo el paraguas de la seguridad estadounidense y para garantizar la paz y promover la prosperidad mediante un mercado integrado. Ese orden multilateral se está transformando y confío en que el proceso culmine con una Europa fortalecida y con ideas renovadas.
«No podemos permitir que otros traigan su regulación digital a nuestro territorio si defendemos la protección de datos y de la infancia»
-¿Cómo se lidera con respeto y con valores cuando los de alrededor lo hacen desde la agresión?
-Demostrando a la ciudadanía lo que significaría tener un dirigente sin valores. En las democracias, lo primero que debe tener el líder político es apoyo. Los ciudadanos no eligirían a alguien que no les protege. Y lo mismo con la política exterior. Lo que sucede fuera de nuestras fronteras afecta directamente al interior.
-¿Por ejemplo?
-Si dejamos que la regulación digital sea la de otros (China o Estados Unidos), nuestros valores entran en conflicto con sus políticas. Si defendemos la protección de datos y la infancia, y denunciamos los discursos de odio, hay que regular estas sociedades extranjeras para que no traigan eso a nuestro país. Por mucho que sea un tema externo, afectan directamente a los ciudadanos. Si perdemos nuestra seña de identidad y nuestros valores en la confrontación internacional, también la perderemos a nivel interno.
-¿Europa debe defender su identidad social en este contexto?
-Occidente, el mundo en el que vivíamos, se ha roto. La relación transatlántica también porque EE UU ha decidido tener otras perspectivas. Europa ha ampliado los derechos humanos y ha llevado la democracia hacia los territorios del este de manera constante durante muchos años. La UE tiene una situación extraordinaria que es capaz de permitir un desarrollo individual y un bienestar excepcional. Ese es el mayor poder europeo, la diplomacia y el poder 'blando'. Hay que hacer entender a otros territorios que también pueden aspirar a eso.
-Poder blando y rearme, ¿son compatibles?
-Hemos vivido unos años en los que Europa ha sido un poco infantil y ha dado por sentada la protección americana, que le ha permitido invertir más en políticas sociales. Pensábamos que nos iba a durar para siempre. La situación en la que nos encontramos ahora es, en gran medida, responsabilidad nuestra y hay que corregirla.
-¿Qué debe hacer la UE con los Estados que discrepan?
-Es inevitable que los países que compartan ideas avancen juntos. Independientemente de que otros no les sigan. En este momento tan crítico los Estados punteros de la Unión Europea deben tomar la iniciativa.
-Trump plantea organizaciones alternativas a la ONU con su 'Junta de Paz'.
-Hay que ver estas iniciativas con muchísima prudencia. Pese a sus limitaciones, la Organización de las Naciones Unidas ha facilitado el diálogo global en numerosas ocasiones. Es cierto que requiere una actualización, pero no es necesario su desmantelamiento.
-Muchos jóvenes desconfían de los Gobiernos e instituciones.
-Están decepcionados porque no han cumplido con ciertas demandas. Hay que ser pacientes. El cambio global es tan rápido y radical que las instituciones y los Estados no están siendo capaces de seguir el ritmo. Necesitamos un poco más de celeridad, sin duda, pero también voluntad política de los líderes europeos, y eso, me temo, llevará aún más tiempo.
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