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El gran talón de Aquiles de Europa no son sus ejércitos, son sus enchufes: el aviso de la OTAN para blindar nuestra red eléctrica

El gran talón de Aquiles de Europa no son sus ejércitos, son sus enchufes: el aviso de la OTAN para blindar nuestra red eléctrica
Artículo Completo 1,907 palabras
La pizarra que cuelga detrás de la barra del Squat 17b, un local en Kiev, no enumera las ofertas de bebidas, sino que mantiene una cuenta regresiva de los días que los ucranianos deben soportar el duro invierno. En su interior, el bar carece de electricidad y está iluminado únicamente por velas, mientras los clientes tiemblan en los taburetes bebiendo cerveza enfriada por las propias temperaturas gélidas. Esta estampa, descrita por Financial Times, es el resultado de un invierno excepcionalmente duro, con temperaturas que han alcanzado los -20 grados Celsius. Lo que está emergiendo en el este de Europa es una realidad que algunos analistas ya describen como “terror térmico”: el frío convertido en arma de guerra. Rusia no busca únicamente degradar la capacidad militar ucraniana; apunta deliberadamente contra subestaciones, centrales y redes de distribución para hacer físicamente inviable la vida cotidiana. Calefacción, luz y agua se convierten en objetivos estratégicos. Lejos de las trincheras, la primera línea del frente se ha trasladado a los transformadores y a las subestaciones eléctricas. En las primeras semanas del año, las fuerzas rusas han atacado el sector energético ucraniano más de 200 veces. Rusia ha lanzado oleadas coordinadas de hasta 40 misiles y 400 drones en una sola noche, buscando desbordar los sistemas de defensa aérea. Ucrania perdió hasta dos tercios de su capacidad de generación eléctrica tras los primeros meses de bombardeos. Y aun así, la infraestructura resiste. En Xataka Rusia ha dinamitado la electricidad en Ucrania para activar el "terror térmico": que “calentarse” en invierno sea un riesgo letal La nueva frontera del sabotaje Ante el aumento de amenazas físicas e híbridas, la industria eléctrica europea ha empezado a lanzar advertencias claras. “El último año nos ha demostrado que continuar con el modelo actual en Europa ya no es una opción”, afirmó Leonhard Birnbaum, presidente de Eurelectric, en declaraciones recogidas por Euronews. Para el sector, la seguridad del suministro eléctrico se ha convertido en una cuestión estratégica. A finales de diciembre, los sistemas de seguridad de Polonia detectaron lo que su Gobierno calificó como "el ataque más fuerte contra la infraestructura energética polaca en años". El grupo Sandworm —una unidad vinculada al GRU ruso— logró inutilizar las unidades terminales remotas (RTU) en al menos 30 instalaciones energéticas. Estas RTU no generan electricidad, pero permiten monitorizar y controlar subestaciones y plantas. El ataque afectó a plantas de cogeneración y a sistemas que conectan parques eólicos y solares con la red. Para lograrlo, utilizaron un código malicioso destructivo conocido como wiper, diseñado exclusivamente para borrar archivos e inutilizar equipos de forma permanente. El primer ministro polaco, Donald Tusk, advirtió que, de haber tenido éxito completo, medio millón de personas se habrían quedado sin calefacción en pleno invierno. Este uso de un wiper marca un salto cualitativo: Rusia ha pasado del simple espionaje digital al sabotaje destructivo contra infraestructuras críticas de un país miembro de la OTAN. A la amenaza cibernética se suma el espionaje físico bajo el mar. El buque espía ruso Yantar, operado por el directorado de investigación en aguas profundas de Rusia (GUGI), recorrió durante casi 100 días las aguas del Atlántico y del Mediterráneo. Su objetivo fue mapear y vigilar los cables submarinos de los que dependen Europa y Norteamérica para sus comunicaciones digitales y su energía. Este tipo de operaciones encubiertas en la "zona gris" buscan medir las líneas rojas de la OTAN y abren la puerta a posibles cortes de energía o comunicaciones para forzar negociaciones políticas. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Como recordaba el histórico general estadounidense Omar Bradley: "Los aficionados hablan de tácticas, los profesionales hablan de logística". Para cualquier nación desarrollada actual, el sistema logístico más crítico es su infraestructura energética. Durante décadas, Europa construyó un sistema energético profundamente dependiente de la importación de combustibles fósiles. La dependencia se convirtió en vulnerabilidad. Como recordó Bloomberg, la Unión Europea pagó casi 22.000 millones de euros en importaciones de combustibles fósiles rusos el último año, más de lo que destinó en apoyo financiero directo a Ucrania. Cambiar de modelo ha dejado de ser una cuestión climática para convertirse en puro instinto de supervivencia. El viejo continente ha comprobado que llenar su territorio de fuentes renovables y electrificar la economía levanta un muro estructural mucho más sólido que la vieja adicción a los fósiles extranjeros. Y el escudo ya está funcionando. Un vistazo a los datos recopilados por el think tank Agora Energiewende en su último informe, Europe’s energy security on the path to climate neutrality, revela un colchón brutal: el simple despliegue de tecnología eólica y solar durante los últimos cinco años (2019-2024) evitó tener que comprar y quemar 92.000 millones de metros cúbicos de gas. Sin embargo, esta transformación introduce nuevos riesgos. Las redes eléctricas modernas son más digitales, más interconectadas y más descentralizadas. Según el mismo informe de Agora Energiewende, el desafío ya no es solo asegurar el suministro de combustible, sino garantizar estabilidad de red, ciberseguridad y resiliencia industrial. Más nodos implican más puntos de entrada potenciales para