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Imagen de los daños en uno de los reactores de Chernóbil. Efe El horror de Chernóbil cumple 40 añosUcrania, en plena guerra con Rusia, recuerda este domingo el mayor desastre nuclear de la historia y sus terribles secuelas
Domingo, 26 de abril 2026, 01:03
... la historia. En aquella región donde las embarazadas aún temen al fantasma radiactivo que puede afectar a sus futuros hijos, nadie lo olvida; nadie lo comprende.Hasta dos días después de la catástrofe, las autoridades soviéticas no informaron del suceso ni de la nube tóxica
En 1987, los dirigentes de la URSS dieron como oficial la cifra de 31 muertos en aquel siniestro. La ONU estima que ronda los 4.000. Durante aquellos primeros días de silencio soviético, la nube tóxica se extendió por parte de Europa. A Kiev, actual capital ucraniana y situada 130 kilómetros al sur, la salvó en parte el viento, el mismo aire que llevó esa tormenta radiactiva hacia Bielorrusia. De allí es Svetlana Alexievich, premio Nobel de Literatura en 2015 y autora de 'Voces de Chernóbil', un libro lleno de testimonios que sobrecogen. «Cuando vimos que había botellas de leche para niños y botellas de leche para adultos, pensamos que algo estaba pasando». En muchas de las casas, como recuerda la autora, sólo se quedaron a vivir las fotografías. El paisaje de una desolación sin sentido. «¿Por qué me he hecho fotógrafo? Porque me faltaban palabras». Para describir el horror.
El estallido en el reactor destrozó el interior del edificio y lanzó una nube de humo tóxico a la atmósfera. El combustible nuclear ardió durante más de diez días mientras desde helicópteros trataban de mitigar la fuga con miles de toneladas de arena, arcilla y lingotes de plomo. Mijaíl Gorbachov, líder soviético, tardó veinte días en aparecer en la televisión para intentar explicar el accidente. Arremetió contra Occidente y no convenció a buena parte de la ciudadanía. Se abrió una brecha entre el pueblo y sus gobernantes.
Había otra versión. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) determinó que las causas principales del desastre fueron las «graves deficiencias en el diseño del reactor y del sistema de apagado», sumadas al «incumplimiento» de los procedimientos de seguridad. La nube radiactiva contaminó los cielos de Ucrania, Bielorrusia y Rusia. Dos días después de la explosión, en Suecia saltaron las alarmas por altos niveles de radiación.
Millones de personas estuvieron expuestas al mal. «Nadie hablaba abiertamente sobre lo sucedido en Chernóbil, pero la inquietud crecía. Sentía un sabor metálico en la boca y sequedad en la garganta. Otros también lo notaban, pero nadie entendía por qué. El primer reconocimiento oficial, breve y conciso, llegó dos días después: que se había producido un accidente. Nada más. La gente hablaba en voz baja sobre los bomberos de la central que eran trasladados en avión a hospitales de Moscú», declaró el fotógrafo ucraniano Efrem Lukatsky, de la agencia AP, sobre aquel vacío de información tras la explosión.
Miles de habitantes murieron y, según la ONU, las 600.000 personas que participaron en las operaciones de limpieza y contención estuvieron expuestas a altos niveles de radiación y, por tanto, al peligro de desarrollar un cáncer. Todo el área de la central fue evacuada. Pueblos y bosques abandonados. Más de 2.200 kilómetros cuadrados en el norte de Ucrania y 2.600 en el sur de Bielorrusia serán inhabitables durante los próximos 24.000 años, según el OIEA.
Turismo y guerra
Aunque sí ha regresado a Chernóbil la guerra, la que Rusia desató en febrero de 2022 para invadir Ucrania. Hasta entonces, la región era sólo un reclamo para el llamado 'turismo oscuro'. Con permiso de las autoridades, se acercaban a diario unos mil visitantes. La excursión a los lugares cercanos al desastre costaba 140 euros. Los turistas pasaban por una máquina que reflejaba en segundos la radiación a la que habían sido expuestos.
El reactor está hoy oculto por el 'sarcófago', una especie de cúpula que fue renovada entre 2016 y 2017. Esta enorme estructura metálica exterior resultó perforada por un dron ruso en febrero de 2025. Greenpeace señaló en un informe que como la cubierta «no puede repararse por el momento y no puede funcionar como fue diseñada, existe la posibilidad de fugas radiactivas». Un nuevo ataque podría provocar el colapso, advirtió el OIEA en diciembre de 2025. La catástrofe de Chernóbil aumentó el temor del público hacia la energía nuclear, que hoy repunta y produce cerca del 10% de la electricidad mundial.
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