El incendio obliga a los vecinos de Aldea del Fresno y Villa del Prado a pasar la noche en Villamanta
Regala esta noticia Añádenos en Google Los desalojados se reunieron en el polideportivo de Villamanta, donde pasaron todo el viernes. (Antonio López)Iñigo Goñi Davó
Madrid
24/07/2026 a las 20:31h.La alerta de Protección Civil resonó a las 19.15 horas en las calles de Aldea del Fresno. Aquel pitido ordenaba la evacuación inmediata de ... toda la población, entre los que se encontraban también los desalojados dos horas antes de Villa del Prado y el camping Caravan. Maricarmen Sánchez, de 76 años, seguía el avance del incendio en Almorox por la televisión cuando el sonido en su móvil le sobresaltó, aunque no le sorprendió «Llevábamos varios días con el runrún, con el 'que viene, que viene', y cuando sonó la alarma pensé que estábamos ya en el incendio», decía. Junto con Faustino, su marido, metieron las medicinas en una bolsa y se trasladaron en coche a pasar la noche al polideportivo de Villamanta, a casi nueve kilómetros de su casa.
Andrés llegó al polideportivo desde Villa del Prado, y cuando llegó la noche, no quiso quedarse en el anterior. «Vi que muchos, a falta de camas, salían fuera a pasar la noche en la calzada, así que fui con ellos», comentaba. Su vecino Julio Santiago, de 25 años, durmió en una silla. «Evidentemente, no es lo que sueñas, pero la primera noche es soportable. No ha habido nada de caos, la verdad, todo muy tranquilo, sin ningún problema. Había quien dormía y los que no tomaban café por aquí», comentaba con una sonrisa.
El sueño o el mal dormir no les hacen olvidar lo que dejan atrás, y en el melancólico silencio que invade el polideportivo de Villamanta, aún se escucha algún sollozo mudo. «Te preguntas todo el rato: ¿Cómo estará la situación allí? Cuando vuelva, ¿seguiré teniendo casa?». La inquietud de Carmen era compartida por Maricarmen, que no logró conciliar el sueño: «Nos preocupa mucho que el incendio llegue a nuestra casa, pero más que eso la gente, que nos pase algo». Cuando mira a su marido, Faustino, que ha tenido que pasar la noche en el coche debido a su delicado estado de salud, sonríe y concluye: «Aguantaremos, mientras estemos vivos, lo demás, qué vamos a hacer».
Una ayuda «perfecta»
La Unidad Militar de Emergencias (UME) llegó a las cinco de la madrugada para llevar a los evacuados mantas y un kit de higiene básico. Volvieron a las once con camastros para ofrecer algo cómodo donde descansar para los desalojados. Mientras tanto, eran los propios vecinos de Villamanta los que se organizaron para atender a los que llegaban al polideportivo. «Estábamos a las 19.00 y nuestros padres nos avisaron de que estaban evacuando varios pueblos hacia aquí» explica Héctor Pascual de 21 años, que junto a su hermano Adrián y Anel Serrano, ayudaban a los más delicados a subir a las ambulancias para su traslado. «Aquí tuvimos la DANA hace un par de años y estamos acostumbrados a ayudar. Sabemos organizarnos y por eso anoche actuamos tan rápido», explicaban cabizbajos, como si la ayuda que habían prestado fuese lo más natural.
Entre los evacuados que descansaron la noche del jueves al viernes en las instalaciones se encontraban también los adultos con discapacidad intelectual que vivían en el Centro Ocupacional AMAM, a apenas cinco kilómetros de Aldea del Fresno. María del Rosario Lillo, directora del centro, felicitaba a todo su equipo por la incondicionalidad mostrada en las circunstancias adversas, «tengo la suerte, de que tengo personal, una trabajadora social, trabajadores del centro, terapeutas, cocineros, que voluntariamente se han quedado aquí a ayudar en todo lo que se pueda». Abdo, cocinero en AMAM, explicitaba la tranquilidad que había caracterizado la evacuación que, con ayuda de la Guardia Civil, habían realizado este jueves, «La salida fue muy tranquila, despacito, con paciencia. No dieron ni un sólo problema, ni una sola propuesta». La situación para ellos tampoco es cómoda en aquel polideportivo, «lo echan mucho de menos, preguntan cuándo vamos a volver», apuntaba María del Rosario.
No eran los únicos que se dejaban llevar por la nostalgia tras una noche fuera de casa. «Mi casa es el pueblo en general, mi esperanza es que se salve, volver cuanto antes», rogaba Julio Santiago, que, junto a María, vecina de 66 años de Aldea del Fresno, recordaba la necesidad de esperar, mas no perder la paciencia, «los días aquí se hacen eternos».
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