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El entorno de Trump prepara el terreno para dar por terminada la guerra en Irán, cantar victoria y frenar su caída en los sondeos

El entorno de Trump prepara el terreno para dar por terminada la guerra en Irán, cantar victoria y frenar su caída en los sondeos
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Acabar la guerra antes de tiempo puede tener unas consecuencias terribles para Estados Unidos y el resto del mundo… pero prolongarla solo está dañando la imagen de Trump entre su electorado. Más información: Trump se enfanga en la guerra con Irán reproduciendo errores del pasado y complicándose las elecciones legislativas

Soldados israelíes caminan junto a una valla publicitaria encargada por un grupo evangélico, que muestra una imagen de Donald Trump Nir Elias Reuters

EEUU El entorno de Trump prepara el terreno para dar por terminada la guerra en Irán, cantar victoria y frenar su caída en los sondeos

Acabar la guerra antes de tiempo puede tener unas consecuencias terribles para Estados Unidos y el resto del mundo… pero prolongarla solo está dañando la imagen de Trump entre su electorado.

Más información:Trump se enfanga en la guerra con Irán reproduciendo errores del pasado y complicándose las elecciones legislativas

Publicada 13 marzo 2026 02:55h

Las claves nuevo Generado con IA

Las palabras del nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, su intención de seguir la lucha y su invitación a los hutíes a unirse a la defensa de sus intereses comunes dejan a la Administración Trump en una posición muy complicada ante su propia base de electores.

Si el estrecho de Ormuz sigue cortado y los hutíes retoman los ataques contra las embarcaciones que entren por el golfo de Adén, los precios crecerán exponencialmente en todo el mundo y, en consecuencia, también en Estados Unidos.

Después de casi dos semanas de guerra, en la Casa Blanca parecen tener cada vez más claro que no habrá "rendición incondicional" iraní.

Es un escenario que ha tomado por sorpresa a Donald Trump y a asesores como Steve Witkoff, quien ya decía en su momento no entender cómo los ayatolás no llegaban a un acuerdo en las negociaciones pese a tener los más importantes portaaviones estadounidenses a pocos kilómetros de sus costas.

Buena parte de culpa la puede tener, de hecho, el confiar en alguien como Witkoff o como Jared Kushner, yerno del presidente, para negociaciones diplomáticas de altísimo nivel en las que no tienen apenas experiencia.

Kushner formó parte del equipo que hizo posible los Acuerdos de Abraham en 2020, pero eso fue gracias a sus inmejorables relaciones con figuras clave de los Emiratos Árabes Unidos.

Los ayatolás son otra cosa y siempre ha sido mejor que las guerras las esquiven los que algo saben de ellas.

De lo contrario, uno se puede encontrar en la situación actual, en la que, sí, el Ejército estadounidense está mostrándose muy superior al iraní, pero el fin del conflicto no se ve por ningún lado.

Algo parecido a lo que se vio durante casi dos años en Gaza, donde las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) no dejaban de bombardear la Franja, sin conseguir que Hamás se rindiera.

De hecho, aún en la actualidad, la banda terrorista proiraní sigue ostentando el poder a la espera de que la Junta de Paz imponga de alguna manera el anunciado gobierno interino.

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Críticas de Rogan

Eso coloca a Trump en un tremendo apuro ante sus electores. Les había prometido que él no entraría en ninguna guerra a miles de kilómetros de distancia y que arreglaría el problema de la inflación en unos pocos meses.

Si incumple las dos promesas a la vez, su reputación se verá seriamente dañada. Líderes del populismo mediático que le apoyaron en su momento, como Tucker Carlson o, especialmente, el podcaster Joe Rogan, llevan tiempo criticando durísimamente el "engaño" de Trump, impasibles ante la propaganda oficialista y su euforia exacerbada.

Aunque la base del movimiento MAGA, según las encuestas, sigue defendiendo mayoritariamente a Trump, lo cierto es que la guerra es muy impopular en Estados Unidos, básicamente porque nadie acaba de tener claro cuál es la excusa.

Se suponía que el programa nuclear iraní había sido aniquilado en junio de 2025, ¿a qué viene ahora esta urgencia? Entre los demócratas, por supuesto, el rechazo a la operación es casi unánime. El problema para Trump es que solo uno de cada cinco independientes le apoya… y los independientes son los que dan y quitan elecciones.

