- ANDREW ENGLAND
Los ataques iraníes contra la mayor planta de GNL del mundo suponen un duro golpe para un Estado que se ha labrado un papel como mediador en conflictos.
Tras el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, el emir de Catar habló en dos ocasiones con Donald Trump para abogar por la diplomacia, advirtiendo sobre la "peligrosa escalada".
Fue una respuesta lógica de un Estado que se ha labrado un papel como mediador en conflictos, incluso entre Washington y Teherán. Y el jeque Tamim bin Hamad al-Thani, a quien el presidente estadounidense ha elogiado como un "gran líder", tenía motivos para estar preocupado. El territorio de la pequeña península rica en gas fue atacado dos veces durante los dos últimos años de guerra regional.
Las intervenciones del jeque Tamim fueron en vano, y Catar ha sufrido ahora el golpe más devastador después de la propia república islámica: un ataque con misiles iraníes contra Ras Laffan, la mayor planta de gas natural licuado (GNL) del mundo y pilar fundamental de la economía del Estado del Golfo Pérsico.
Las repercusiones del ataque se sentirán no sólo en Doha, cuyas exportaciones de gas la llevaron de la casi bancarrota hace más de tres décadas a convertirse en una de las naciones más ricas del mundo.
"Es un revés enorme... la peor pesadilla para Catar", afirma Mehran Kamrava, profesor de gobierno en el campus de Doha de la Universidad de Georgetown. "El daño no se limita a lo económico. Económicamente y en términos industriales, Catar puede recuperarse. La cuestión más importante es la imagen del país como refugio seguro y motor de crecimiento".
Los daños en Ras Laffan tardarán entre tres y cinco años en repararse y afectan a instalaciones que producen el 17% de la capacidad de exportación de GNL de la empresa estatal QatarEnergy, según declaró el ministro de Energía Catarí, Saad al-Kaabi. Esto afectaría al suministro a los mercados de Europa y Asia y supondría una pérdida de ingresos de unos 20.000 millones de dólares (17.300 millones de euros) anuales, añadió.
"Es un golpe negativo masivo para el sistema, con consecuencias de gran alcance a largo plazo", afirma Tarik Yousef, investigador principal del Consejo de Asuntos Globales de Oriente Próximo, con sede en Doha.
QatarEnergy, el segundo mayor productor mundial de GNL, ya había suspendido sus operaciones tras un ataque con drones a Ras Laffan durante los primeros días de la guerra. Farouk Soussa, economista de Goldman Sachs especializado en Oriente Próximo y el norte de África, prevé que Catar represente aproximadamente la mitad de los 12.000 millones de dólares estimados en pérdidas totales por la guerra sufridas por los seis países del Golfo.
El momento no podría ser peor. Antes de que comenzara la guerra, Doha se preparaba para una enorme bonanza gracias a una expansión de la producción de 30.000 millones de dólares en North Field, el mayor yacimiento de gas del mundo. Eso habría aumentado la capacidad de producción de Catar a 126 millones de toneladas al año para 2027, lo que equivale a aproximadamente el 30% de la demanda mundial de GNL en 2024.
Anticipándose a las enormes ganancias, la Autoridad de Inversiones de Catar, el fondo soberano de 550.000 millones de dólares y principal receptor de los ingresos del gas, se lanzó a contratar personal, casi duplicando su plantilla en los últimos cinco años.
Preveía que sus activos bajo gestión podrían duplicarse en cinco años y se preparaba para cerrar acuerdos más grandes con mayor frecuencia.
Ahora se espera que estos planes se vean comprometidos, ya que Doha tendrá que reevaluar la gestión de sus recursos tras la pérdida de miles de millones de dólares en ingresos por el gas, su principal fuente de ingresos y ganancias por exportaciones.
El GNL ha sido el pilar fundamental del Estado desde que Catar apostó por el desarrollo de sus yacimientos de gas hace más de tres décadas, cuando el país estaba muy endeudado. Otros se mostraron escépticos: BP se retiró del proyecto en la década de 1990 por temor a que nunca generara rendimientos decentes.
Pero Catar siguió adelante, utilizando su riqueza para construir una metrópolis moderna y convertirse en uno de los inversores más activos del mundo. En 2022, desafió a los escépticos al organizar con éxito una Copa Mundial de Fútbol, y se espera que la expansión del gas siente las bases para su próxima fase de desarrollo.
A lo largo de los años, Doha ha acumulado importantes reservas financieras para gestionar crisis, explica Soussa, añadiendo que si la suspensión de su producción fuera relativamente corta, los altos precios del gas podrían ayudar a compensar las pérdidas de ingresos.
