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La prioridad en esta coyuntura debería ser evitar que se forme una nueva espiral de precios.
El Gobierno inicia esta semana los contactos con los agentes sociales para consensuar el futuro de las medidas de apoyo a familias y empresas frente al impacto de la guerra en Irán. El diseño del programa aún en vigor conlleva el inminente final de la mayoría de las medidas incluidas en el mismo debido a que los precios crecieron en abril por debajo del umbral mínimo fijado para su vigencia: una subida de los precios del 15% en tasa interanual. En abril fue del 3,2% y esta semana se conocerá el dato adelantado del mes de mayo, que se prevé que tampoco supere esa referencia a pesar de que la cotización del petróleo y del gas se ha mantenido elevada en las últimas semanas debido a la falta de avances en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán con la intermediación de Pakistán.
El final de la rebaja en el IVA aplicable a la luz y el gas desde el próximo 1 de junio producirá un efecto escalón sobre los precios que puede generar problemas con sus socios a un Ejecutivo noqueado por los casos de corrupción que implican al entorno político y familiar de Pedro Sánchez. Pero en el plano fiscal el equipo económico encabezado por el vicepresidente Carlos Cuerpo debe resolver la disyuntiva entre prorrogar unas medidas que organismos internacionales como el FMI o la OCDE han pedido comenzar a retirar por su elevado coste para las arcas públicas o limitarlas a los colectivos y sectores más impactados por el encarecimiento de la energía y determinados insumos como los fertilizantes.
Decisiones como la suspensión temporal de los aranceles que se aplican por parte de la UE a los abonos llegados de terceros países para contener los costes de los agricultores deberían contribuir a decantar la decisión política, sobre todo en vista de la resiliencia que muestra la economía española frente a los demás países de la zona euro. Si al comienzo de la crisis geopolítica el objetivo de las medidas de ayuda era evitar un rápido empobrecimiento de la ciudadanía que deprimiese el consumo y hundiera el crecimiento, ahora la prioridad debería ser que no se forme otra espiral de precios que sería muy dañina para la economía española.
Por eso conviene actuar sobre el inicio de la cadena de valor, la industria, cuyos costes han crecido con fuerza en los tres últimos meses, hasta el punto de alcanzar máximos no registrados desde comienzos de 2023, en plena espiral inflacionista por la invasión de Ucrania. Sin olvidar el riesgo de que la zona euro caiga en una estanflación.
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