¿Comunidad o infantilización? Surgió para echarnos unas risas y romper estereotipos, pero tiene un coste: «En vídeos tan cortos es difícil separar ironía y realidad»
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Regala esta noticia (Adobe Stock / R. C.) 02/05/2026 Actualizado a las 00:04h.Solo soy una chica», «mates de chicas», «cena de chicas»… Si eres usuario de redes sociales, sobre todo de Instagram y TikTok, ya te habrás ... encontrado con alguno de estos hashtags. Son etiquetas creadas para generar complicidad entre mujeres y hacer un ejercicio de 'autoironía'. O al menos, así nacieron con la intención, además, de romper con los estereotipos de género. Sin embargo, cada vez más voces las cuestionan: ¿Y si en vez de comunidad lo que ocurre es que están «infantilizando y simplificando» lo que significa ser mujer?
Sin embargo, esa desenfadada cena tiene una cara B: si se deja de lado el humor, puede acabar encasillando a las mujeres de forma simplista. «Que sean vídeos tan compartidos y repetidos puede hacer pensar -sobre todo a personas no familiarizadas con su sentido original- que esas situaciones mostradas en tono humorístico son una práctica habitual», describe la experta. Así, la 'girl dinner' pasa de reflejar a mujeres con poco tiempo y una actitud despreocupada a presentarlas como personas caprichosas y vagas.
Algo similar ocurre con las denominadas 'mates de chicas' ('girl maths'). Este 'trend' comenzó como una broma sobre distintas lógicas internas para justificar compras. Un ejemplo: en vez de coger solo una prenda en una tienda online, cojo dos porque así consigo el envío gratis. Pasó de ser una forma divertida de identificarse entre mujeres a insinuar que no sabemos hacer cálculos porque, en realidad, no ahorramos nada, sino que nos gastamos más dinero.
Falta de contexto
El fenómeno, y también la confusión, se explica en gran parte por la etiqueta. «Se basa en sumar la palabra 'chica' a otra que en principio no tiene ninguna connotación particular, como 'mates' o 'cena'. Pero es el vídeo que acompaña el que construye ese campo semántico de significados añadidos», afirma Martínez. Para generar la ironía o «darle la vuelta» a un estereotipo es necesario un contexto que suele faltar en redes sociales, lo que termina provocando malentendidos. «En un vídeo de apenas 25 segundos, en el que rara vez se leen las descripciones (el texto que aparece debajo), es difícil saber si se están perpetuando estos estereotipos o riéndose de ellos», indica la docente.
A esto se suma la dificultad para diferenciar entre entretenimiento y otros tipos de contenido: «En redes todo aparece mezclado, sin secciones como las que puede haber en un periódico. Además, hay usuarios con intereses estratégicos que aprovechan la visibilidad de una tendencia para difundir visiones distorsionadas», añade Martínez. Precisamente, esa ambigüedad en su interpretación ha permitido que el fenómeno se mantenga en el tiempo, a pesar de que este tipo de dinámicas suelen ser efímeras. «Que haya intereses que tiran en direcciones distintas hace que no caiga en desuso».
Público vulnerable
¿Nos debe preocupar esta transformación? «Puede ser especialmente perjudicial para un público adolescente, que todavía no tiene una imagen clara de la sociedad y está construyendo su propia identidad», sostiene la docente de la UOC. Y esta es, precisamente, la gente que consume redes sociales y la que, pese a detectar la desinformación que hay en ellas (que es considerable), no lo contrasta (solo lo hace un 13%).
«Puede ser perjudicial para los adolescentes, que aún no tienen una imagen clara de la sociedad»
Silvia Martínez
Profesora de LA UOC
Una de las posibles soluciones para que fenómenos como este no se vuelvan en contra, es decir, para evitar malentendidos, es ser más explícitos con el contenido que se comparte. «En redes, hacer visibles las claves de interpretación es mucho más complicado, porque todo se mezcla. Pero se puede recurrir al hashtag #humor», desliza la experta.
Tampoco es fácil prever la conexión mental que hará cada persona entre los vídeos que le aparecen antes y después de los relacionados con «las girls». «Antes había más control sobre lo que llegaba al muro (solo cuentas que seguías, etc.), ahora lo decide el algoritmo. Por eso, es tan importante dejar pistas que faciliten la interpretación de los mensajes. Las connotaciones están ahí, pero las lecturas que se hacen son muy poco claras», concluye.
Del 'women power' a las 'girls'
El desplazamiento del «women power» al universo de las «girls» no es casual ni reciente, sino el resultado de un cambio cultural que las redes sociales han amplificado, según la profesora de la UOC Silvia Martínez. «Antes incluso de TikTok o Instagram, ya existía el concepto de 'noche de chicas', asociado a una idea de complicidad, ocio y ligereza», admite. En ese contexto, no sorprende que términos como 'girl dinner' o 'girl maths' se hayan popularizado como códigos de humor y pertenencia. El problema, según la experta, surge cuando esa aparente inocencia deriva en una mirada condescendiente que, «bajo la capa de ironía, puede acabar reduciendo y simplificando la identidad femenina».
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