Pero cuanto más se prolongue la guerra y continúe el cierre de facto del estrecho de Ormuz por parte de Irán, más difícil será.
"Tiene recursos para gestionar pérdidas moderadas", afirma Soussa. "La preocupación es: ¿qué pasa si esto se prolonga? ¿Qué pasa si hablamos de un año?".
Para contrarrestar los efectos del déficit de ingresos, Doha tendría que recortar significativamente el gasto, lo que afectaría a la actividad económica interna, o financiar el déficit recurriendo a sus reservas. Eso podría llevar a que Catar liquide sus activos en el extranjero y los repatrie, señala Soussa.
FT informó anteriormente de que varios estados del Golfo, incluido Catar, estaban revisando sus carteras de inversión y compromisos futuros como medida de precaución mientras consideraban opciones para aliviar la presión financiera.
Después de que Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos (EAU) impusieran un embargo regional a Catar en 2017 —en parte debido a sus relaciones con Irán, con quien Doha mantiene mejores relaciones que la mayoría de los estados árabes—, la Autoridad de Inversiones de Catar repatrió más de 20.000 millones de dólares en depósitos para estabilizar sus finanzas.
La frustración de los líderes cataríes radica en que, desde el ataque de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023, Doha ha sido un motor clave en los esfuerzos por poner fin a los ciclos de conflicto en la región.
"Es el revés más grave que han sufrido probablemente en los últimos 30 años. Superaron el bloqueo con bastante éxito, pero esto representa un golpe a la infraestructura física", afirma Kristian Coates Ulrichsen, investigador de Oriente Próximo en la Universidad Rice de Texas. "Lo sucedido fue el peor escenario para Catar y lo que años de mediación habían intentado evitar".
El pequeño Estado, consciente desde hace tiempo de su vulnerabilidad, desarrolló una estrategia de defensa basada en mantener lo que los funcionarios cataríes denominan relaciones equilibradas. Paralelamente, se forjó un papel de mediador para asegurar su relevancia ante Estados Unidos y las potencias europeas: el interlocutor de confianza dispuesto a dialogar con todos, desde Hamás hasta los talibanes y la Venezuela de Nicolás Maduro.
Pero durante el último año ha aprendido que esto, y su relación con Washington, no garantizaban su seguridad.
Irán lanzó misiles contra una base estadounidense en Catar después de que Estados Unidos se uniera brevemente a la guerra de Israel contra la república islámica en junio del año pasado para bombardear sus principales instalaciones nucleares. Tres meses después, Israel lanzó ataques aéreos contra la sede política de Hamás en Doha, tras lo cual Trump firmó una orden ejecutiva en septiembre que prometía "garantizar la seguridad e integridad territorial" de Catar frente a ataques externos.
En el período previo a la última guerra, Doha volvió a intentar mediar, intercambiando mensajes entre Washington y Teherán. Pero una vez que Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu lanzaron sus bombardeos, Catar y sus vecinos del Golfo se convirtieron en objetivo de la feroz represalia iraní.
Si bien EAU ha sufrido el impacto principal de los ataques, el bombardeo de Ras Laffan —parte de la represalia iraní por un ataque israelí a sus propias instalaciones de gas— fue el más devastador.
Kamrava, de la Universidad de Georgetown, prevé "una profunda reflexión y un cuestionamiento de las premisas de seguridad" en Doha. "Una conjetura es que deben contar con un paraguas de seguridad mucho más sólido y garantizar que Irán no vuelva a hacer algo así", afirma. "Por otro lado, quizás si estos países no tuvieran una alianza tan estrecha con Estados Unidos, no habrían sido atacados".
© The Financial Times Limited [2026]. Todos los derechos reservados. FT y Financial Times son marcas registradas de Financial Times Limited. Queda prohibida la redistribución, copia o modificación. EXPANSIÓN es el único responsable de esta traducción y Financial Times Limited no se hace responsable de la exactitud de la misma.
Los peligros del plan de escolta en el estrecho de OrmuzLos shocks en el precio del petróleo producen muchos perdedores, pero también algunos ganadores¿Cómo de grave es la crisis del precio del gas en Oriente Próximo? Comentar ÚLTIMA HORA-
18:18
Super Micro se desploma más de un 25% en Bolsa tras una acusación de desvío de chips de IA a China
-
17:55
Oncomatryx se transforma en biofarmacéutica tras la inyección de 58 millones
-
17:40
El imperio del gas de Catar, en el punto de mira
-
17:34
El terremoto fiscal de Amazon que amenaza con demoler los pilares del comercio digital global
-
16:51
El FMI pide introducir límites a las hipotecas al ver "indicios de relajación" en la concesión de crédito