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El grave problema del sistema de pensiones

El grave problema del sistema de pensiones
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El actual sistema de pensiones en España exige un mayor esfuerzo y significa una gran carga sobre los trabajadores en activo y las generaciones jóvenes. Leer
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  • FRANCISCO CABRILLO
Actualizado 24 JUL. 2026 - 00:39Hoy en día, hay 9,7 millones de beneficiarios, más del 20% de la población.Seguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

El actual sistema de pensiones en España exige un mayor esfuerzo y significa una gran carga sobre los trabajadores en activo y las generaciones jóvenes.

Parece que la mayor parte de la población española es bastante consciente de que la quiebra técnica en la que se encuentra nuestro sistema de pensiones es uno de los problemas más graves a los que deberá enfrentarse el país en el medio y largo plazo.

La razón es fácil de entender. Un sistema basado en el principio de reparto, en el que las pensiones se pagan con losingresos por cotizaciones de los trabajadores en activo, se enfrenta a una situación difícil cuando cambia la estructura de la pirámide de la población. Y la ratio pensionistas/cotizantes ha crecido -y sigue haciéndolo- de forma rápida.

Solo algunos datos que ilustran las diferencias que existen entre la situación actual y la que existía en 1986. En aquel año el número de personas mayores de 65 años en España era de 4,7 millones, lo que suponía el 12,2% de la población total. Hoy el número ha ascendido a 9,7 millones, superando la cifra del 20% de la población. El resultado es que el pago de las pensiones exige cada vez mayores aportaciones de los presupuestos del Estado. Es decir, no basta con las cotizaciones de los trabajadores en activo; y los contribuyentes ven como una parte creciente de sus impuestos se dedica al pago de pensiones.

El problema se agrava si consideramos que la política del Estado español con los pensionistas es muy generosa, tanto en lo que se refiere a las cuantías percibidas por los beneficiarios en relación con las cotizaciones que realizaron como trabajadores activos, como en las subidas que se han venido aplicando a las pensiones en los últimos años. Y esta generosidad se manifiesta especialmente con quienes perciben pensiones bajas.

No quiero decir, desde luego, que estos reciban mucho dinero. No es así. Pero los datos muestran claramente que las prestaciones son muy favorables para las cotizaciones que han realizado a lo largo de sus vidas. Sólo mediante transferencias de otros grupos sociales -pensionistas de nivel más alto y, sobre todo, contribuyentes de las generaciones posteriores- es posible mantener estos pagos. Y, en un país en el que los salarios reales han experimentado tasas de crecimiento bastante reducidas durante mucho tiempo esto significa que, en términos comparativos, la posición de los trabajadores se ha deteriorado en relación con la de los pensionistas.

Este fenómeno ocurre en un marco macroeconómico complicado, caracterizado por un fuerte crecimiento del gasto público y una deuda superior al cien por ciento del PIB, a pesar de la notable subida que ha experimentado la presión fiscal en los últimos años.

Aunque se acepte, en términos generales, que el fuerte aumento de los pagos por pensiones tiene efectos negativos sobre la estabilidad del sistema y las cargas crecientes que soportan los trabajadores españoles en activo, tales subidas se justifican con argumentos de justicia social.

Se dice que las personas mayores hemos trabajado mucho a lo largo de nuestras vidas y tenemos derecho a una buena pensión para pasar una vejez tranquila. Nada más justo, sin duda. El problema es que alguien va a tener que pagar la factura.

Y este alguien son las generaciones más jóvenes, que manifiestan un creciente pesimismo con respecto a su futuro. Por una parte, porque a una situación financiera ya difícil se suma el problema de la vivienda, que sigue deteriorándose en España y afecta a los jóvenes en un grado mucho mayor que a las personas de mayor edad.Por otra, porque aquellos tendrán que pagar la deuda pública que estamos emitiendo ahora; y deberán financiar también con sus impuestos el déficit del sistema de pensiones.

Lo que nos muestran las encuestas de opinión es que la mayoría de los jóvenes españoles, con buen sentido, son conscientes de que, aunque van a pagar cotizaciones e impuestos elevados, no tienen garantía alguna de que vayan a poder cobrar una buena pensión cuando llegue el momento de su jubilación.

Podemos entonar todos los cantos que queramos a la solidaridad intergeneracional. Pero lo cierto es que existe un conflicto de intereses entre quienes tienen una larga vida laboral por delante y quienes estamos ya retirados. Y me parece que son los jóvenes los que están perdiendo la batalla. Este evidente choque de intereses presenta, a veces, rasgos pintorescos. He oído, por ejemplo, a algún jubilado reclamar una pensión más alta con el argumento de que, como su hijo estaba en paro, de sus ingresos vivían no sólo él y su mujer, sino también ese hijo y hasta algún nieto. Esto es real en la España de hoy. Pero es absurdo. Las pensiones no están diseñadas para que el jubilado mantenga a sus descendientes.

¿No sería mejor que ofreciéramos a las nuevas generaciones un futuro más prometedor, permitiéndoles trabajar y sacar adelante sus negocios sin las trabas fiscales y administrativas que hoy existen? Es cierto que los pensionistas somos muchos; y cada vez más... Pero, por favor, no sigamos perjudicando a los jóvenes para ganar votos en unas elecciones.

Francisco Cabrillo es catedrático emérito de Economía de la Universidad Complutense. Fundación Civismo.

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Fuente original: Leer en Expansión
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