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El infierno de Jesús, español "secuestrado" en una cárcel de Venezuela por ser del partido de Corina: "Un amigo murió allí"

El infierno de Jesús, español "secuestrado" en una cárcel de Venezuela por ser del partido de Corina: "Un amigo murió allí"
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El secretario de organización de Vente Venezuela en el Estado de Mérida fue "secuestrado" por comandos y pasó cinco meses en la prisión de Yare II: "Me torturaron psicológicamente acusándome de delitos que nunca cometí". Más información: María Corina: "No he hablado nunca con Sánchez, conozco episodios opacos que juzgaré cuando la verdad se verifique".

Jesús Castillo, en una fotografía junto a María Corina Machado. Cedida

Reportajes TRANSICIÓN EN VENEZUELA El infierno de Jesús, español "secuestrado" en una cárcel de Venezuela por ser del partido de Corina: "Un amigo murió allí"

El secretario de organización de Vente Venezuela en el Estado de Mérida fue "secuestrado" por comandos y pasó cinco meses en la prisión de Yare II: "Me torturaron psicológicamente acusándome de delitos que nunca cometí".

Más información:María Corina: "No he hablado nunca con Sánchez, conozco episodios opacos que juzgaré cuando la verdad se verifique".

Publicada 27 abril 2026 02:38h

Lo último que vio Jesús Castillo el 31 de agosto de 2025 antes de ser secuestrado fue el brillo metálico de las armas de sus captores.

Lo último que olió fue la mezcla entre plástico desgastado por el sol y sudor del interior de una Toyota Land Cruiser que le llevó al cautiverio contra su voluntad.

Todo lo que vio, olió y sintió en los siguientes cinco meses fueron las paredes de su celda, el tintineo de las patas de los alacranes en la oscuridad y la peste nauseabunda de un espacio donde el hacinamiento se estrechaba bajo la amenaza de una condena a 30 años de prisión.

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Su delito: ser coordinador de organización del partido de María Corina Machado, Vente Venezuela, por el Estado de Mérida.

Este es el relato de Jesús Castillo, economista de solo 29 años cuya formación y activismo político le permitieron despuntar entre los opositores al chavismo en aquella región.

Por eso, el régimen pidió su cabeza. Y el 31 de agosto de 2025 fue secuestrado y llevado a la prisión de Yare II, donde pasó los cinco meses posteriores entre rejas.

La captura de Nicolás Maduro por parte de las fuerzas estadounidenses y la presión posterior del Ejecutivo de Trump sobre el Gobierno interino de Delcy Rodríguez aceleraron su puesta en libertad, junto a centenares de presos políticos.

"Me acusaban de cinco cargos: traición a la patria, terrorismo, asociación para delinquir, incitación al odio y conspiración con Gobierno extranjero".

Lo explica, por fin, desde la libertad, en una conversación telefónica con EL ESPAÑOL que mantiene desde el país caribeño.

"Cada uno de esos delitos se castiga con 30 años de prisión. Según el Código Penal, ese es el tiempo máximo que se puede pasar recluido en una cárcel en Venezuela. Ni siquiera tuvimos derecho a elegir nuestro propio abogado".

Aunque no llegó a tener un juicio, las esperanzas que un preso político sin reconocimiento internacional podía tener antes de la intervención estadounidense eran muy reducidas.

Su única baza era la seguridad de que se le acusaba sin pruebas de cinco delitos que nunca cometió y la confianza en la presión que pudieran ejercer sus compañeros opositores.

"Allí dentro solo teníamos dos cosas: nuestra solidaridad entre compañeros y la fe; más la esperanza de que nuestra gente, fuera, pudiera presionar para sacarnos de allí".

Y por eso, tras cinco meses de asfixiante presidio, fue liberado.

Ahora planea volver varios días a España, de donde tiene la doble nacionalidad y está empadronado en Sant Cugat del Vallès (Barcelona), para reunirse con amigos, familiares y otras figuras políticas.

Pero su relato ya no es el de un mero opositor al chavismo, sino el de un preso político que ha visto enfermar y morir a compañeros que compartieron módulo con él en el centro penitenciario Yare II.

"Se violaron todos los derechos. Nuestra familia no sabía dónde estábamos. No tuvimos abogado privado. Lo que vivimos fue un secuestro", afirma.

Secuestro disfrazado de detención

Castillo fue arrestado en el municipio de Sucre, donde pasaba unos días de visita. Estaba acompañado por su pareja, por el coordinador de comunicaciones del partido en Mérida, Yones Molina, y por otras dos miembros de su formación.

