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El despegue de China

El despegue de China
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Segunda potencia del mundo por dimensión de su PIB. Leer
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  • FRANCISCO CABRILLO
Actualizado 13 JUL. 2026 - 00:03En 1949, Mao Tse-Tung proclamó en Pekín la República Popular China.EXPANSION

Segunda potencia del mundo por dimensión de su PIB.

Es un gran error clasificar a los países en ricos y pobres -o avanzados y en vías de desarrollo- pensando que cada uno se sitúa de forma permanente en uno de los dos grupos. Lo cierto es, por el contrario, que algunas naciones han pasado por etapas muy diversas a lo largo de su historia. China es un buen ejemplo. Durante largo tiempo, esta nación fue vista en Occidente como un país de tecnología avanzada del que los europeos tenían mucho que aprender. Pero, con la revolución industrial, quedó rezagada y fue incluso objeto de ambiciones colonialistas por parte de las nuevas grandes potencias. Las cosas, sin embargo, volverían a cambiar.

En 1949, Mao Tse-Tung proclamó en Pekín la República Popular China. A lo largo de la primera mitad del siglo XX, la historia de esta nación había sido muy dura y convulsa. Desde la caída del imperio en 1912, el país había sufrido todo tipo de guerras y conflictos internos, que se vieron agravados por la ocupación japonesa y una larga lucha contra los invasores, que duró hasta la derrota definitiva del Japón en 1945. Pero esto no significó, en absoluto, la paz. Entre 1945 y 1949, China fue devastada por una guerra civil entre los republicanos del Kuomingtang de Chiang Kai Shek y los comunistas de Mao. Tras su victoria, éstos introdujeron cambios radicales en la política y en la economía, dirigiendo el país hacia un modelo de tipo soviético, aunque siempre manteniendo características propias relevantes.

En esta línea, el gobierno aprobó en 1953 su primer plan quinquenal. Y, en los años siguientes, se intentó conseguir lo que, en el lenguaje de la propaganda oficial, se denominó "el gran salto adelante". Se trataba, en esencia, de desarrollar el país mediante una industrialización acelerada y una colectivización de la agricultura; pero la experiencia, como en tantos casos similares, fracasó. Los resultados de la planificación fueron muy negativos. Hubo hambres terribles, que ocasionaron millones de muertos; y, más tarde, el país cayó en un caos total como consecuencia de la denominada revolución cultural, dirigida a reforzar el poder del propio Mao, apoyado por las fuerzas más radicales del partido comunista.

Unos años después, sin embargo, las cosas cambiaron drásticamente. Tras la muerte de Mao, llegó al poder Den Xiao-Ping, que había sido víctima de la revolución cultural. Era 1978; y, a partir de aquel momento, la economía china fue reformada por completo. Se abandonó la colectivización de la agricultura; se fomentó el desarrollo de la empresa privada; el país aceptó grandes inversiones provenientes del exterior; se cerraron numerosas empresas públicas ineficientes y se privatizaron otras. Rasgo clave de las reformas fue la apertura al comercio internacional. China se convirtió en la principal nación exportadora del mundo. Y todo ello se hizo sin introducir grandes modificaciones en la organización política de la nación. Al asentarse las reformas, se comprobó que, por extraño que pudiera parecer, la economía capitalista era compatible con el sistema de partido único. Y la oferta que, desde el Partido Comunista Chino, se hizo a los empresarios del país para que se integraran en sus filas es una buena muestra de la peculiaridad del modelo.

Intervencionismo

Esto no significa que China respete todas las instituciones y usos que consideramos característicos de una economía de libre mercado. De hecho, el intervencionismo del estado sigue siendo muy importante y el papel del Partido Comunista decisivo en muchos casos. Pero ha conseguido crear una estructura que incentiva la búsqueda del beneficio privado y la actividad empresarial. Esto, en una economía con grandes recursos humanos, ha sido un motor de gran potencia para el crecimiento económico. Reformas tan básicas como garantizar a los agricultores el derecho a producir lo que consideren oportuno y guardar para sí el valor de sus cosechas; o la posibilidad de poseer tierras y viviendas y obtener de ellas ingresos han cambiado la mentalidad de la gente. China fue siempre una nación de comerciantes, que durante mucho tiempo estuvo reprimida por el Estado. Y la simple decisión de dar libertad a sus agentes económicos ha cambiado al país.

El resultado de estas reformas en el nivel de vida de sus habitantes ha sido espectacular. Y hoy China es la segunda economía del mundo por la dimensión de su PIB, sólo superada por los Estados Unidos. Pero la pregunta que mucha gente se plantea en la actualidad es: ¿dónde estará el límite de este crecimiento extraordinario? La respuesta a esta cuestión no es fácil. Las estructuras y los organismos administrativos y reguladores característicos de un país en vías de desarrollo -y en algunos aspectos China aun lo es- no son los mismos que su economía necesita cuando se aproxima a la madurez. Por ello, de la modernización de sus instituciones y sus finanzas va a depender, en buena medida, el futuro económico de esta gran nación. Confiemos en que China siga creciendo a buen ritmo a lo largo de los próximos años. A todos nos conviene.

Francisco Cabrillo, catedrático Emérito de Economía de la Universidad Complutense

Fundación Civismo

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Fuente original: Leer en Expansión
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