El 250º aniversario de la Declaración de Independencia ocurre en un momento en el que EE.UU., en plenas turbulencias por el 'trumpismo', se abre al mundo por el Mundial. La paradoja es que el menos americano de los deportes, el 'soccer', es un argumento para la unión
Regala esta noticia Añádenos en GoogleJavier Ansorena
Enviado especial a Filadelfia
04/07/2026 Actualizado a las 14:14h.«Aquí pasaron cosas de verdad, se cambió el rumbo del mundo». Louie, un jubilado que vive en Virginia Occidental, lo dice mirando a Independence ... Hall, un edificio de ladrillo rojo de mediados del siglo XVIII. Estamos en Filadelfia y no exagera. Allí se reunieron en 1776 algunos de los Padres Fundadores de EE.UU. -John Adams, Thomas Jefferson, Benjamin Franklin, entre otros- para debatir y firmar la Declaración de Independencia, el momento fundacional de EE.UU. Cuando Louie piensa en lo que eso significa «se me ponen los pelos de punta», dice mostrando su brazo erizado.
En el estadio de los Eagles del fútbol americano, cerca de 70.000 franceses, paraguayos, estadounidenses y gentes de todo lugar y procedencia se unirán para la doble celebración: la FIFA ha diseñado actuaciones especiales con motivo del 4 de julio en los dos partidos que se juegan hoy, el Francia-Paraguay y el Canadá-Marruecos, este último en Houston.
El aniversario ocurre en un momento en el que el mundo mira a EE.UU. por el Mundial. Miles de millones de personas de todo el planeta conectan cada día con los estadios de la primera potencia mundial para seguir los partidos. Varios millones han viajado hasta aquí para vivirlo en directo. Es un encuentro que ocurre entre el simbolismo del aniversario y las turbulencias de la segunda presidencia de Donald Trump, que ha profundizado la división en EE.UU. y ha tensado las relaciones con países aliados de todo el mundo.
Un estudio reciente de Pew Research muestra cómo la confianza de algunos grandes socios de EE.UU. se ha desplomado en los últimos cuatro años. Por ejemplo, con su vecino y también país organizador del Mundial, Canadá, donde el 83% consideraba a EE.UU. un socio fiable, y ahora solo lo considera un 35%. Ocurre lo mismo en Alemania -ha pasado del 83% al 39%-, en Francia -del 62% al 27%-, en Italia -del 73% al 34%-, en España -del 68% al 31%- e incluso en Reino Unido -del 82% al 49%-.
«El mundo no ve bien a nuestro país por nuestro presidente», dice Linda, que ha venido a presentar sus respetos a los Padres Fundadores con unos pendientes con la bandera del país. «Yo estuve en este mismo sitio hace cincuenta años, en el 200º aniversario», añade cerca de ella Tricia. «Este momento es muy diferente. No se siente que haya tanto que celebrar. Hay una sensación de peligro, de fragilidad, de tristeza», asegura, en un momento en el que parte de EE.UU. considera que Trump supone una amenaza para la democracia que cumple años. Son opiniones fáciles de encontrar en Filadelfia, una ciudad de fuerte implantación demócrata. Pero también hay miradas diferentes. «El lugar de EE.UU. en el mundo está cambiando, pero el mundo necesita a EE.UU.», dice Ashish, de Texas, haciendo esfuerzos para hablar en español. «Porque cuando EE.UU. lidera, todo el mundo tiene más oportunidades de participar en los ideales de la democracia», asegura envuelto en una bandera de EE.UU. Él reconoce que por supuesto hay diferencias en EE.UU.. «Pero aquí siempre ha habido puntos de vista diferentes. Pero lo importante es que es un lugar donde podemos tener diferencias, algo que no ocurre en todas las partes del mundo».
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Todos los goles de la última jornada en el Mundial 2026.Pero el Mundial también está actuando como catalizador patriótico en un momento de polarización. A la selección de EE.UU. le está yendo muy bien por ahora, ha desatado mucha ilusión y se ha convertido en un símbolo de unidad. Es una paradoja que el fútbol, el menos estadounidense de los grandes deportes, sea el que está conectando a EE.UU. con el mundo en un momento de creciente aislamiento diplomático y, a su vez, aliviando la polarización interna.
La cuestión es si cualquier efecto positivo que tenga el Mundial sobrevivirá cuando la pelota deje de rodar tras la final del próximo 19 de julio, algo que se cuestiona Tricia: «Espero que en nuestro país quede ese sentimiento de unidad, de colaboración, de humanidad. Pero no sé si tengo mucha esperanza».
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