Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, en una imagen de archivo. FMI
Macroeconomía El FMI baja al 3,1% su previsión de crecimiento mundial y eleva al 6% la inflación en un escenario de guerra prolongadaEl organismo internacional advierte que las medidas fiscales, como las aprobadas por España, deben ser "específicas y temporales".
Más información: El FMI recorta su previsión de crecimiento para España hasta el 2,1% y pide "esfuerzos adicionales de consolidación"
Fernando Cano Publicada 14 abril 2026 15:00hLas claves nuevo Generado con IA
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha reducido hasta el 3,1% su previsión de crecimiento mundial para este año en su informe de abril de Perspectivas de la Economía Mundial (WEO), si es que la guerra de Irán finaliza en las próximas semanas.
Esto supone dos décimas menos que sus proyecciones de enero, principalmente por la volatilidad generada por el conflicto armado.
En este mismo escenario "optimista", el alza del PIB de España se reduciría hasta el 2,1% este 2026, dos décimas menos, y la inflación subiría al 3%. Para 2027, el PIB crecería un 1,8% y el IPC un 2,3%. Unas cifras que, para el Gobierno español, demuestran que seguiremos liderando el crecimiento de la zona euro que será del 1,2%, según el FMI.
El FMI alerta de que la economía mundial "no podrá escapar sin daño" de la guerra en Oriente PróximoEn el primer mes de guerra, los precios en España subieron hasta el 3,4%, 1,1 puntos desde el punto de vista interanual y la mayor subida desde junio de 2022, en plena crisis energética por la guerra de Ucrania.
En cualquier caso, el organismo internacional reconoce que el conflicto hace imposible fundamentar en tiempo real un conjunto coherente de supuestos para las proyecciones. Por lo que esta estimación es sólo una "previsión de referencia", en lugar de su escenario base tradicional.
La OCDE rebaja el crecimiento de España al 2,1% en 2026 y dispara la inflación al 3% por el conflicto en Oriente PróximoEs así como pone sobre la mesa otros dos escenarios, igual de válidos -uno adverso y uno con daño severo- pero que fundamentalmente dependerán de lo prolongado que sea el conflicto y, en especial, el impacto de la crisis energética en la economía real.
Este "pronóstico de referencia" supone un conflicto de corta duración y un aumento moderado del 19% en los precios de las materias primas energéticas en 2026. Y sitúa el crecimiento mundial en el 3,1% este año y la inflación general en el 4,4%.
Cuerpo debutará revisando las previsiones económicas tras el alza de la inflación y las rebajas del FMI y OCDEEste supuesto asume que la guerra tendrá una duración, intensidad y alcance limitados, de modo que las perturbaciones se disiparán a mediados de 2026, "en consonancia con los precios de los futuros de materias primas al cierre del 10 de marzo".
Por otro lado, en un segundo escenario con un cierre prolongado del estrecho de Ormuz y mayores daños a las instalaciones de perforación y refinación la economía global tendría una crisis más profunda y prolongada.
El FMI fecha el fin del 'milagro' español: el crecimiento caerá a la mitad y convergerá con el resto de Europa en 2027Esto supondría un escenario adverso, con un aumento más pronunciado de los precios de la energía este año, junto con un incremento de las expectativas de inflación y un endurecimiento de las condiciones financieras. En este entendido, el crecimiento se rebajaría al 2,5% este año y la inflación aumentaría al 5,4%.
Finalmente, en un escenario grave o de daño severo, donde las interrupciones en el suministro energético se prolongan hasta el próximo año, las expectativas de inflación se vuelven "notablemente menos estables y las condiciones financieras se endurecen drásticamente". Esto implica que el crecimiento global se reduciría al 2% este año y el próximo, mientras que la inflación superará el 6% en 2027.
En palabras del FMI, si un escenario de guerra prolongada se cronifica, las tensiones geopolíticas podrían empeorar aún más convirtiendo la situación "en la mayor crisis energética de los tiempos modernos".
Hablamos de un contexto en el que se duplicarán los precios del gas al empezar 2027 y el petróleo se mantendrá en torno a los 110 dólares por barril en 2026 y alrededor de 125 dólares en 2027. En las últimas dos semanas el precio ha fluctuado entre los 95 y los 110 dólares.
Impacto por países
En todos estos escenarios, el FMI reconoce que los países sentirán el impacto de manera diferente. Como en anteriores aumentos repentinos de los precios de las materias primas, los importadores están altamente expuestos.
