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«El costado del ferry se abrió de golpe y el agua entró a raudales»

«El costado del ferry se abrió de golpe y el agua entró a raudales»
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Supervivientes del barco de pasaje hundido en Chipre suplicaron al capitán que regresara a puerto, pero «nos respondió que no pasaba nada y siguió adelante»
«El costado del ferry se abrió de golpe y el agua entró a raudales»

Supervivientes del barco de pasaje hundido en Chipre suplicaron al capitán que regresara a puerto, pero «nos respondió que no pasaba nada y siguió adelante»

Regala esta noticia Añádenos en Google Rescate de pasajeros del ferry naufragado en Chipre. (Reuters)

M. Pérez.

31/08/2026 a las 21:40h.

Los relatos de los primeros pasajeros supervivientes del ferry que el domingo se hundió en aguas de Chipre dejan claro el terror que sintieron prácticamente ... desde su salida del puerto. Era mediodía. Brillaba el sol, pero la mar estaba agitada a consecuencia de una meteorología adversa que el día anterior había hecho embarrancar al menos cuatro yates en la costa. El propio ferry no pudo tampoco cubrir el sábado su trayecto habitual entre la población de Kyrenia y el puerto turco de Taşucu, en la provincia de Mersin, debido a olas de casi tres metros de altura. El servicio marítimo tiene varias conexiones diarias entre el norte de Chipre y la Turquía continental.

El oficial, que terminaría saltando por la borda a las primeras de cambio, trató de tranquilizar al pasaje y continuó adelante. «Tres o cuatro minutos después, el ferry se elevó en el aire y luego se estrelló contra el agua», declaró un viajero a CNN Türk. Según recoge 'The Telegraph', fue como una «explosión». «El costado delantero izquierdo se abrió de golpe y el agua comenzó a entrar a raudales». Al parecer, las ventanillas laterales también reventaron.

El caos se apoderó de la embarcación. «Le dijimos (al capitán) que parara. Se lo repetimos muchas veces. No paró. Ya era evidente que, cuando íbamos en pleno viaje, el barco volaba hacia el cielo y volvía a caer al mar», exclama en los medios locales un afectado que permanece ingresado en un hospital en el norte de Nicosia. Varias decenas de personas han debido ser atendidos en centros médicos por cuadros que abarcan desde lesiones a crisis de ansiedad.

Mientras la tripulación trataba de mantener el control del catamarán con la vía de agua cada vez más amplia, una segunda y voluminosa ola golpeó el casco. El barco volcó hacia un lado. Permaneció así los suficientes minutos para que la tripulación y la mayoría del pasaje pudiera ponerse a salvo. Aunque no todos. Luego se hundió a 500 metros de profundidad. Algunos vídeos hechos con móviles grabaron las espeluznantes imágenes de decenas de personas presa del pánico en su intento de mantenerse a flote.

Anoche, los equipos de salvamento contabilizaban 8 fallecidos y 20 desaparecidos, a quienes buscaban buzos especialistas en grandes inmersiones. Las autoridades tienen prevista la llegada este martes de un buque de rescate con equipos adecuados para descender hasta mil metros. Los expertos creen que algunos cuerpos se encuentran atrapados entre los restos del catamarán.

Antes de que todo se fuera a pique, en unos instantes de angustia máxima, los pasajeros se colocaron los chalecos salvavidas, aunque no todos lo consiguieron a tiempo. Según algunas fuentes, entre los infortunados hubo varios niños y adultos. Los supervivientes cuentan que treparon hacia la popa, que era lo único que sobresalía del agua, o salieron nadando a través de las ventanillas destrozadas. Algunos se tropezaron con cuerpos flotantes. Casi una treintena de víctimas no pudo abandonar la cabina antes de que se inudara por completo.

Salto por la borda

Son varios los náufragos que coinciden en que solicitaron reiteradamente al capitán que diera media vuelta: «Ustedes no están acostumbrados a esto. No pasará nada», afirman que les respondió, antes de acelerar la nave en dirección a su destino, incluso con la vía de agua abierta. «El equipo (del barco) echó un vistazo y nos dijo que no había ningún problema grave, solo una junta suelta que estaba provocando una fuga», relató otro testigo. «Empezamos a gritar para que el barco se detuviera», recordó una mujer en CNN Turk. La desgracia «se presentía».

Al parecer, el capitán saltó por la borda al principio de la catástrofe, cuando el hundimiento era irremediable, y abandonó el barco «sin organizar nada». Serán los investigadores quienes deban ratificar este extremo, aunque el propietario local del ferry confirmó aparentemente el dato en el canal de televisión NTV, donde reprochó al oficial que fuera la primera persona en escapar, en contra de la tradición marítima, según informa el 'Cyprus Mail'. El empresario contó que, nada más tener conocimiento del siniestro, él salió con unos compañeros al rescate en un segundo buque turístico. «Vimos la embarcación ladeada. Había entre 80 y 90 personas a bordo. Estaban en buen estado. Nos atamos a ella y nos llevamos a unos 60 o 65 pasajeros», explicó. En ese momento, se percató de que entre los rescatados estaban el capitán y su primer oficial.

Tantos éstos como los siete restantes miembros de la tripulación permanecían este lunes detenidos, a la espera de que concluya la investigación sobre el accidente. En 2018, según el canal de televisión Sozcu TV, las autoridades del municipio de Hatay barajaron comprar el catamarán y encargaron un informe técnico cuyas conclusiones habrían indicado que era apto para navegar en aguas dulces, como ríos y lagos, pero no en mar abierta. De momento, sin embargo, la idoneidad o condiciones de la nave se mueven únicamente en el terreno de las presunciones.

La tensión se ha apoderado del puerto de Kyrenia, donde las familias aguardan el rescate de los desaparecidos. Decenas de allegados lloran y se sobresaltan cuando ven salir una ambulancia de la zona acotada donde ha sido levantada la base de los equipos de salvamento. Algunas personas han resultado sacudidas especialmente por la tragedia. Ayten y Hayri Bicen son la imagen más cruda de la desesperación. Los dos cónyuges aguardan en sendas sillas blancas, congestionados por el llanto, sin saber muy bien qué esperar después de que la Policía les haya informado que sus dos hijos, un niño de 6 años y una muchacha de 12, figuran entre los desaparecidos.

«No solté a mi hija. Lo juro, no la solté », solloza Ayten, la madre, mientras recuerda que mantuvo agarrada durante momentos infinitos a su hija en medio del caos para evitar que el agua la succionara. Pero entonces una maleta le cayó encima y rompió el abrazo. La mujer se desespera al contar que, aún así, pudo sujetar a la niña por un pie, pero el aceite de motor que embadurnaba sus zapatos le impidió retenerla. Ahora aguarda a los buzos de rescate.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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