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El infierno de Amanda: 16 años con una gasa dentro del cuerpo y 700 euros de indemnización

El infierno de Amanda: 16 años con una gasa dentro del cuerpo y 700 euros de indemnización
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El Consell Juridic responsabiliza a Sanidad del calvario de la valenciana tras una intervención en el hospital de Sagunto: la mujer sigue con el apósito en el cuerpo porque la operación podría matarla
El infierno de Amanda: 16 años con una gasa dentro del cuerpo y 700 euros de indemnización

El Consell Juridic responsabiliza a Sanidad del calvario de la valenciana tras una intervención en el hospital de Sagunto: la mujer sigue con el apósito en el cuerpo porque la operación podría matarla

Regala esta noticia Añádenos en Google Imagen de archivo de una operación en el Hospital de Sagunto. (LP)

Arturo Checa

Valencia

07/06/2026 Actualizado a las 09:29h.

Era una simple cesárea. Una intervención quirúrgica con riesgo habitualmente reducido en la escala de complicaciones médicas. Aunque siempre que uno entra en un quirófano, ... nunca se sabe lo que puede pasar. Y en esta ocasión ocurrió algo inaudito. Amanda lleva viviendo un infierno de 16 años. Ese nombre es simulado para proteger la identidad de la mujer. El suplicio que aún soporta, de todo menos una simulación. En aquella cesárea llevada a cabo el 3 de septiembre de 2010 en el Hospital de Sagunto, el equipo médico dejó olvidada en el cuerpo de la mujer un elemento: una gasa que 16 años después aún alberga en su organismo. El riesgo de morir al retirarla es mayor que las ventajas de no llevar un elemento extraño en su zona intestinal.

La razón, que la demandante únicamente pudo aportar pruebas de seis consultas médicas a que la sometieron entre 2023 y 2024, y que los especialistas de la Inspección de Sanidad no consideran probada la relación entre la gasa olvidada y las muchas dolencias de la mujer.

La pesadilla para Amanda comenzó cuando era poco más que una treintañera. Hoy en día ya ha cruzado el medio siglo de vida. Aquella cesárea en el Hospital de Sagunto dio un giro brutal a sus días. Nadie, ni siquiera los médicos, ponen en duda lo que ocurrió. Durante la operación, el equipo quirúrgico se dejó olvidada una gasa antes de proceder a suturar a la paciente. El elemento extraño se quedó adherido a sus intestinos y desencadenó un sinfín de molestias de origen desconocido para la valenciana.

«Constantes dolores invalidantes en el abdomen y espalda. También fuertes dolores de cabeza y migrañas». Es lo que la mujer aduce en su reclamación. Entre 2011 y 2018, Amanda se trasladó a vivir a un país extranjero. Se trató en otro hospital de las migrañas, «probando diferentes tratamientos sin éxito», como señala en su documentación. Fue en 2020 cuando regresó a la Comunidad Valenciana. Comenzó entonces un rosario de visitas médicas y de paso por pruebas que no refleja la indemnización concedida por el Consell Jurídic. En esa fecha, «por desesperación», regresó al Hospital de Sagunto con «un dolor agudo de espalda y fuerte dolor de cabeza». Radiografía de tórax. Resultado «dentro de la normalidad», según su expediente médico.

Rosario de pruebas

Durante todo el año siguiente es seguida por el médico de cabecera de su centro de salud. Algo va mal. Las analíticas apuntan a un «factor reumatoide» que le causa dolores de cadera y espalda y otras pruebas arrojan «indicadores altos» de enfermedad o infección. Pero nadie logra detectar la gasa que ya lleva Amanda más de una década en su cuerpo.

El médico de cabecera la remite al hospital. De nuevo torbellino de pruebas durante varios años. Resonancias, placas, densitometrías, analíticas... Nada. Hasta que llega mayo de 2024. Un tremendo dolor en todo el costado izquierdo lleva a Amanda a Urgencias del hospital de Sagunto. «No podía más del dolor», reconoce la afectada en la documentación presentada en su reclamación. La mujer pasa por la máquina del TAC y se somete a otra prueba de rayos X en el abdomen. Y al fin, bingo. «En la exploración destaca la presencia de una imagen nodular de 34 milímetros, con una estructura hiperdensa lineal en su interior». Es el lenguaje médico de su informe. La manera de definir la gasa, al fin detectada.

«Se plantea una posible cirugía para extirpar, indicándole que se trata de una operación muy compleja, con muchísima complicaciones al estar el cuerpo extraño adherido a un asa intestinal, y con un alto riesgo de muerte»

El médico que trataba a Amanda no sabía muy bien cómo contarle aquello. «Tengo que darle una noticia y una buena mala». La 'positiva' es que, 24 años después, los servicios sanitarios valencianos habían logrado dar con el origen de parte de sus problemas de salud. El apósito olvidado durante la cesárea de 2010. «La parte buena es que no es un tumor, es una gasa», fueron las palabras del facultativo, según el expediente.

Pero en realidad hay dos malas noticias. La otra es que la intervención quirúrgica para retirar la gasa pone en muy grave peligro la vida de la mujer. «Se plantea una posible cirugía para extirpar, indicándole que se trata de una operación muy compleja, con muchísima complicaciones al estar el cuerpo extraño adherido a un asa intestinal, y con un alto riesgo de muerte», subraya la documentación clínica.

«Cuenta perfecta» de gasas

Y Amanda decide no operarse. «No pienso arriesgar mi vida», estampa en su reclamación. Y desde entonces, la mujer tiene que someterse a continuas revisiones ginecológicas para seguir la posición y estado de la gasa. Encadenada de por vida a un seguimiento médico.

La reclamación presentada al Consell Jurídic incluye incluso documentación médica en la que se demuestra como los médicos del Hospital de Sagunto. Incluida la hoja operatoria que se realizó tras la cesárea. En la misma, junto a una huella del recién nacido, se puede leer, en referencia al recuento de gasas empleadas: «Cuenta perfecta». Una anotación «a todas luces falsa, prueba de una grave negligencia médica que ha conllevado a mi representada a sufrir y seguir sufriendo múltiples dolencias tanto físicas como psicológicas», como sostiene el abogado de Amanda en los papeles presentados ante el CJCCV.

En su reclamación subraya que padece «tristeza persistente, ansiedad, sueños recurrentes con el suceso traumático y aislamiento social»

Porque además de los persistentes dolores de espalda, cadera y cabeza que la afectada atribuye a la gasa, en su reclamación aduce que padece «tristeza persistente, ansiedad, sueños recurrentes con el suceso traumático y aislamiento social».

El Consell Jurídic reconoce que sí existió una negligencia en el hospital de Sagunto y dicta el derecho de la mujer a recibir una indemnización de Sanidad. Pero aminora mucho la cifra desde los 30.000 solicitados a los 750 concedidos. El dictamen señala que no se han acreditado todas las asistencias médicas, y sobre todo que «no es posible afirmar que el apósito sea la causa de todas las dolencias que menciona la paciente». Una pesadilla de más de dos décadas con un cierre agridulce.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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