El expríncipe Andrés en una fotografía tomada en 2015, en Londres. Gtres
Casas Reales NUEVO ESCÁNDALO El expríncipe Andrés cobró del erario público "servicios de masajes" cuando ejerció como enviado de comercioLos hechos se remontan a los años comprendidos entre 2001 y 2011. Se abrirá una investigación para esclarecer estos gastos sufragados por el Estado.
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Jesús Carmona Publicada 23 febrero 2026 11:11hAndrés Mountbatten-Windsor (66 años), antiguo duque de York, vuelve a estar bajo el foco por su cuestionado uso de dinero público durante los años en que ejerció como enviado especial de comercio del Reino Unido.
Sobre esa década de actividad, entre 2001 y 2011, empiezan ahora a aflorar testimonios internos que describen un patrón de gastos considerados excesivos, cierta cultura de impunidad y una llamativa falta de control sobre cómo se utilizaban los recursos sufragados por los contribuyentes.
Según relatan exaltos funcionarios británicos ya jubilados, uno de los episodios que más indignación generó en su momento fue una reclamación para que el Estado cubriera "servicios de masajes" disfrutados por Andrés durante una visita oficial a Oriente Medio.
Un funcionario del entonces departamento de Comercio, molesto por la petición, se negó inicialmente a autorizarla al considerar que era impropia, pero asegura que sus superiores terminaron dando luz verde al pago.
Paul Burrell, exmayordomo del rey Carlos III: "Andrés era terco, malcriado y arrogante. Ha puesto a la Corona de rodillas"El exduque de York, en una fotografía de archivo. Gtres
Años después, el mismo empleado admite su frustración: ve en aquel gesto una ocasión perdida para poner freno a un comportamiento que ya entonces le parecía inapropiado.
La cadena pública británica ha recogido estas denuncias, aunque subraya que no ha podido ver la factura concreta de aquel masaje, ocurrido hace más de veinte años.
Sí ha tenido acceso, en cambio, a documentación que acredita que los denunciantes trabajaban en el área responsable de estos gastos durante el periodo en cuestión.
Un segundo exalto funcionario de Whitehall, que supervisaba las finanzas en el ámbito comercial, describe un esquema más amplio de dispendio: vuelos que califica de excesivos, un número "irrazonable" de habitaciones de hotel para el expríncipe y su séquito.
Este responsable financiero asegura que, a pesar de su obligación de velar por el gasto, encontraba grandes dificultades para seguir la pista al dinero.
Andrés Mountbatten-Windsor, en una fotografía de archivo. Gtres
Los costes, afirma, se diseminaban entre distintos presupuestos y partidas, de modo que resultaba casi imposible reconstruir el cuadro completo de lo que costaban realmente las giras del enviado real.
La sensación que transmite es la de una "contabilidad opaca", donde el volumen y el destino final de los fondos quedaban deliberadamente difuminados. Ambos exfuncionarios coinciden en señalar la deferencia extrema hacia el entonces príncipe Andrés.
Esa actitud reverencial, especialmente visible entre los cargos más altos, habría creado un entorno en el que casi nadie se atrevía a cuestionar sus decisiones o a poner límites a su estilo de vida en viaje oficial.
Uno de ellos recuerda que las autorizaciones de viaje recibían un "sello de goma", es decir, un visto bueno automático, sin apenas escrutinio real.
Con el tiempo, algunos de quienes trabajaron en esa maquinaria burocrática han llegado a la conclusión de que se intentó elevar preocupaciones internas y que, simplemente, fueron ignoradas.
Uno de los denunciantes contactó inicialmente con el historiador Andrew Lownie, autor de una biografía crítica de Andrés, al escucharle decir que nadie en el Gobierno había alzado la voz: quiso dejar constancia de que sí hubo advertencias, aunque nunca prosperaron.
El expríncipe Andrés en una imagen de archivo. Gtres
Las nuevas revelaciones se enmarcan en un clima ya cargado por la larga sombra del caso Jeffrey Epstein, el financiero condenado por delitos sexuales cuya relación con Andrés ha provocado el descrédito público del príncipe y su retirada de la vida oficial.
El duque siempre ha negado haber cometido ilegalidad alguna y rechaza haber obtenido beneficios personales de su cargo como enviado comercial.
No es la primera vez que el gusto de Andrés por los masajes aparece en declaraciones y documentos. Un exempleado de Epstein en Florida afirmó ante la justicia estadounidense que el príncipe recibía "un masaje diario" durante sus visitas.
En correos relacionados con el entorno de Epstein surgió también un libro de contabilidad con pagos a nombre de un 'Andrew' por este tipo de servicios, aunque no hay certeza de que se refiera al exduque de York.
La biografía de Lownie recoge, además, que en un viaje oficial Andrés habría pedido a un embajador que organizara un masaje para él.
Pese a todas estas alusiones, las fuentes que ahora hablan insisten en que, en lo que respecta a su actuación como enviado, no están señalando delitos concretos sino un patrón de conducta discutible y un manejo descuidado -cuando no irresponsable- de fondos públicos.
El puesto de enviado comercial que ocupó Andrés entre 2001 y 2011 era, sobre el papel, no remunerado. Sin embargo, el duque contaba con el apoyo permanente de funcionarios públicos y con financiación del Estado para sufragar su intensa agenda de viajes al extranjero.
La opacidad sobre el detalle de esos años es, precisamente, uno de los puntos que más irrita a quienes reclaman transparencia.
Diputados del Comité de Negocios y Comercio prevén reunirse para estudiar la apertura de una investigación específica sobre estas figuras y su responsabilidad ante el gasto público.
Los Liberal Demócratas preparan un debate monográfico en la Cámara de los Comunes, y figuras conservadoras como el exministro Tom Tugendhat han pedido ya que un panel mixto de diputados, lores y jueces examine a fondo la conducta del expríncipe.