Cuando uno piensa en hacer ejercicio, lo primero que suele venir a la mente es apuntarse a un gimnasio. Pagar una mensualidad, ir los primeros días, buscar una excusa para reducir la asistencia y, al final, terminar pagando sin acudir. ¿Quién no ha pasado por esto tras las vacaciones? Pues yo me encontré con una alternativa gratuita y al aire libre: un gimnasio donde todas las máquinas están construidas con chatarra, palos y piedras.
Suelo veranear por León, en la comarca de la Maragatería. La zona está salpicada de pueblos, algunos más pequeños que otros, unos con más gente y otros con menos, nunca demasiada. Cada cual con sus fiestas patronales compitiendo por atraer visitantes en pleno agosto. Y algunos no se conforman solo con sus fiestas, como es el caso de Valdespino de Somoza: este pueblo cuenta con un gimnasio ecológico. Me encontré con el cartel durante una visita y tuve que probarlo. Es una de las experiencias más extrañas que he tenido en la vida.
La imaginación al poder
Cuando planteaba el tema entre los compañeros de Xataka, Alex bautizó el invento como el “gimnasio de los Picapiedra”. Creo que es la mejor definición, porque todas las máquinas están construidas con materiales rústicos. Esqueleto de madera, asiento de chatarra, partes móviles que combinan los dos materiales anteriores y pesos regulables a base de acumular piedras en los distintos cubos. Parece absurdo, pero es una genialidad.
En Xataka
Hay un motivo por el que machacarse una hora al día en el gimnasio no te da resultados. Y ese motivo es la evolución
El gimnasio ecológico, llamado Lumen, está situado en medio del campo, a las afueras de Valdespino de Somoza. Manuel de Arriba Ares, vecino del pueblo, terminó de construirlo en 2005. Como profesor de educación física retirado, combinó su pasión por el deporte con el deseo de encontrar la mejor manera de reciclar los materiales considerados de desecho. El resultado es un conjunto de decenas de máquinas de gimnasio totalmente artesanales y que no usan electricidad.
Resumen de la idea y manifiesto. Manuscrito de Manuel de Arriba Ares sobre una chapa
Mi primera impresión fue de sorpresa. Después me despertó la curiosidad y, he de reconocerlo, también cierta burla. Y terminé descubriendo la realidad: Manuel me parece un visionario. Porque todas las máquinas están perfectamente diseñadas para entrenar grupos de músculos concretos de manera efectiva y segura. Aunque parece que van a romperse al levantar peso, nada más lejos de la realidad: son muy sólidas. Aunque el tiempo les ha dejado huella.
El cuadro de una bicicleta estática encajada en un marco de madera, y cuya rueda acciona una especie de rodillo casero, da la bienvenida a una pradera repleta de construcciones a base de troncos combinados con lavadoras, ruedas de coche, de tractor, poleas y todo tipo de materiales que, de no estar en el gimnasio Lumen, habitarían la chatarrería. Da cierto recelo usar las máquinas. Hasta que pruebas la primera.
¿Seguro que no se rompe?
¿A quién le apetece una clase de spinning?
Pues no. Como dije, son mucho más sólidas de lo que parecen. Y precisas: cada una de las máquinas tiene un pequeño cartel manuscrito donde explica qué grupos musculares ejercita y cuál es la manera de usarla.
Como he pasado mucho tiempo ejercitándome en el gimnasio, no me resultó muy diferente entrenarme con aquellos artilugios artesanales. De hecho, la mecánica es exactamente la misma: desde tirar de la cuerda para hacer remo (el asiento con ruedas es para verlo) a levantar pesas hechas con un bloque de cemento. Se nota que Manuel sabía lo que hacía, porque las agujetas al día siguiente fueron intensas.