ataques. A ello se suma la dimensión tecnológica. Como recoge Euronews, entre el 70% y el 80% de los inversores solares instalados en Europa provienen de fabricantes chinos como Huawei o Sungrow. En un sistema altamente digitalizado, el control del hardware implica también un potencial control del software. La energía como política de defensa Frente a esta vulnerabilidad, Europa está obligada a tratar la seguridad energética como una política de defensa de facto. Una coalición de expertos en defensa, que incluye a líderes militares retirados como el teniente general británico Richard Nugee y el general neerlandés Tom Middendorp, ha instado a los gobiernos europeos a que el gasto en energía baja en carbono se contabilice dentro del objetivo de la OTAN de destinar el 1,5% del PIB a infraestructuras críticas y resiliencia civil. En declaraciones recogidas por The Guardian, el teniente general retirado Richard Nugee afirmó: "Para tener una fuerte disuasión militar necesitamos una patria resiliente. Y la energía baja en carbono es un componente fundamental". Según Bloomberg, esta visión está ganando terreno en el debate estratégico europeo: la transición energética ya no es solo política climática; es arquitectura de seguridad. En Xataka Europa logró independizarse del gas ruso. Ahora tiene otro quebradero de cabeza: cómo independizarse del gas de EEUU La clave táctica de esta nueva defensa es la descentralización. A diferencia de las grandes plantas centralizadas que son blancos fáciles para los misiles, las turbinas eólicas y los paneles solares están mucho más dispersos geográficamente, lo que los hace significativamente menos vulnerables a los ataques a gran escala. Para sostener este nuevo modelo, Eurelectric propone tres pilares fundamentales: Mejor planificación: Los marcos de preparación deben abarcar toda la cadena de valor, incluir todos los vectores energéticos y anticipar las amenazas externas a largo plazo.Flexibilidad masiva: Será imprescindible desplegar nuevas tecnologías de almacenamiento y gestión de la demanda para complementar la variabilidad de las energías renovables.Mercados eficientes: Las señales de precios deben permitir a los consumidores contribuir a la seguridad del suministro ajustando activamente su consumo.El miedo a un colapso ya ha movido ficha en los despachos europeos. El primer gran movimiento se selló en Hamburgo, donde nueve Gobiernos acaban de firmar un pacto inédito para blindar el Mar del Norte. No solo van a levantar parques eólicos con capacidad para 100 gigavatios, sino que compartirán la vigilancia física y cibernética de toda esa infraestructura. Y la defensa no se quedará en la superficie: los estrategas de la OTAN tienen sobre la mesa el proyecto Atlantic Bastion. Su idea es sembrar el fondo del océano —en la ruta entre Groenlandia, Islandia y el Reino Unido— con micrófonos, sensores y drones submarinos para que nadie pueda acercarse a los cables estratégicos sin hacer saltar las alarmas. Los nuevos cuellos de botella La transición no elimina todas las vulnerabilidades. Algunos expertos citados por Euroactiv advierten que sustituir el gas ruso por gas natural licuado estadounidense podría equivaler a cambiar una dependencia por otra. Firmar contratos a largo plazo puede generar activos varados en un mercado donde la demanda de gas está destinada a caer estructuralmente. Además, la dependencia de componentes críticos fabricados fuera de Europa plantea interrogantes estratégicos. El informe de Agora Energiewende subraya la necesidad de priorizar la producción y reciclaje de materiales clave, así como de establecer criterios de seguridad específicos para electrónica de potencia y software de control. La idea no procede únicamente del ámbito industrial o climático. En una columna de opinión del Financial Times titulada Europe should treat energy security as defence policy, el exsubcomandante supremo aliado de la OTAN en Europa, Richard Shirreff, defendía que la seguridad energética debe tratarse como política de defensa de facto. Recordando que "los profesionales hablan de logística", Shirreff advertía de que la infraestructura energética es hoy el sistema logístico más crítico de cualquier nación desarrollada. “La energía ya no es solo una mercancía para la prosperidad económica; es la primera línea de la defensa”, escribió. Para el antiguo mando aliado, la lección ucraniana es clara: si un adversario puede apagar una economía, puede debilitar su capacidad de combate antes incluso de que comiencen las operaciones convencionales. Sin energía no hay defensa La vulnerabilidad energética de Europa nunca se ha debido realmente a la falta de combustible, sino a la dependencia. Ante las agresiones cibernéticas y el sabotaje físico, la energía ha dejado de ser únicamente un pilar para la prosperidad económica para consolidarse como la primera línea del frente de combate. El mensaje de los estrategas militares y de la industria es unánime: para tener una disuasión militar fuerte, el continente necesita construir una retaguardia civil resiliente. En la era de la guerra híbrida, si Europa no puede iluminar sus ciudades y mantener funcionando sus economías, será totalmente incapaz de defender sus fronteras. Imagen | Freepik y Freepik Xataka | Sandworm cruza la frontera: la unidad del GRU ataca las renovables polacas y desafía a la OTAN - La noticia El gran talón de Aquiles de Europa no son sus ejércitos, son sus enchufes: el aviso de la OTAN para blindar nuestra red eléctrica fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .
El gran talón de Aquiles de Europa no son sus ejércitos, son sus enchufes: el aviso de la OTAN para blindar nuestra red eléctrica
  • Los ex altos mandos de la OTAN lo tienen claro: o invertimos en paneles solares y redes descentralizadas, o seremos incapaces de defender nuestras fronteras

