Después, el equipo secuenció el ADN del material para buscar coincidencias en bases de datos. Los genomas mitocondriales completos mostraron una coincidencia de 99.9% con Relicanthus daphneae. La evidencia apuntaba a que el orbe formaba parte de una anémona rara y poco documentada. Sin embargo, los restos no coincidían con ninguna estructura conocida de esta especie ni de otras anémonas.
Así pues, el famoso “objeto alienígena” del Golfo de Alaska resultó ser la cutícula desprendida de un animal poco estudiado y profundamente enigmático. El hallazgo permitió caracterizar mejor a Relicanthus daphneae y explicar por qué ningún espécimen conservaba la capa dorada: la anémona la pierde mientras se mueve, y a veces esa estructura se hunde y adopta la forma de una cápsula que parece salida de otro mundo.
“Estos hallazgos resaltan hasta qué punto la biodiversidad y la biología de organismos del mar profundo siguen sin resolverse”, concluye el reporte. Según estimaciones científicas, más del 80% del océano permanece sin mapear, observar o explorar directamente.