Las diferencias entre Alemania y Francia dinamitan el programa más ambicioso de la industria comunitaria y obligan a Defensa a redefinir de inmediato la estrategia sobre sus capacidades aéreas
Regala esta noticia Añádenos en Google Modelo del caza de combate avanzado FCAS. (Airbus/Indra)C. P. S.
Madrid
29/06/2026 a las 00:12h.El anuncio conocido a principios de este mes sobre el fracaso del proyecto europeo para construir un caza de combate de última generación, llamado FCAS, ... abre un escenario de incertidumbre en la industria de la defensa comunitaria y compromete seriamente las inversiones que habían realizado los países participantes. En el caso de España, socio estratégico junto a Francia y Alemania, se habían adelantado hasta la fecha unos 2.000 millones de euros. Una partida salida de fondos públicos y privados en el marco del plan del sistema de combate de nueva generación (NGWS), considerado «vital» para la modernización de las capacidades aéreas de los aliados.
Indra Sistemas y la francesa Dassault Aviation, se ha debido a las diferencias entre Berlín y París. Una brecha ensanchada por los intereses domésticos de ambos territorios (Francia siempre ha priorizado el progreso de su caza Rafale) y por cuestiones de índole geopolítico en un momento crucial para la inversión en seguridad y defensa en la Unión Europea. Esta situación, además, se ha visto agravada por la latente inestabilidad generada por los más de cuatro años de guerra en Ucrania y el refuerzo fronterizo de la OTAN para contener el expansionismo de la Rusia de Vladimir Putin.En medio de este cruce de caminos entre los dos gigantes económicos de la UE, España asiste como espectador directamente interpelado por el fracaso del FCAS, un plan que hasta no hace tanto se consideraba «elemental». No son pocos los expertos del sector que admiten sin cortapisas que los cerca de 2.000 millones comprometidos hasta la fecha «será coste hundido». Sin embargo, de los fiascos también surgen oportunidades y desde la industria nacional consideran que, en el marco de este programa de combate, se han desarrollado capacidades, equipos, talento y propiedad intelectual que serán reutilizables para futuros proyectos.
Seis empresas españolas firmaron una declaración de compromiso ante la posible reconfiguración del programa
Una foto del pasado 11 de junio así lo confirma. En ella aparecen los líderes españoles del sector firmando una declaración conjunta de compromiso ante la posible reconfiguración del citado programa. Un documento que abre la puerta a no dar por perdido el camino andado hasta la fecha. Ese compromiso fue suscrito por los representantes de Airbus Defence and Space, GMV, Grupo Oesía, Indra, ITP Aero y Sener.
Para darle continuidad y ante la previsión del fracaso del FCAS, el Ministerio de Defensa ya lanzó el pasado año dos Programas Especiales de Modernización (PEM) por valor de 700 millones. Fueron adjudicados a Indra y Airbus precisamente para seguir madurando estas tecnologías con independencia de la sostenibilidad del plan del caza europeo.
Las tres alternativas
En paralelo, ya existen propuestas concretas para el desarrollo de otro aparato de combate de sexta generación alternativo, liderado por un grupo industrial encabezado por Airbus Alemania y el Estado sueco y en el que España estaría bien posicionada para participar. El principal problema que presenta es que comienza de cero, por lo que parte de un retraso de unos cinco años con respecto a otros proyectos ya avanzados.
Como segunda vía, el Ministerio de Defensa, el Ejército del Aire y empresas del sector se han fijado en el Programa Global de Aviones de Combate (GCAP,) en el que participan el Reino Unido, Italia y Japón. Su objetivo es desarrollar un caza de próxima generación para afrontar amenazas futuras y contar con capacidades avanzadas de guerra aérea. Está siendo diseñado para facilitar actualizaciones constantes y asegurar una base de mantenimiento nacional que garantice una alta disponibilidad.
Según los expertos consultados, la actual situación geopolítica de Rusia y la reducción del apoyo estadounidense a Europa supone una de las principales amenazas para los 27. Y si la relación franco-alemana no ha funcionado con el FCAS, el programa con Italia, como representante de la UE, Japón y Reino Unido puede ser la apuesta más acertada.
El caza Eurofighter se beneficiará con «nuevas perspectivas de modernización, mantenimiento y huella industrial en España»
Una tercera alternativa sería explorar acuerdos con la industria aeronáutica turca y su caza Kaan. De hecho, los medios de comunicación de este país llevan meses informando sobre el interés del Gobierno español por su modelo de quinta generación, que voló por primera vez en febrero de 2024. Incluso en la última feria del sector en mayo pasado, llamada Saha 2026, altos directivos de la corporación estatal Turquish Aerospace (TAI) confirmaron que existen contactos entre ambos ejecutivos.
De forma paralela, este replanteamiento de la industria tras el fracaso del FCAS permitirá alargar la vida del Eurofighter y traerá, según asegura Ignacio Lliso, socio de la consultora estratégica y financiera internacional Accuracy, «nuevos perspectivas de modernización, mantenimiento y huella industrial en España». Y es que todos los Eurofighter españoles se ensamblan y entregan en la planta de Airbus en Getafe (Madrid), y España tiene pedidos 45 aviones desde 2022 a través de los programas Halcón I y II. El segundo, formalizado en diciembre de 2024, elevará la flota nacional a 115 aparatos, que vendrían a sustituir a los vetustos cazas estadounidenses F-18 del Ejército del Aire y del Espacio.
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