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El "genocidio" y la Corona

El "genocidio" y la Corona
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El autor sostiene que el furor que provocaron las palabras de Don Felipe es un síntoma más de los varios patológicos trastornos que padece España. Leer
Ensayos liberalesEl "genocidio" y la Corona
  • TOM BURNS MARAÑÓN
23 MAR. 2026 - 00:47El Rey Felipe VI, en la toma de posesión del expresidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, en 2018.José MéndezEXPANSION

El autor sostiene que el furor que provocaron las palabras de Don Felipe es un síntoma más de los varios patológicos trastornos que padece España.

Hoy hace ya una semana que para regocijo de la izquierda radical y el nacionalismo independentista Felipe VI desató una polémica al hablar de los abusos que cometió España en México hace quinientos años. La trifulca sigue coleando en la opinión pública, en la publicada y, sobre todo, en la que pulsan las redes sociales. Por si faltaban pruebas, la discusión es una muestra más de una interesada incultura que reta la cohesión de la sociedad. También de un rampante cinismo.

El comentario real encolerizó a quienes son más papistas que el Papa en su veneración por la Corona y su melancólica exaltación de la España imperial. No se debe olvidar que con frecuencia los peores enemigos de la monarquía son los ardientes monárquicos, los hoy frustrados palaciegos que, ajenos al paso del tiempo, habitan en burbujas de otra época. Se diría que les subleva que el monarca no tenga poderes absolutos.

Sin embargo lo manifestado por Don Felipe complació al Gobierno que quiere suavizar las relaciones con México para así asegurar el éxito de la Cumbre Iberoamericana que está programada para el próximo mes de noviembre en Madrid. Para ello no dudó en utilizar la Corona, la máxima institución del Estado, que por regla general ningunea.

Como es público y notorio la clientela sanchista respeta lo justo a la dinastía que de manera hereditaria ocupa la jefatura del Estado. Se sabe, a la vez, que por la deformación intelectual que caracteriza a tanto "progre", el sanchismo se avergüenza de la épica evangelización del Nuevo Mundo que Cristóbal Colón dio a Castilla y León.

Es posible que la polémica sea una tormenta en un vaso de agua y que dentro de ocho días habrá otra iracunda conversación. Pero esto no quita que el furor que provocaron las palabras de Don Felipe sea un síntoma más de los varios patológicos trastornos que padece España y que amenazan la convivencia de los españoles.

En este caso la enfermedad se debe, en primer lugar, al desconocimiento, por obcecación o por inquina, de lo que puede decir y de lo que no puede decir la Corona en un régimen constitucional y parlamentario. Y, en segundo lugar, a la ausencia de una "historia nacional", reconocida por todos o por casi todos, que relate, con sus luces y sus sombras, los logros de una excepcional nación. En el ruedo ibérico el estudio del pasado puede ser un ring de lucha libre.

La consecuencia del primero de los males es que se ignora que el Rey, por mandato de la Constitución, hace y dice lo que le ordena que haga y diga quienes cuentan con una mayoría en las Cortes Generales que reúnen a los representantes de la soberanía nacional. Salvo en su mensaje navideño, el titular de la Corona no es dueño de sus palabras. Tampoco, con esa misma salvedad, lo son los reyes y reinas en los países nórdicos, en los del Benelux y en Reino Unido.

Por boca de Don Felipe, el Gobierno de España dijo lo que el Gobierno de México quería escuchar: que los colonizadores españoles fueron una muy mala gente que cometió "muchos abusos". Decirlo equivale a convenir que los conquistadores oprimieron a los nativos y que antes de su llegada México fue un mundo bucólico y perfecto.

La mítica arcadia es, como toda idealización, una falsedad. Ignora la guerra civil entre los pobladores que aprovechó Hernán Cortes para controlar el territorio. Lo que prima es el "populismo indigenista" que propaga el Gobierno mexicano al igual que en la actualidad lo difunden los de otros países del "sur global" que fueron colonizados.

El hecho es que Claudia Sheinbaum, que es la presidenta del país que, con diferencia, cuenta con más hispanoparlantes en el mundo, quiere que el Rey de España diga mucho más. No le vale que solamente reconozca excesos y le irrita que diga que se sucedieron a pesar del "afán protector" que, desde los Reyes Católicos en adelante, la Corona de España mostró hacia sus nuevos súbditos.

Sheinbaum, que no convidó a Don Felipe a su toma de posesión en octubre 2024, exige que el Rey pida perdón al pueblo mexicano por el "genocidio" que cometió Cortes cuando desembarcó en lo que sería Nueva España con alrededor de ochocientos soldados y unos cuantos cañones y caballos. Pasa por alto el posterior mestizaje entre nativos y españoles, fenómeno único en los anales del imperialismo.

La izquierda española ha comprado el relato indigenista, lanza la misma acusación de una aniquilación total o parcial de grupos étnicos y al igual que Sheinbaum critica duramente a la Corona por no reprobar inequívocamente el "genocidio" de hace medio milenio.

Puede que de aquí a noviembre habrá tal condena y es de esperar que el Gobierno no implique al Rey en tamaño dislate.

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Fuente original: Leer en Expansión
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