Las interrupciones son un chollo publicitario y ha acelerado el interés de cadenas que no tenían el fútbol en el radar por la multiplicación de soportes publicitarios. Los ingresos de FIFA por los derechos han aumentado un 36 por ciento
Harry Kane reparte consignas en la selección inglesaENGLAND FOOTBALL TEAM- GERARDO RIQUELME
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Es la gran revolución del Mundial. Lo que la FIFA vendió como una medida de protección médica para los futbolistas se ha convertido, en apenas unas semanas, en la indignación de los aficionados más puristas y la comidilla del negocio televisivo mundial: las pausas de hidratación —esas paradas de tres minutos en torno a los minutos 22 y 67— han abierto una ventana publicitaria que estaba vetada al fútbol y que ahora amenaza con cambiar para siempre la forma en que se vende este deporte en televisión.
La justificación oficial, además, cuela. Es climática: con el torneo disputado en pleno verano en países torridos como México y Estados Unidos -mucho menos Canadá-, la FIFA decidió estandarizar una pausa que antes solo se aplicaba de forma puntual en partidos con calor extremo. Pero el efecto colateral ha sido mucho más comentado que la propia medida médica. El seleccionador francés, Didier Deschamps, lo resumió con crudeza tras un amistoso: los tres minutos de pausa "cortan todo, pero la industria está contenta, hay más anuncios. Ahora jugaremos cuatro cuartos".
Ese es exactamente el diagnóstico que hacen los analistas del sector: el fútbol, el producto deportivo más caro y que menos casaba con la publicidad por su reloj corrido y sus escasas paradas naturales, ha encontrado en la pausa de hidratación su primer hueco ideal para vender espacio comercial en mitad del juego, como la NBA llevan haciendo con normalidad desde hace décadas.
Un inventario publicitario que se ha multiplicado
Las cifras confirman que no es una percepción exagerada. Según datos de iSpot recogidos por Forbes, este Mundial acumula ya un porcentaje mucho mayor del inventario publicitario televisivo en directo que Qatar 2022: mientras aquel torneo, disputado fuera de la temporada habitual con las ligas profesionales estadounidenses (NBA, NFL, NHGL) ya empezadas, apenas representaba un 2,77% del alcance publicitario de la programación en directo en Estados Unidos, este Mundial ya acumula un 13%. Y gracias al mayor número de partidos —104 frente a los 64 del Mundial del emirato—, y en buena parte a las pausas de hidratación, las impresiones publicitarias en televisión se han casi triplicado en ese país respecto a 2022.
En Francia, cada anuncio de 20 segundos durante una de estas pausas se ha llegado a vender por 425.000 euros, solo por debajo del precio de la prórroga o la tanda de penaltis. No es casualidad que patrocinadores oficiales de la FIFA como Coca-Cola o la petrolera saudí Aramco tengan prioridad para comprar ese espacio.
España en una pausa de hidratación ante PortugalCHEMA REYHablando de Francia, dato mata a relato, los Juegos Olímpicos de París tuvieron 84 patrocinadores, pero en los photocall aparecían unos 30. El Mundial de fútbol, un acontecimiento que dura el doble de días, ha proyectado 21 al mundo.
Fox ha encontrado un filón. Cerró los derechos para 2022 y 2026 con una cierta rebaja sobre el valor del torneo porque la edición de Qatar no le encajaba a su parrilla al celebrarse al mismo tiempo que la NFL. Según The Hollywood Reporter , los anuncios de 30 segundos durante los partidos generalmente cuestan entre 200.000 y 750.000 dólares, lo que significa que los 624 minutos de pausas para hidratación en los 104 partidos del Mundial de 2026 podrían valer más de 500 millones de dólares, superior a los 485 pagados en este ciclo.
Ahora se proyecta el doble de precio en la próxima puja de derechos para 2030 y 2034. Según Forbes, las ofertas para el mercado estadounidense podrían arrancar en 1.000 millones de dólares y podrían llegar a 1.500-2.000 millones si se empaquetan ambos torneos. Y lo más significativo: por primera vez plataformas que tradicionalmente no pujaban por el fútbol —ESPN, Netflix, Disney, YouTube, Apple, Amazon— están mostrando interés real, atraídas precisamente por el salto en el espacio publicitario que ha demostrado este Mundial gracias, en parte, a las nuevas pausas.
Esto es América
No todas las televisiones han jugado la misma partida en una tarta que ha significado 3.925 millones de dólares a nivel mundial para la FIFA, un 36 por ciento más que en Qatar 2022. En Estados Unidos, Fox ha optado por cortar a publicidad en cada pausa, mientras que Telemundo, su competidor en español, ha preferido mantener la señal del partido. Esto le ha beneficiado en términos de audiencia y ha generado tensión entre ambas cadenas, hasta el punto de que la FIFA ya ha decidido empaquetar juntos los derechos en inglés y en español de cara a futuros mundiales para evitar ese conflicto.
En Europa, el patrón se repite de forma desigual: DAZN, TVE, M6 o beIN han aprovechado el corte comercial, mientras que ITV en Reino Unido, Globo en Brasil o las cadenas públicas alemanas ARD y ZDF se han resistido, por límites regulatorios o por una cultura televisiva menos permisiva con la interrupción del juego en directo.
En España, cadenas cuyo interés era menor o nulo en la adquisición de los derechos de los Mundiales por su carestía ya han mostrado su interés futuro en caso de mantenerse este nuevo escaparate. RTVE pagó 57 millones por un lote reducido; DAZN por los 104 partidos, los obtuvo de un acuerdo global y no comunica cifras. "Económicamente se han cumplido las asunciones de nuestro business case", dicen fuentes de la plataforma. Para 2030, con el Mundial en casa, los montantes pueden ser una locura.
Davinson Sánchez, de Colombia, en una pausa de rehidrataciónLAPRESSELa UEFA, de momento, ha dejado claro que no tiene intención de trasladar esta fórmula a la Champions League ni a la Euro. Pero la puerta no está cerrada del todo: la CONMEBOL ya ha anunciado pausas de rehidratación de 90 segundos para la Libertadores y la Sudamericana de 2026, lo que sugiere que el modelo, nacido como una necesidad para cuidar la salud de los futbolistas, podría acabar asentándose como una pieza más del negocio del fútbol global. Ya se sabe. Cuando Estados Unidos estornuda, el mundo se resfría.
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