Perfil | Juan Jesús Vivas
El guardián incombustible de la frontera surEste veterano dirigente del PP, que lleva 25 años en el cargo, ha hecho del equilibrio institucional y la defensa de la 'ceuticidad' su mayor blindaje político
Regala esta noticia Añádenos en Google (Mikel Casal)Madrid
23/08/2026 a las 00:07h.El despacho de Juan Jesús Vivas (Ceuta, 1953) no es solo el centro de mando de la ciudad autónoma; es el epicentro de una frontera ... emocional y geográfica permanente. Con más de dos décadas ininterrumpidas al frente del Gobierno del enclave de España en el norte de África, este veterano político del PP, con sus gafas de montura fina y su tono de voz pausado, casi pedagógico, se ha convertido en todo un símbolo de resistencia institucional a raíz de las severas crisis migratorias y diplomáticas que han sacudido al territorio en los últimos años.
Desde ese instante, el dirigente popular entendió que gobernar Ceuta requería un manual distinto al del resto de autonomías. La geografía manda. Estar rodeado por Marruecos y el mar Mediterráneo convierte la gestión diaria en un constante ejercicio de equilibrismo geopolítico. Y es a base de equilibrio como se ha forjado su perfil político y un estilo en el que destaca por la moderación, una calculada ambigüedad y la capacidad de presentarse como el garante de la estabilidad en una de las fronteras más calientes de Europa.
Desde que asumió el bastón de mando, Vivas ha ganado tres mayorías absolutas consecutivas, un hito que cimentó gracias a un discurso centrado en la identidad española de la ciudad, pero firmemente comprometido con la convivencia multicultural. En una plaza donde coexisten comunidades cristianas, musulmanas, judías e hindúes, el barón del PP ha hecho de la moderación su principal activo electoral. Hasta tal punto que en los últimos comicios autonómicos rechazó coaligarse con Vox, como sí hicieron otros dirigentes territoriales de su partido, y prefirió seguir gobernando en minoría buscando acuerdos puntuales con el PSOE y formaciones localistas.
Su verdadero bautismo de fuego llegó en mayo de 2021. En medio de una crisis diplomática entre España y Marruecos, las fronteras de Ceuta se abrieron de facto, permitiendo la entrada irregular de más de 10.000 personas en apenas 48 horas. La ciudad autónoma, de apenas 20 kilómetros cuadrados y 85.000 habitantes, colapsó bajo una presión humana insostenible. Fue en ese momento crítico donde el perfil humano de Vivas eclipsó al del burócrata. Compareció ante los medios con la voz quebrada pero firme, calificando la situación como una «invasión» y un desafío a la integridad territorial de España. Su imagen, visiblemente exhausto y al borde de las lágrimas, no era la pose de un estratega, sino el desgarro de un hombre que veía peligrar el hogar de sus vecinos.
Este veterano político del PP encarna la resistencia de una ciudad que se niega a ser un peón en el tablero geopolítico entre Madrid y Rabat
Su decisión de alinearse estrechamente con el Gobierno de Pedro Sánchez para coordinar el despliegue del Ejército y la devolución de menores generó tensiones internas en el PP. Pero Vivas demostró una lealtad institucional inquebrantable y eludió la confrontación con Moncloa, como le pedían algunas voces en el partido conservador, dejando claro que para él Ceuta y sus ciudadanos están por encima de las siglas. «En los momentos de emergencia nacional no hay partidos, hay España», repitió esos días como un mantra.
Baluarte de la estabilidad
A raíz de las sucesivas crisis migratorias, como los repuntes de llegadas de menores no acompañados que continuaron desafiando las infraestructuras de la ciudad en los años posteriores, el desgaste físico y emocional en el político conservador ha sido evidente. La presión de gestionar una frontera viva, que es a la vez el límite exterior de la Unión Europea en África, ha hecho mella en Vivas, pero también ha agudizado su empatía.
Aunque el presidente ceutí defiende con firmeza el control fronterizo y la seguridad, siempre ha introducido en su discurso la dimensión humanitaria, recordando que detrás de los números hay vidas humanas y niños desamparados. Ese delicado equilibrio entre la firmeza y la compasión humana define su madurez política.
A sus 72 años, Juan Jesús Vivas encarna la resistencia de una Ceuta que se niega a ser un peón en el tablero geopolítico entre Madrid y Rabat. Su carrera política comenzó como un esfuerzo por restaurar el orden local tras el paso del 'gilismo' y ha terminado convirtiéndose en un baluarte de la estabilidad fronteriza de Europa. Su legado no se medirá en grandes obras de infraestructura, aunque entre sus logros está el haber garantizado el suministro de agua 24 horas en los hogares ceutíes, sino en haber mantenido a flote la convivencia y la dignidad de una ciudad en sus horas más oscuras, demostrando que, a veces, la única estrategia viable para garantizar la supervivencia es la moderación.
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