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El fútbol y la guerra

El fútbol y la guerra
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Ningún gobernante de ningún país cuya selección nacional participa en el campeonato está tan necesitado de un respiro como Pedro Sánchez. Si las cosas le van bien a la Selección, el presidente contará con unos 20 días para rebajar la tensión en el Parlamento y en los juzgados. Leer
Ensayos liberalesEl fútbol y la guerra
  • TOM BURNS MARAÑÓN
Actualizado 12 JUN. 2026 - 01:41El presidente del Gobierno en 2010, José Luis Rodríguez Zapatero, celebrando la victoria de la Selección en el Mundial de Sudáfrica.EFE

Ningún gobernante de ningún país cuya selección nacional participa en el campeonato está tan necesitado de un respiro como Pedro Sánchez. Si las cosas le van bien a la Selección, el presidente contará con unos 20 días para rebajar la tensión en el Parlamento y en los juzgados.

Los gobernantes llevan desde la antigua Roma recurriendo al 'Panem et circenses' que denunciaba el satírico Juvenal en el siglo I d.C. Se trataba de mantener al personal embobado y dócil, y así evitar que se metiese en política. Hoy en día el máximo proveedor de pan y circos a los césares contemporáneos es Giovanni Infantino, el dirigente deportivo suizo italiano que preside la FIFA desde hace una década.

La Copa Mundial de fútbol les da un respiro a los numerosos gobernantes que son hostigados por escándalos de corrupción, economías estancadas, guerras que no se ganan, por las trampas de Tucídides y los sondeos de opinión que subrayan su creciente impopularidad.

Probablemente ningún gobernante de ningún país cuya selección nacional participa en el campeonato esté tan necesitado de un respiro como lo requiere Pedro Sánchez. José Luis Rodríguez Zapatero, que en 2010 naufragaba en las aguas torrenciales de la crisis económica, lo obtuvo momentáneamente cuando la Roja alzó la Copa del Mundo en julio de ese año tras vencer a Holanda en Johannesburgo por 1-0.

Con ese salvavidas soñará Sánchez. Ganar el mundial le permitirá convocar elecciones a la vuelta del verano y aprovechar el chute de autoestima nacional. Es lo que tenía que haber hecho Zapatero, que tampoco podía sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado. Podía haber salvado entonces algunos muebles en lugar de condenar a su partido a la hecatombe electoral.

Zapatero aguantó, más débil y denostado con cada día que pasaba, hasta el 20 de noviembre (fecha fetiche para la izquierda) del año siguiente. Renunció a ser reelegido y traspasó el liderazgo a Alfredo Pérez Rubalcaba, lo cual no sirvió de nada porque el Partido Socialista perdería la tercera parte de su grupo parlamentario en el Congreso.

Sánchez es un estratega consumado en comparación con su hasta ayer consejero áulico que ahora ha caído en la más total ignominia. Si las cosas le van medianamente bien en la Copa del Mundo a la selección nacional, el presidente del Gobierno contará con al menos unos veinte días, que es mucho tiempo en política, para rebajar la tensión en el parlamento y en los juzgados. Será un respiro que le permitirá hacer balance de su situación.

Sánchez sabe mejor que nadie lo que se juega tanto si agota la legislatura como si corta por lo sano y disuelve las Cortes. Solo él sabe lo que podrían acabar sabiendo los magistrados que investigan a los suyos y a su partido. En un mundo ideal, la Roja volvería de Estados Unidos con la copa bajo el brazo. Y Sánchez haría campaña diciendo que la España progresista es capaz de superar cualquier desafío.

El fútbol despierta pasiones que silencian cualquier otra conversación y el 'Deporte Rey' tiene ensimismada a la humanidad cuando escenifica la Copa del Mundo. Ayer, como sabe toda la familia global, jugaron el partido inaugural del torneo México y Sudáfrica en el campo de fútbol más grande de América, que es el Estadio Azteca de la capital mejicana.

Por delante y hasta que se juegue la final el 19 de julio en Nueva Jersey quedan otros 102 encuentros repartidos entre 11 estadios en Estados Unidos, dos en Canadá y tres en México que enfrentarán a las selecciones nacionales de 48 países, es decir, a casi la cuarta parte de las Naciones Unidas.

Infantino, el capo de la FIFA, ha adquirido un perfil al menos tan alto como el del secretario general de la ONU. Lidera la gestión de un campeonato que es en todos los sentidos mucho más grande de los que se vienen organizando cada cuatro años desde que en 1930 Uruguay, que jugaba en casa, venció en la final a Argentina.

En esta edición de 2026 son muchas más las selecciones que participan en la fase final, el dineral que mueve el campeonato es muy superior y los encuentros, concebidos por primera vez para una audiencia global hiperconectada, vienen acompañados por la espectacularidad y el tirón comercial que ha perfeccionado el 'Super Bowl' del fútbol americano.

Quizás el perfil de Infantino sea superior al de António Guterres porque ha lanzado el relato de que el fútbol es un sanísimo ejercicio que crea estupendos valores entre quienes lo practican y que asegura la paz y la convivencia de los pueblos y las naciones. Según él no existe riesgo alguno de hooliganismo porque las hinchadas se vuelcan con la técnica y el juego limpio de sus astros.