  • De los bombardeos en Kiev al 'malware' destructivo en Polonia: así fue el ataque silencioso de los hackers de Putin que rozó el apagón de medio millón de europeos

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Alba Otero

Editora - Energía

Alba Otero

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La pizarra que cuelga detrás de la barra del Squat 17b, un local en Kiev, no enumera las ofertas de bebidas, sino que mantiene una cuenta regresiva de los días que los ucranianos deben soportar el duro invierno. En su interior, el bar carece de electricidad y está iluminado únicamente por velas, mientras los clientes tiemblan en los taburetes bebiendo cerveza enfriada por las propias temperaturas gélidas. Esta estampa, descrita por Financial Times, es el resultado de un invierno excepcionalmente duro, con temperaturas que han alcanzado los -20 grados Celsius.

Lo que está emergiendo en el este de Europa es una realidad que algunos analistas ya describen como “terror térmico”: el frío convertido en arma de guerra. Rusia no busca únicamente degradar la capacidad militar ucraniana; apunta deliberadamente contra subestaciones, centrales y redes de distribución para hacer físicamente inviable la vida cotidiana. Calefacción, luz y agua se convierten en objetivos estratégicos. Lejos de las trincheras, la primera línea del frente se ha trasladado a los transformadores y a las subestaciones eléctricas.

En las primeras semanas del año, las fuerzas rusas han atacado el sector energético ucraniano más de 200 veces. Rusia ha lanzado oleadas coordinadas de hasta 40 misiles y 400 drones en una sola noche, buscando desbordar los sistemas de defensa aérea. Ucrania perdió hasta dos tercios de su capacidad de generación eléctrica tras los primeros meses de bombardeos. Y aun así, la infraestructura resiste.

