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El fin de la Europa blanca: «Será irreconocible en menos de veinte años por los grandes flujos migratorios»

El fin de la Europa blanca: «Será irreconocible en menos de veinte años por los grandes flujos migratorios»
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Casi la mitad de los alemanes menores de 16 años tiene origen migratorio, Suiza vota en referéndum limitar a diez millones su población y España recibe en un año más migrantes que los que residen en toda China.
El fin de la Europa blanca: «Será irreconocible en menos de veinte años por los grandes flujos migratorios»

Casi la mitad de los alemanes menores de 16 años tiene origen migratorio, Suiza vota en referéndum limitar a diez millones su población y España recibe en un año más migrantes que los que residen en toda China.

Regala esta noticia Añádenos en Google Más de un millón de latinoamericanos residen ya en Madrid. (Reuters)

Zigor Aldama

07/06/2026 a las 00:14h.

«Europa será irreconocible en 20 años o menos». Es la conclusión a la que llega el documento que perfila la Estrategia de Seguridad Nacional ... de Estados Unidos, en el que se afirma que el Viejo Continente se enfrenta a «la desaparición de su civilización» por efecto del gran flujo migratorio. De esta manera, el informe da una pátina de oficialidad a la idea del 'gran reemplazo', una teoría de la conspiración que abandera la ultraderecha y que sostiene que la población blanca -sobre todo la de religión cristiana- está siendo sustituida por ciudadanos de otras razas -sobre todo musulmanes- como resultado de una estrategia de la izquierda 'woke' que alienta la inmigración masiva y una baja tasa de natalidad.

46,7

millones de residentes en la UE

han nacido en el extranjero. Suponen el 10,4% del total.

Pero, como señala Umberto Pellecchia, antropólogo y asesor principal de investigación del Centro Operacional de Médicos Sin Fronteras en Bruselas, «no existe evidencia histórica, demográfica ni sociológica que respalde la idea de que haya un esfuerzo organizado para reemplazar a las poblaciones nativas». La mayoría de los demógrafos sostiene que, si nuestra sociedad se está transformando es por causas naturales: los flujos migratorios crecen como efecto de un modelo socioeconómico global que provoca profundas desigualdades a nivel mundial y la natalidad entre las poblaciones más desarrolladas cae debido al acceso de la mujer al mercado laboral y los nuevos estándares de vida.

«Como toda buena teoría conspirativa, la del 'gran reemplazo' une hechos aislados para ofrecer respuestas fáciles a problemas complejos. Alimenta la ansiedad pública y proporciona a los políticos un chivo expiatorio: los inmigrantes», sostiene Pellechia. «La inmigración se autorregula en gran medida, porque va allí donde puede prosperar y donde se la necesita», analiza José Pablo Martínez, investigador en Dinámicas Sociales y Económicas del Real Instituto Elcano.

Un modelo insostenible

Eso sí, que Europa será irreconocible en dos décadas es un hecho estadístico. Según el último informe del Centro para la Investigación y el Análisis de la Migración de Rockwool Foundation Berlin, el número de inmigrantes residentes en la Unión Europea alcanzó el año pasado una cifra récord de 64,2 millones, lo que supone un salto de 24,2 millones en solo 15 años. Las estadísticas oficiales de la Unión corroboran el crecimiento y señalan que 46,7 millones de habitantes nacieron fuera de la UE, un 10,4% del total. En Liechtenstein y Luxemburgo ya son mayoría, y representan el 70,2% y el 51,5% respectivamente.

Los ucranianos son el grupo de ciudadanos extracomunitarios con residencia en la UE más numeroso: 2,9 millones. Les siguen turcos y marroquíes.

Nadie duda de que esos porcentajes continuarán creciendo con medidas como la regularización masiva de inmigrantes puesta en marcha en España, que solo en un mes ha registrado casi 550.000 solicitudes. Para María Miyar, doctora en Sociología y coautora del informe 'Los límites de la inmigración para el ajuste demográfico en España' -publicado por Funcas-, tanto esta medida como la elevada regularización por arraigo es la prueba de que «la política migratoria española es simplemente dejar hacer, sin una planificación de los flujos que están llegando, ni de sus orígenes, ni de su nivel de cualificación o de a qué sectores se dirigen».

El Instituto Nacional de Estadística destaca que el 24,4% de los casi 9,5 millones de residentes en España nacidos en el extranjero llegó a nuestro país entre entre 2023 y 2024. Y ese último año nuestro país fue el que más inmigrantes recibió de la UE: 1,21 millones. En contexto, es una cifra superior a la de todos los extranjeros que había antes de 2001 y más que toda la población foránea de la segunda potencia mundial, China. Lo peor, como señala Miyar a este diario, es que la polarización ideológica impide un debate sosegado sobre este asunto. «Hay mucho miedo a que te tilden de racista, y los partidos políticos evitan un debate con datos, fundamentado y racional sobre cuál es el modelo migratorio que queremos para este país».