Poleas y contrapesos de las máquinas de musculación
La máquina de remo me pareció especialmente curiosa. Me subí con algo de dificultad al artilugio para sentarme sobre una especie de tabla con ruedas. Esta circulaba sobre una plataforma de metal, reciclada de varios electrodomésticos. Tras agarrar los asideros, hice fuerza con los brazos mientras estiraba las piernas para completar el movimiento de remado. Unos cubos con piedras se elevaron para ejercer de contrapeso.
Salvando las lógicas distancias por la construcción, el ejercicio es similar al de una máquina de remo de gimnasio. Igual que el esfuerzo
Probé varios aparatos y todos me parecieron muy bien diseñados. Cada uno permite entrenar grupos de músculos concretos y con suficiente seguridad, aunque el tiempo ha hecho estragos en la maquinaria: algunas zonas metálicas están oxidadas, por lo que entrañan cierto riesgo. Aparte de las agujetas, me llevé una pequeña herida en la mano por excederme en una de las máquinas de musculación. Culpa mía.
Nos convencimos de que entrenar debía costar dinero
La típica advertencia para gimbros
El gimnasio Lumen es curioso por su construcción y por la idea del aprovechamiento extremo, pero no se queda en la peculiaridad: demuestra que es posible entrenarse con imaginación y sin pagar el peaje de una cuota mensual. Máquinas complejas, cargadas de tecnología, con pantallas que se conectan al móvil... Luego llega Manuel y te monta un completo gimnasio con palos y chatarra en mitad de un prado.
Citius, altius, fortius... Gratis
Llegué movido por la curiosidad y acabé convencido por la práctica: si yo viviese en Valdespino de Somoza no tengo dudas de que haría del gimnasio Lumen mi centro de entrenamiento. Quizá parezca sacado de los Picapiedra, pero cumple al 100 % con lo que se propone: ejercitar los músculos. Y de paso reaprovecha materiales que habrían acabado en la basura.
Imágenes | Iván Linares
En Xataka | Un usuario le pidió a su agente de IA que le reservase hora en el gimnasio. Lo logró expulsando primero a otra persona de la lista
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La noticia
El gimnasio de los Picapiedra existe, y lo hemos probado: sus máquinas están hechas con palos, piedras y chatarra
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Iván Linares
.
El gimnasio de los Picapiedra existe, y lo hemos probado: sus máquinas están hechas con palos, piedras y chatarra
Un profesor jubilado construyó un gimnasio con chatarra y piedras. Lo probé y me sorprendió
Parece un gimnasio de los Picapiedra, pero sus máquinas artesanales llevan más de 20 años entrenando músculos
Cuando uno piensa en hacer ejercicio, lo primero que suele venir a la mente es apuntarse a un gimnasio. Pagar una mensualidad, ir los primeros días, buscar una excusa para reducir la asistencia y, al final, terminar pagando sin acudir. ¿Quién no ha pasado por esto tras las vacaciones? Pues yo me encontré con una alternativa gratuita y al aire libre: un gimnasio donde todas las máquinas están construidas con chatarra, palos y piedras.
Suelo veranear por León, en la comarca de la Maragatería. La zona está salpicada de pueblos, algunos más pequeños que otros, unos con más gente y otros con menos, nunca demasiada. Cada cual con sus fiestas patronales compitiendo por atraer visitantes en pleno agosto. Y algunos no se conforman solo con sus fiestas, como es el caso de Valdespino de Somoza: este pueblo cuenta con un gimnasio ecológico. Me encontré con el cartel durante una visita y tuve que probarlo. Es una de las experiencias más extrañas que he tenido en la vida.
La imaginación al poder
Cuando planteaba el tema entre los compañeros de Xataka, Alex bautizó el invento como el “gimnasio de los Picapiedra”. Creo que es la mejor definición, porque todas las máquinas están construidas con materiales rústicos. Esqueleto de madera, asiento de chatarra, partes móviles que combinan los dos materiales anteriores y pesos regulables a base de acumular piedras en los distintos cubos. Parece absurdo, pero es una genialidad.
