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La victoria de Radev preocupa en Bruselas. AFP El exgeneral prorruso Rumen Radev cobra ventaja en las elecciones de BulgariaHabría obtenido una ventaja sustancial pero insuficiente para gobernar en solitario, algo que preocupa a Bruselas
Berlín
Domingo, 19 de abril 2026, 21:33
... la encuesta a pie de urna de la agencia Alpha Research. De confirmarse en el recuento, sería una victoria clara, pero insuficiente para gobernar en solitario. Otras encuestas dan a Bulgaria Progresista, la formación creada por Radev después de dimitir como jefe de Estado en enero, el 37,5% y el 39,2% de los votos.Noticia relacionada
Un pivote nacional
De acuerdo a estas encuestas a pie de urna, el partido Vazrazhadane, de tendencia nacionalista, euroescéptica y prorrusa, habría obtenido apenas un 5% de los votos, mientras que Izquierda Unida (BSP), socialdemócrata tradicional, no entraría en el parlamento. Fuerzas más liberales y proeuorpeas como GERB-UDF y PP-DB, tampoco podrían sumar fuerzas para formar gobierno, una tarea que se presenta por lo tanto complicada.
«Estamos preparados para ofrecer diferentes opciones para que Bulgaria tenga un gobierno estable», ha dicho Radev en sus primeras declaraciones tras el cierre de las urnas. «Dos cosas son seguras hasta ahora. Una es que estamos ganando las elecciones de forma convincente. La segunda es que formaremos un gobierno», ha declarado por su parte Anton Kutev. «Vinimos no porque queramos poder, sino para cambiar Bulgaria. La Unión que buscamos será la que nos permita formar un gobierno estable y reformar el Consejo Supremo Judicial para cambiar al Fiscal General. Estos son los puntos de partida. Si miramos la reforma judicial, no creo que GERB sea un posible socio, y el gobierno no durará mucho si no llevamos a cabo la reforma judicial», ha añadido.
Cuando Rumen Radev apareció por primera vez en la escena política búlgara, fue descrito por analistas internacionales como un «presidente accidental». Era un general de las Fuerzas Aéreas, sin partido, sin aparato y sin ambición pública conocida, que ofrecía solamente la imagen de un liderazgo efectivo y aferrado a las tradiciones búlgaras, a la decencia y a la línea de mando.
Ahora, una década después, su figura se ha convertido en uno de los ejes alrededor de los cuales gira la política del país. Su pensamiento, su idea de Bulgaria y su relación con Rusia han terminado convertidos en un proyecto político con identidad propia.
Nacido en 1963 en Dimitrovgrad, Radev creció en un entorno marcado por la disciplina y la movilidad social a través del mérito. Su carrera militar fue impecable: piloto de caza, comandante de base aérea, general de división y, finalmente, comandante de las Fuerzas Aéreas. Sus colegas lo describen como un hombre metódico, reservado y extremadamente exigente consigo mismo. Su formación en la Academia de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en Alabama, un detalle que suele recordarse para subrayar su familiaridad con estructuras militares occidentales, reforzó su reputación de profesional técnico, más que ideológico.
Cuando, en 2016, aceptó ser candidato presidencial, lo hizo como independiente apoyado por el Partido Socialista, pero sin integrarse en él. Su discurso no encajaba del todo en las categorías tradicionales: hablaba de soberanía, de dignidad nacional, de instituciones limpias y de un Estado que no debía ser «ni satélite ni vasallo». Ese lenguaje, que algunos interpretaron como populista y otros como republicano en sentido clásico, comenzó a conectar sin embargo con un electorado cansado de la inestabilidad.
Su programa gira constantemente en torno a la soberanía nacional. Para Radev, Bulgaria debe actuar como un Estado plenamente autónomo dentro de la UE y la OTAN, no como un actor subordinado. En sus intervenciones públicas insiste en que la integración europea no debe confundirse con obediencia automática.
El segundo eje de su pensamiento político es la lucha contra la corrupción, un tema que ha marcado toda su presidencia. Radev ha sido uno de los críticos más duros de los gobiernos de Boyko Borissov, a los que acusó repetidamente de capturar instituciones y de permitir redes de influencia oligárquica. Su enfrentamiento con el fiscal general Ivan Geshev reforzó su imagen de presidente dispuesto a desafiar estructuras de poder tradicionales. Para sus partidarios, fue símbolo de regeneración institucional; para sus detractores, fue una muestra de intervencionismo político.
Su tercer pilar es su visión social del Estado. Aunque no se define como socialista, insiste en la desigualdad, las mejoras de los servicios públicos y la protección social.
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