El gobernador de Luisiana, Jeff Landry, camina en la Sala Roosevelt de la Casa Blanca. Carlos Barria Reuters
Europa El enviado especial de Trump visita Groenlandia para "hacer amigos" pero sólo reaviva las amenazas de anexión de EEUUEl gobernador republicano de Luisiana, fiel a las tesis MAGA, aterriza por primera vez en la isla del Ártico desde que Trump le encargó en diciembre impulsar la anexión del territorio. No fue bien recibido.
Más información:Naaja Nathanielsen, ministra de Groenlandia: "EEUU no puede comprarnos como pueblo con un cheque, es insultante"
Álvaro Escalonilla Publicada 21 mayo 2026 02:35h Las clavesLas claves Generado con IA
Jeff Landry (St. Martinville, Luisiana, 55 años) aterrizó el pasado lunes en Groenlandia con la intención de "ver tantas cosas como sea posible, hablar con la gente y hacer tantos amigos como pueda". No consiguió este último cometido, sin embargo. Y tampoco se ganó la confianza de los más pequeños. Ofreció "galletas con pepitas de chocolate" a un niño, y a otro le preguntó si quería hacerse una foto con él. "No, gracias", le respondieron ambos casi sin inmutarse.
"¡No venga aquí, váyase a casa!", le espetó una señora mientras el gobernador republicano de Luisiana, flamante enviado especial de Donald Trump para la isla del Ártico, paseaba por su capital, Nuuk, en compañía de Jørgen Boassen, su guía turístico personal, un albañil conocido en Groenlandia por su trumpismo desbocado.
Trump le pide a Dinamarca pasar de una a cuatro bases en Groenlandia para renunciar a su anexiónEra la primera visita de Landry a Groenlandia desde que Trump le encargó en diciembre el cometido de arrancarle a Dinamarca la soberanía de la isla, y no estuvo exenta de polémica. Bien es cierto que el propio Landry se encargó de abonarla con sus declaraciones públicas. "Descubrí que Groenlandia no estaba en el mapa hasta que Donald Trump la puso en el mapa", llegó a decir frente a un nutrido grupo de periodistas
El dirigente republicano no comprendió, sin embargo, por qué su visita había levantado tanta hostilidad. "Creo que la resistencia o preocupación que se ha generado en el país se basa en malentendidos o narrativas creadas por desinformación en internet o simplemente por un mal periodismo", examinó.
"Hubo una enorme reacción negativa que, sinceramente, parecía venir más de Europa que de Groenlandia. Hay que recordar que fui invitado a una carrera de trineos tirados por perros", deslizó en otra entrevista.
En realidad, el empresario del sector turístico que invitó a Landry a la tradicional carrera de trineos, conocida como Avannaata Qimussersua, retiró en enero su ofrecimiento para alivio de los organizadores del evento.
Esta vez, el gobernador republicano se plantó en Groenlandia porque así se lo había pedido Trump. "Me dijo: 'Ve allí y haz un montón de amigos, tantos amigos como podamos'", confesó en declaraciones a la cadena de televisión danesa TV2. En cambio, según una fuente diplomática citada por el diario británico The Telegraph, el gobernador de Luisiana "se invitó a sí mismo".
Desde luego, en Groenlandia nadie lo esperaba, y sin embargo consiguió reunirse con el primer ministro, Jens-Frederik Nielsen, y su titular de Exteriores, Múte B. Egede. En el mismo encuentro también estuvo presente el embajador de Estados Unidos en Dinamarca, Kenneth Howery, cofundador de PayPal sin apenas experiencia diplomática.
Nielsen describió la reunión como "constructiva", pero reconoció que no había percibido ninguna señal de que Estados Unidos hubiera cambiado su postura. Siguen ambicionando su soberanía. Por eso, el líder de los liberales de Demokraatit rechazó asistir a la inauguración del nuevo consulado de Washington en Nuuk.