En XatakaRusia ha dinamitado la electricidad en Ucrania para activar el "terror térmico": que “calentarse” en invierno sea un riesgo letal

La nueva frontera del sabotaje

Ante el aumento de amenazas físicas e híbridas, la industria eléctrica europea ha empezado a lanzar advertencias claras. “El último año nos ha demostrado que continuar con el modelo actual en Europa ya no es una opción”, afirmó Leonhard Birnbaum, presidente de Eurelectric, en declaraciones recogidas por Euronews. Para el sector, la seguridad del suministro eléctrico se ha convertido en una cuestión estratégica.

A finales de diciembre, los sistemas de seguridad de Polonia detectaron lo que su Gobierno calificó como "el ataque más fuerte contra la infraestructura energética polaca en años". El grupo Sandworm —una unidad vinculada al GRU ruso— logró inutilizar las unidades terminales remotas (RTU) en al menos 30 instalaciones energéticas. Estas RTU no generan electricidad, pero permiten monitorizar y controlar subestaciones y plantas. El ataque afectó a plantas de cogeneración y a sistemas que conectan parques eólicos y solares con la red.

Para lograrlo, utilizaron un código malicioso destructivo conocido como wiper, diseñado exclusivamente para borrar archivos e inutilizar equipos de forma permanente. El primer ministro polaco, Donald Tusk, advirtió que, de haber tenido éxito completo, medio millón de personas se habrían quedado sin calefacción en pleno invierno. Este uso de un wiper marca un salto cualitativo: Rusia ha pasado del simple espionaje digital al sabotaje destructivo contra infraestructuras críticas de un país miembro de la OTAN.

A la amenaza cibernética se suma el espionaje físico bajo el mar. El buque espía ruso Yantar, operado por el directorado de investigación en aguas profundas de Rusia (GUGI), recorrió durante casi 100 días las aguas del Atlántico y del Mediterráneo. Su objetivo fue mapear y vigilar los cables submarinos de los que dependen Europa y Norteamérica para sus comunicaciones digitales y su energía. Este tipo de operaciones encubiertas en la "zona gris" buscan medir las líneas rojas de la OTAN y abren la puerta a posibles cortes de energía o comunicaciones para forzar negociaciones políticas.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Como recordaba el histórico general estadounidense Omar Bradley: "Los aficionados hablan de tácticas, los profesionales hablan de logística". Para cualquier nación desarrollada actual, el sistema logístico más crítico es su infraestructura energética.

Durante décadas, Europa construyó un sistema energético profundamente dependiente de la importación de combustibles fósiles. La dependencia se convirtió en vulnerabilidad. Como recordó Bloomberg, la Unión Europea pagó casi 22.000 millones de euros en importaciones de combustibles fósiles rusos el último año, más de lo que destinó en apoyo financiero directo a Ucrania.

Cambiar de modelo ha dejado de ser una cuestión climática para convertirse en puro instinto de supervivencia. El viejo continente ha comprobado que llenar su territorio de fuentes renovables y electrificar la economía levanta un muro estructural mucho más sólido que la vieja adicción a los fósiles extranjeros. Y el escudo ya está funcionando. Un vistazo a los datos recopilados por el think tankAgora Energiewende en su último informe, Europe’s energy security on the path to climate neutrality, revela un colchón brutal: el simple despliegue de tecnología eólica y solar durante los últimos cinco años (2019-2024) evitó tener que comprar y quemar 92.000 millones de metros cúbicos de gas.

Sin embargo, esta transformación introduce nuevos riesgos. Las redes eléctricas modernas son más digitales, más interconectadas y más descentralizadas. Según el mismo informe de Agora Energiewende, el desafío ya no es solo asegurar el suministro de combustible, sino garantizar estabilidad de red, ciberseguridad y resiliencia industrial. Más nodos implican más puntos de entrada potenciales para ataques. A ello se suma la dimensión tecnológica. Como recoge Euronews, entre el 70% y el 80% de los inversores solares instalados en Europa provienen de fabricantes chinos como Huawei o Sungrow. En un sistema altamente digitalizado, el control del hardware implica también un potencial control del software.

La energía como política de defensa

Frente a esta vulnerabilidad, Europa está obligada a tratar la seguridad energética como una política de defensa de facto. Una coalición de expertos en defensa, que incluye a líderes militares retirados como el teniente general británico Richard Nugee y el general neerlandés Tom Middendorp, ha instado a los gobiernos europeos a que el gasto en energía baja en carbono se contabilice dentro del objetivo de la OTAN de destinar el 1,5% del PIB a infraestructuras críticas y resiliencia civil.