En términos generales, la popularidad de Trump, según la media ponderada del prestigioso estadístico Nate Silver, está en el 41%, unas décimas por encima de cuando se publicaron las más polémicas imágenes de los archivos de Jeffrey Epstein… pero casi un punto y medio por debajo de cuando empezó la guerra.

La bajada está llamada a seguir si suben los precios, especialmente la gasolina y los fertilizantes, que tanto afectan a la economía de la América profunda.

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Una Furia Épica cada seis meses

De ahí que, en el entorno de Trump, los esfuerzos se centren ahora mismo, por un lado, en intentar justificar la intervención y, por otro, en sentar las bases para una salida honrosa que pueda definirse como victoria.

El problema es que ambas cosas a menudo son irreconciliables, es decir, si el objetivo era cambiar el régimen o acabar al menos con su liderato, es imposible celebrar el triunfo con Jamenei en el poder.

Si era acabar con la capacidad militar iraní, es difícil retirarse triunfante mientras los persas siguen bloqueando Ormuz con sus minas y sus drones.

La última definición es la de la citada "rendición incondicional… lo reconozcan ellos o no". Una definición así da bastante margen, pero también requiere de unas tragaderas enormes por parte de la opinión pública porque es un sinsentido absoluto.

Uno no puede decidir que el otro se ha rendido, aunque, según Trump, en el momento en el que a Irán no le queden misiles que enviar ni le queden drones ni tenga en pie fábricas para rehacer el arsenal, la derrota será tan absoluta que equivaldrá a una rendición. Benjamin Netanyahu se pronunció este jueves en sentido parecido.

Eso obvia que, en cuanto Estados Unidos dé la operación por terminada, Rusia y China volverán a armar a Irán, el régimen se recompondrá, y tendremos un Martillo de Medianoche o una Furia Épica cada seis o siete meses, con el coste inmenso que eso supone para el erario estadounidense.

Según los cálculos del Pentágono, solo en los primeros seis días de guerra, los gastos habrían sido de 11.300 millones de dólares.

Para un país con una deuda pública de 38.500 millones —con China como segundo acreedor, solo por detrás de Japón— hablamos de cantidades inasumibles.

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"Cuando Trump decida"

Nadie sabe en la actualidad lo que quiere hacer Trump.

En conversación telefónica con los líderes del G7, volvió a ser tan ambiguo que algunos pensaron que quería acabar ya la guerra y otros, que quería prolongarla tres o cuatro semanas.

En un principio, ese era el plan, pero, en la situación económica actual, parece muchísimo tiempo.

El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ya dijo hace un par de días, que la guerra acabará "en cuanto Trump lo decida" y parece que el entorno estaría encantado de que fuera lo antes posible.

Tal vez una intervención militar en la isla de Jark, donde Irán guarda buena parte de sus reservas de petróleo, sin bombardearla ni acabar con dichas reservas, lo que solo empeoraría el problema, sería el éxito que justificara el fin de la operación… pero a la vez obligaría a Estados Unidos a dejar ahí a parte de su Ejército y hacer frente a posibles contraataques iraníes.

Un escenario de pesadilla para los aislacionistas de MAGA, empezando por el vicepresidente J. D. Vance, que se ha apartado de manera voluntaria de todo lo relativo a esta operación.

Todo lo demás sería un acto de fe similar al de junio de 2025.

Trump puede decir "ya no les quedan misiles" y proclamarse victorioso como lo hizo entonces… pero ¿quién va a verificar eso y cómo quedaría el presidente en caso de que uno de esos misiles inexistentes golpeara una base estadounidense en Baréin o en Kuwait y matara o hiriera a algún soldado?

El riesgo de acabar prematuramente la guerra, sin conseguir ninguno de los múltiples objetivos cambiantes, es enorme: tanto para la estabilidad de la zona, como para el propio prestigio de Trump.

Ahora bien, continuarla indefinidamente parece ahora mismo un peligro aún mayor de cara a la economía de todo el planeta y, en clave interna, para que el Partido Republicano aguante el pulso en las midterms de noviembre.

Irán acabó políticamente con Jimmy Carter y puede acabar con Trump y el Partido Republicano salvo un golpe de auténtico genio.

El problema es que, en vez de genios, el presidente decidió rodearse de aduladores incapaces de decirle que no a nada. Las consecuencias de tamaña irresponsabilidad, tarde o temprano, tenían que hacerse visibles.

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