No obstante, cada vez más políticos consideran que esta transformación es insostenible desde un punto de vista social. En Francia, el ministro de justicia y posible candidato a la presidencia en las elecciones del año que viene, Gérald Darmanin, considera que el flujo es «inasumible, porque Francia ha alcanzado el límite de su capacidad para absorberlo e integrarlo», y ha propuesto imponer una moratoria de tres años a la inmigración, incluida la legal. En Suiza, el próximo domingo se vota en referéndum una propuesta para limitar a diez millones la población del país, que crece exclusivamente por la llegada de extranjeros. Y Europa ha avalado esta semana el establecimiento de centros de detención para migrantes en terceros países, como Reino Unido trató de hacer en Ruanda e Italia en Albania.

Alemania es el país que más extranjeros expulsa: unas 36.000 personas al año. Polonia rechazó la entrada de casi 29.000 personas.

«Aquí vamos hacia una situación similar», comenta una profesora de primaria de un colegio público ubicado en un barrio popular de Bilbao y que prefiere mantenerse en el anonimato «para evitar problemas con un tema especialmente espinoso». A punto de jubilarse, ella ha asistido en primera línea al «profundo y rápido cambio» que se ha producido. «Hace solo quince años, era raro tener alumnos de origen migrante en clase. Ahora ya son más que la población local», señala, subrayando que «su integración supone un reto educativo para el que no estamos preparados, porque la diversidad de orígenes hace que cada alumno tenga peculiaridades muy marcadas y un nivel muy diferente».

Apesadumbrada, añade que «por la falta de medios, las dificultades para mantener un nivel educativo equiparable al de otros centros impulsa a la población local a llevar a sus hijos a escuelas concertadas, incrementando la sensación de gueto y diluyendo la capacidad de integración». Ese es uno de los principales riesgos en un país en el que un tercio de los recién nacidos -y subiendo- tiene madre extranjera. En España, casi un 40% de los menores de 5 años ya tiene origen extranjero.

Un parche temporal

Martínez incide en el reto que supone un ascensor social averiado para los inmmigrantes de la generación 1,5 -llegados de niños- o de la segunda generación -nacida ya aquí-: «Hay datos preocupantes de su integración sociolaboral, empezando por su rendimiento académico y luego por su integración laboral en algunos casos, en algunos orígenes, se ve que tienen una integración laboral peor que la de sus progenitores, algo que parece contraintuitivo». La excepción, señala, es la de las mujeres africanas, que parten de una inserción laboral muy baja y mejoran considerablemente en una generación.

Polonia, como buen exponente de lo que sucede en Europa del este, es el país con menos población nacida fuera: solo el 2,9%.

«En algunos países nórdicos, donde se ha evaluado cuál es la aportación neta a lo largo del ciclo de vida de inmigrantes de distintos orígenes, han visto que en la mayor parte de orígenes inmigrantes reciben más de lo que aportan. En el caso de los procedentes de países ricos, como países europeos, es al revés», sentencia la socióloga. Y, por eso, Miyar, Torres y Martínez coinciden en una aseveración que verbaliza él: «Es el momento de plantear una política de inmigración más ordenada en base a las necesidades del futuro».

El investigador del Instituto Elcano propone «aplicar una política migratoria que filtre a los inmigrantes en origen, en función de su cualificación académica» y facilitar la homologación de títulos. Además, cree que se debe «fomentar la implantación de los inmigrantes en poblaciones pequeñas y medias para relanzar su actividad económica y aliviar el problema inmobiliario de las grandes ciudades». No obstante, reconoce que esa repoblación de la España vaciada con inmigrantes «es complicado porque los inmigrantes, al igual que los autóctonos, quieren vivir donde se concentra la actividad económica, social y cultural que son las grandes ciudades».

El cualquier caso, Martínez subraya que el modelo europeo no es el único existente para afrontar los retos demográficos del mundo desarrollado y señala a Japón como ejemplo. «También tiene una tasa de fertilidad muy baja, pero a diferencia de España, es un país muy reactivo a la inmigración y ha puesto el foco en el aumento de la productividad, en base a la robotización y la inteligencia artificial». Esas también son profundas transformaciones que están a la vuelta de la esquina y que pueden cambiar por completo el paradigma actual.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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