El gimnasio ecológico, llamado Lumen, está situado en medio del campo, a las afueras de Valdespino de Somoza. Manuel de Arriba Ares, vecino del pueblo, terminó de construirlo en 2005. Como profesor de educación física retirado, combinó su pasión por el deporte con el deseo de encontrar la mejor manera de reciclar los materiales considerados de desecho. El resultado es un conjunto de decenas de máquinas de gimnasio totalmente artesanales y que no usan electricidad.
Resumen de la idea y manifiesto. Manuscrito de Manuel de Arriba Ares sobre una chapa
Mi primera impresión fue de sorpresa. Después me despertó la curiosidad y, he de reconocerlo, también cierta burla. Y terminé descubriendo la realidad: Manuel me parece un visionario. Porque todas las máquinas están perfectamente diseñadas para entrenar grupos de músculos concretos de manera efectiva y segura. Aunque parece que van a romperse al levantar peso, nada más lejos de la realidad: son muy sólidas. Aunque el tiempo les ha dejado huella.
El cuadro de una bicicleta estática encajada en un marco de madera, y cuya rueda acciona una especie de rodillo casero, da la bienvenida a una pradera repleta de construcciones a base de troncos combinados con lavadoras, ruedas de coche, de tractor, poleas y todo tipo de materiales que, de no estar en el gimnasio Lumen, habitarían la chatarrería. Da cierto recelo usar las máquinas. Hasta que pruebas la primera.
¿Seguro que no se rompe?
¿A quién le apetece una clase de spinning?
Pues no. Como dije, son mucho más sólidas de lo que parecen. Y precisas: cada una de las máquinas tiene un pequeño cartel manuscrito donde explica qué grupos musculares ejercita y cuál es la manera de usarla.
Como he pasado mucho tiempo ejercitándome en el gimnasio, no me resultó muy diferente entrenarme con aquellos artilugios artesanales. De hecho, la mecánica es exactamente la misma: desde tirar de la cuerda para hacer remo (el asiento con ruedas es para verlo) a levantar pesas hechas con un bloque de cemento. Se nota que Manuel sabía lo que hacía, porque las agujetas al día siguiente fueron intensas.
Poleas y contrapesos de las máquinas de musculación
La máquina de remo me pareció especialmente curiosa. Me subí con algo de dificultad al artilugio para sentarme sobre una especie de tabla con ruedas. Esta circulaba sobre una plataforma de metal, reciclada de varios electrodomésticos. Tras agarrar los asideros, hice fuerza con los brazos mientras estiraba las piernas para completar el movimiento de remado. Unos cubos con piedras se elevaron para ejercer de contrapeso.
Salvando las lógicas distancias por la construcción, el ejercicio es similar al de una máquina de remo de gimnasio. Igual que el esfuerzo
Probé varios aparatos y todos me parecieron muy bien diseñados. Cada uno permite entrenar grupos de músculos concretos y con suficiente seguridad, aunque el tiempo ha hecho estragos en la maquinaria: algunas zonas metálicas están oxidadas, por lo que entrañan cierto riesgo. Aparte de las agujetas, me llevé una pequeña herida en la mano por excederme en una de las máquinas de musculación. Culpa mía.
Nos convencimos de que entrenar debía costar dinero
La típica advertencia para gimbros
El gimnasio Lumen es curioso por su construcción y por la idea del aprovechamiento extremo, pero no se queda en la peculiaridad: demuestra que es posible entrenarse con imaginación y sin pagar el peaje de una cuota mensual. Máquinas complejas, cargadas de tecnología, con pantallas que se conectan al móvil... Luego llega Manuel y te monta un completo gimnasio con palos y chatarra en mitad de un prado.
Citius, altius, fortius... Gratis
Llegué movido por la curiosidad y acabé convencido por la práctica: si yo viviese en Valdespino de Somoza no tengo dudas de que haría del gimnasio Lumen mi centro de entrenamiento. Quizá parezca sacado de los Picapiedra, pero cumple al 100 % con lo que se propone: ejercitar los músculos. Y de paso reaprovecha materiales que habrían acabado en la basura.