En declaraciones recogidas por The Guardian, el teniente general retirado Richard Nugee afirmó: "Para tener una fuerte disuasión militar necesitamos una patria resiliente. Y la energía baja en carbono es un componente fundamental". Según Bloomberg, esta visión está ganando terreno en el debate estratégico europeo: la transición energética ya no es solo política climática; es arquitectura de seguridad.

En XatakaEuropa logró independizarse del gas ruso. Ahora tiene otro quebradero de cabeza: cómo independizarse del gas de EEUU

La clave táctica de esta nueva defensa es la descentralización. A diferencia de las grandes plantas centralizadas que son blancos fáciles para los misiles, las turbinas eólicas y los paneles solares están mucho más dispersos geográficamente, lo que los hace significativamente menos vulnerables a los ataques a gran escala. Para sostener este nuevo modelo, Eurelectricpropone tres pilares fundamentales:

  • Mejor planificación: Los marcos de preparación deben abarcar toda la cadena de valor, incluir todos los vectores energéticos y anticipar las amenazas externas a largo plazo.
  • Flexibilidad masiva: Será imprescindible desplegar nuevas tecnologías de almacenamiento y gestión de la demanda para complementar la variabilidad de las energías renovables.
  • Mercados eficientes: Las señales de precios deben permitir a los consumidores contribuir a la seguridad del suministro ajustando activamente su consumo.

El miedo a un colapso ya ha movido ficha en los despachos europeos. El primer gran movimiento se selló en Hamburgo, donde nueve Gobiernos acaban de firmar un pacto inédito para blindar el Mar del Norte. No solo van a levantar parques eólicos con capacidad para 100 gigavatios, sino que compartirán la vigilancia física y cibernética de toda esa infraestructura. Y la defensa no se quedará en la superficie: los estrategas de la OTAN tienen sobre la mesa el proyecto Atlantic Bastion. Su idea es sembrar el fondo del océano —en la ruta entre Groenlandia, Islandia y el Reino Unido— con micrófonos, sensores y drones submarinos para que nadie pueda acercarse a los cables estratégicos sin hacer saltar las alarmas.

Los nuevos cuellos de botella

La transición no elimina todas las vulnerabilidades. Algunos expertos citados por Euroactiv advierten que sustituir el gas ruso por gas natural licuado estadounidense podría equivaler a cambiar una dependencia por otra. Firmar contratos a largo plazo puede generar activos varados en un mercado donde la demanda de gas está destinada a caer estructuralmente.

Además, la dependencia de componentes críticos fabricados fuera de Europa plantea interrogantes estratégicos. El informe de Agora Energiewendesubraya la necesidad de priorizar la producción y reciclaje de materiales clave, así como de establecer criterios de seguridad específicos para electrónica de potencia y software de control.

La idea no procede únicamente del ámbito industrial o climático. En una columna de opinión del Financial Times titulada Europe should treat energy security as defence policy, el exsubcomandante supremo aliado de la OTAN en Europa, Richard Shirreff, defendía que la seguridad energética debe tratarse como política de defensa de facto. Recordando que "los profesionales hablan de logística", Shirreff advertía de que la infraestructura energética es hoy el sistema logístico más crítico de cualquier nación desarrollada. “La energía ya no es solo una mercancía para la prosperidad económica; es la primera línea de la defensa”, escribió.

Para el antiguo mando aliado, la lección ucraniana es clara: si un adversario puede apagar una economía, puede debilitar su capacidad de combate antes incluso de que comiencen las operaciones convencionales.

Sin energía no hay defensa

La vulnerabilidad energética de Europa nunca se ha debido realmente a la falta de combustible, sino a la dependencia. Ante las agresiones cibernéticas y el sabotaje físico, la energía ha dejado de ser únicamente un pilar para la prosperidad económica para consolidarse como la primera línea del frente de combate.

El mensaje de los estrategas militares y de la industria es unánime: para tener una disuasión militar fuerte, el continente necesita construir una retaguardia civil resiliente. En la era de la guerra híbrida, si Europa no puede iluminar sus ciudades y mantener funcionando sus economías, será totalmente incapaz de defender sus fronteras.

Imagen | Freepik y Freepik

Xataka | Sandworm cruza la frontera: la unidad del GRU ataca las renovables polacas y desafía a la OTAN

Fuente original: Leer en Xataka
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