Personas participan en una protesta contra la exigencia de Donald Trump de que la isla ártica sea cedida a EEUU, frente al consulado estadounidense en Nuuk. Marko Djurica Reuters
Obsesión sanitaria
Conocido por su afición a la caza de caimanes, Landry no voló en solitario hasta Nuuk. Entre los integrantes de su delegación —que viajó cargada de cajas de cartón llenas de gorras rojas MAGA que el propio Landry no consiguió repartir— figuraba Joseph Griffin, un cirujano vascular de Baton Rouge, Luisiana, interesado el sistema sanitario local, de financiación pública.
"Me gustaría tener conversaciones con la gente, preguntarles cómo es su experiencia con la atención médica. Y si existe alguna oportunidad para ayudar o hacer algo mutuamente beneficioso con el pueblo groenlandés, estaríamos abiertos a ello", explicó el propio Griffin en declaraciones a la cadena TV2.
Las palabras del cirujano no sentaron bien en la isla. La ministra de Salud de Groenlandia, Anna Wangenheim, lo consideró un desprecio y escribió en la red social LinkedIn que era "profundamente problemático que personas con una agenda política para convertir Groenlandia en parte de Estados Unidos envíen a un supuesto 'médico voluntario' a Nuuk para 'evaluar nuestras necesidades'".
"Los groenlandeses no son sujetos de prueba en un proyecto geopolítico", zanjó la publicación de Wangenheim, cuyo Ministerio aseguró no tener conocimiento "de ningún plan para una reunión" con Landry o alguno de sus acompañantes.
Jens-Frederik Nielsen, primer ministro de Groenlandia. Liselotte Sabroe Reuters
La obsesión de Trump con la salud de los groenlandeses es llamativa. En febrero, el inquilino de la Casa Blanca propuso enviar a la isla del Ártico un barco hospital. Nunca llegó.
Con todo, Landry aseguró que abandonaba Groenlandia con buenas sensaciones. El enviado especial de Trump concluyó que "existe una falta de comercio directo entre Groenlandia y Estados Unidos", y quiso ponerle remedio. Aprovechar una oportunidad que las administraciones estadounidenses previas dejaron pasar.
Landry pretende poner a Trump al corriente del enorme potencial que atesora la isla, como si su jefe lo ignorara. "La gente merece la oportunidad de tener una relación sólida con Estados Unidos", declaró el gobernador de Luisiana a la Corporación Radiodifusora de Groenlandia (KNR, por sus siglas). "No creo que ningún otro país tenga realmente la capacidad de sacar a las personas de la dependencia del Estado hacia la autosuficiencia y la independencia".
—¿Siguen Trump y usted queriendo tomar Groenlandia? —le preguntó el periodista de la KNR.
—La persona más indicada para responder esa pregunta es el presidente de Estados Unidos —respondió Landry—. Pero creo que, ante todo, lo que quiere el presidente de Estados Unidos es garantizar que el hemisferio occidental sea seguro y que los países del hemisferio occidental compartan todas las oportunidades que ofrece Estados Unidos, la mayor economía del mundo.
Landry había dejado claro en la misma entrevista que "esto podría convertirse en una gran oportunidad de coexistencia entre Europa, Groenlandia y Estados Unidos, con Estados Unidos liderando. Y eso no es territorio desconocido, porque Estados Unidos lideró la reconstrucción de Europa después de la Segunda Guerra Mundial. No es como si Europa hubiera construido sola la Europa que vemos hoy".
—¿Pero eso requeriría que Estados Unidos integrara de alguna forma a Groenlandia?
Naaja Nathanielsen, ministra de Groenlandia: "EEUU no puede comprarnos como pueblo con un cheque, es insultante"—No lo sé. Antes que nada, hay que mantener un diálogo abierto y tener una conversación. Estoy seguro de que el grupo de trabajo está manteniendo ese tipo de discusiones. También estoy seguro de que presentarán un posible marco al presidente.
El Gobierno groenlandés no detectó que hubiera remitido el apetito de Trump por la isla —"un gran trozo de hielo mal gestionado", como él mismo la definió—, y tampoco varió un ápice su postura frente a sus amenazas de anexión. "Tenemos nuestras líneas rojas. Y por muchas galletas de chocolate que recibamos, no vamos a cambiarlas", declaró Nielsen, con cierta retranca, a la radiotelevisión pública danesa DR. "No cederemos nuestra soberanía".