Las economías de bajos ingresos y en desarrollo, especialmente aquellas con vulnerabilidades y reservas limitadas, probablemente serán las más afectadas. Del mismo modo, las remesas disminuirán en los países que proveen trabajadores migrantes a los países limítrofes de Irán.
En tanto, los exportadores de energía del Golfo Pérsico se enfrentarán a las consecuencias económicas de los daños en la infraestructura, las interrupciones en la producción, las restricciones a las exportaciones y la disminución de la actividad turística y empresarial.
No obstante, pese a las malas señales y la incertidumbre, el FMI insiste en señalar que el mundo y las economías desarrolladas están mucho más preparadas para afrontar el problema que durante el comienzo de la guerra de Ucrania.
Secuelas de Ucrania
El FMI dice que en 2022 las presiones inflacionarias ya eran elevadas debido a los desequilibrios entre la oferta y la demanda posteriores a la pandemia, la escasez de mano de obra y la abundante liquidez.
Pero actualmente la debilidad del mercado laboral y la normalización de los balances han aliviado las presiones subyacentes, "aunque la inflación se mantiene por encima del objetivo en algunos países, especialmente en Estados Unidos".
"Si la crisis se mantiene moderada, la inflación podría estar más contenida, en consonancia con nuestro escenario de referencia".
Aún así, advierten, Ucrania dejó secuelas. Los niveles de precios permanentemente elevados han aumentado la preocupación por el coste de la vida y han hecho que las expectativas de inflación sean más sensibles a nuevos aumentos.
Bancos centrales
Además, el repunte de 2022 reflejó "una curva de oferta agregada inusualmente pronunciada", con una fuerte demanda que chocaba con cuellos de botella en la oferta, lo que permitió a los bancos centrales lograr la desinflación con pérdidas de producción limitadas.
Actualmente, la evidencia -sugieren- un retorno a una curva de oferta más plana, lo que hace que la desinflación sea más difícil de alcanzar.
Respecto de los movimientos de los bancos centrales y el comportamiento de los tipos de interés, indican que pueden ignorar un aumento repentino de los precios de la energía, pero sólo mientras las expectativas de inflación se mantengan bien ancladas.
Y reconocen que la crisis energética ya debilita la actividad al tiempo que eleva los precios, y ningún banco central puede influir por sí solo en los precios mundiales de la energía.
Ayudas fiscales
Pero si las expectativas de inflación a mediano o largo plazo aumentan a medida que los precios y los salarios se recuperan, "el restablecimiento de la estabilidad de precios debe tener prioridad sobre el crecimiento a corto plazo, con un ajuste rápido de la política monetaria".
Respecto de las políticas fiscales han indicado que las medidas no focalizadas -como topes de precios, subsidios e intervenciones similares- son populares, "pero suelen estar mal diseñadas y son costosas". Unas medidas que hace unas semanas aprobó España para aliviar el precio de los carburantes y la energía.
Dada la falta de margen fiscal, con déficits presupuestarios aún elevados y una deuda pública creciente, "cualquier apoyo fiscal debe seguir siendo específico y temporal, con cláusulas de extinción claras y coherente con los planes fiscales a mediano plazo para reconstruir las reservas".
Advierten que evitar los estímulos fiscales también es fundamental cuando la inflación está aumentando, para no complicar la tarea de los bancos centrales.
Responsables políticos
Y finalmente advierten de los costes de las guerras. "Más allá de su coste humano, la guerra impone costos económicos elevados y persistentes, y difíciles disyuntivas". Y del proteccionismo comercial, "lo que perjudica la cooperación y el crecimiento internacionales".
Por otro lado, recuerdan que los avances en inteligencia artificial ofrecen el potencial de grandes aumentos de productividad, "el motor fundamental del nivel de vida". Sin embargo, creen que la transición puede ser accidentada: "los mercados podrían adelantarse a los fundamentos, con el riesgo de correcciones, y los cambios rápidos podrían desplazar a los trabajadores y afectar la demanda".
Sugieren que los responsables políticos deberían promover la difusión y la adopción, al tiempo que invierten en capacitación para facilitar la transición al mercado laboral. "La guerra también debería impulsar una adopción más rápida de las energías renovables, que pueden fortalecer la resiliencia ante las crisis energéticas, mejorar la seguridad energética y contribuir a la lucha contra el cambio climático".
Concluyen indicando que hay que seguir fortaleciendo la cooperación global; y que con las políticas adecuadas —incluida una pronta cesación de las hostilidades y la reapertura del estrecho de Ormuz—, los daños pueden limitarse.