El relato ha sido reforzado, o irremediablemente dañado, según los gustos y perjuicios de cada cual, por el lanzamiento de un Premio FIFA de la Paz que ha ideado Infantino para rivalizar con el que otorga el comité de los Nobel. En su primera edición Infantino le ha dado el premio a Donald Trump, con lo cual se ha metido al presidente de Estados Unidos en el bolsillo, cosa que desde luego no ha conseguido el portugués que preside Naciones Unidas.

El fervor que de manera transversal despierta el fútbol en las sociedades de los cinco continentes es innegable pero es, cuando menos, discutible que sea un bálsamo que elimina la agresividad y promociona vibraciones pacifistas. El fútbol internacional es la "guerra por otros medios", dijo el inglés George Orwell haciendo un juego de palabras con la frase del papel que jugaba la diplomacia que popularizó Karl von Clausewitz, autor tras las guerras napoleónicas del clásico 'Sobre la guerra'.

Orwell, hombre pesimista que solía acertar en sus juicios, escribió que el fútbol era "la guerra sin el tiroteo" en un ensayo que escribió sobre una gira de partidos amistosos por Reino Unido que realizó el Dinamo de Moscú al poco de acabar la Segunda Guerra Mundial. Los rusos se emplearon con rudeza en sus varios encuentros con equipos británicos. Y, para disgusto de los equipos anfitriones, generalmente ganaban.

La boutade del autor de 1984 que enlazaba el fútbol y la guerra solía ser repetida por Rinus Michels, el entrenador neerlandés que inventó el llamado "fútbol total", y revolucionó la táctica del juego, hace 50 años. Los éxitos de la Selección de los Países Bajos, conocida como la 'Naranja Mecánica', crearon una entregada afición que desde entonces pone la nota de color en todos los mundiales con sus extravagancias y anaranjados disfraces.

Coincidía también con Orwell su coetáneo y también incisivo novelista Arthur Koestler, que nació en Budapest, vivió en muchos países, escribió en varios idiomas y se nacionalizó británico en 1948. A Koestler, que vivió para ver el equipo que formó Michels y la hinchada que apoyaba a Johan Cruyff y sus compañeros, le interesaba el sentido de identidad que creaba y fomentaba el fútbol.

Según Koestler hay nacionalismo y hay "nacionalismo futbolístico". Decía que el patriotismo del balón creaba sentimientos mucho más profundos que el del pasaporte. Koestler se convirtió en un leal y orgulloso ciudadano de Reino Unido pero lo que le apasionaba y le hacia vibrar fue siempre la selección húngara.

'Panem et circenses' y un país emocionado con su selección es lo que necesita Pedro Sánchez para desviar la atención. El lunes debuta la Roja en el campeonato jugando en el estadio Mercedes-Benz de Atlanta contra Cabo Verde y este mismo lunes, 15 de junio, por la tarde, es cuando el juez Juan Carlos Peinado ha citado a la esposa del presidente del Gobierno para que comparezca en una "audiencia preliminar".

Se inicia así una semana penosa para Sánchez. Podrá, o no, haber "guerra" en aquel campo de fútbol en el estado de Georgia pero es seguro que habrá beligerancia para dar y tomar, 'lawfare' según los acusados, en los juzgados de Madrid. Dos días después de la comparecencia judicial de Begoña Gómez, el juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama comenzará a tomar declaración al expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero.

Será una semana excepcionalmente penosa porque llueve sobre mojado y sucede a días que fueron 'horribilis'. Sin saber muy bien quién dice qué, o miente al decir lo otro, la opinión pública se queda con la palabra "cloaca" que se entiende muy bien. Y con hechos como la entrada policial en la sede del PSOE en la calle Ferraz hace quince días y la retirada de cajas de documentación. No necesita saber más.

Los que siguen de cerca los distintos procesos por presunta corrupción hablan de conductas mafiosas y dicen que puede que sea imputado el Partido Socialista como persona jurídica por un delito de organización criminal. Y esta posibilidad es precisamente lo que estará evaluando y examinando el presidente del Gobierno si el Mundial le proporciona un tiempo de respiro.

Los que peinan canas pero conservan la memoria recuerdan que Richard Nixon no cayó porque sus esbirros fueron sorprendidos poniendo micrófonos en los despachos que alquilaba el Partido Demócrata en el complejo Watergate de Washington. Fue obligado a dimitir como presidente de Estados Unidos porque le abandonó su Partido Republicano cuando fue acusado de encubrir desde la Casa Blanca la entrada forzada de sus sicarios en aquellas oficinas del partido rival.

Todo eso ocurrió en 1974, año en que los viejos también recuerdan que la entonces República Federal Alemana ganó el Mundial. Venció por 2-1 en el estadio olímpico de Múnich a la Naranja Mecánica que entrenaba Michels y capitaneaba Cruyff. Fue la última fase final en la cual no participó una España que estaba en el umbral de la democracia, la concordia y la rendición de cuentas.

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Fuente original: Leer en Expansión
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