"Supieron dónde estábamos porque habían intervenido nuestras líneas telefónicas. Un grupo de unos 12 hombres armados, sin identificar, llegaron al lugar donde estábamos nosotros en dos camionetas, y nos obligaron a entregarles nuestros móviles".

PREGUNTA.– ¿Cómo fue su detención?

RESPUESTA.– Todo fue muy rápido. Fueron agresivos, nos apuntaron con las armas. Nos obligaron a Yones y a mí a subir a una camioneta.

A mi pareja y las otras dos mujeres que nos acompañaban no se las llevaron, pero también les quitaron los teléfonos y les prohibieron seguirnos.

Fue lo que se llama una 'operación comando'. Ni siquiera vestían uniformes reglamentarios. Aunque el régimen siempre aseguró que se trató de una detención, la realidad es que fue un secuestro.

P.– ¿Supieron por qué fueron detenidos?

R.– Se trató de una jugada del régimen a nivel nacional contra muchos partidos, pero sobre todo contra Vente Venezuela.

Cuando hablamos con otros compañeros que también fueron encarcelados, nos dimos cuenta de lo increíble que era el descaro con el que hicieron las acusaciones.

Parecía un 'copia y pega', eran exactamente las mismas. Hicieron una caza de brujas.

En mi caso, se trató de una orden de captura que se extendió a otros compañeros del partido a nivel estatal.

Pensaron que dar ese golpe en las cabezas encargadas de la organización, la estrategia electoral y las comunicaciones acabaría con la dinámica de Vente Venezuela.

El presidio

El tiempo puede volverse eterno cuando se está encañonado por varios hombres en la parte de atrás de una Toyota Land Cruiser.

Jesús no es capaz de calcular cómo de largo fue el camino. Solamente pudo contar los baches que pisaba la camioneta en su desenfrenado camino al presidio.

No alzó la voz, por eso tampoco fue agredido. Pero en su retina aún sigue grabado el cañón del fusil que le estuvo mirando de frente todo el trayecto, del mismo modo en que se queda grabado el sol cuando se le dirige la mirada.

La Toyota se detuvo en un centro de detención de algún lugar del Estado de Mérida que Jesús no sabe identificar.

Allí pasó once días sin poder hablar con nadie, limitándose a existir. Solo pudo esperar hasta ser derivado al centro penitenciario de Yare II.

Durante casi dos semanas desde su desaparición, la familia del joven político no supo nada de él.

Solo el día después de ser encarcelado, pudo realizar la primera llamada.

"Teníamos derecho a una llamada telefónica de tres minutos cada 15 días. Lo estábamos pasando mal, pero siempre intentábamos transmitirle a la familia que estábamos bien, para evitarles a ellos pasar ese sufrimiento".

En Yare II comenzó otra forma de castigo. Sin golpes directos en su caso, pero sí una presión psicológica constante.

"Nos repetían que no íbamos a salir nunca, que esa era una cárcel de castigo, que nos esperaban 30 años", cuenta.

P.– ¿Cómo es un día normal en Yare II?

R.– Allí los días son increíblemente largos. Empiezan a las cinco de la mañana con el primer conteo para asegurar que no faltaba nadie.

Una hora después llega la rutina básica de supervivencia: recoger agua en una llave que está fuera del módulo, porque las celdas no tienen agua corriente.

Ni siquiera hay baños convencionales, sino letrinas. Eso favorece la proliferación de enfermedades como la tuberculosis.

Después de recoger el agua, te dan una hora de desplazamiento. El resto del día, lo pasas encerrado en las alas de la prisión.

Tratas de mantenerte ocupado conversando con los compañeros, leyendo algunos libros. En los cinco meses que pasé allí, leí 29.

Buscas mantener tu cabeza ocupada a toda costa, porque cuando no haces nada tu mente empieza a crear escenarios terribles, catastróficos...

Algo que se convierte en una tortura psicológica alimentada por los custodios, que quieren hacerte pensar que vas a pasar allí los próximos 30 años.

P.– ¿Cómo son las celdas?

R.– El hacinamiento es extremo. En la mía, seis personas dormían en literas de cemento, y las otras seis en una especie de colchonetas directamente sobre el suelo.

Había escorpiones, mosquitos, ácaros... El calor era insoportable.

Estábamos desnutridos. En la mañana y en la noche te dan arepas con solo dos rebanadas de mortadela.

Para el almuerzo, lo más común eran unos pocos granos de arroz también con mortadela o sardina frita.

En esas condiciones, explica, abundaban los desmayos, las crisis hipertensivas y el deterioro físico de los internos, especialmente entre los mayores de 70 años.

Él perdió ocho kilos. Pero dadas las condiciones que tuvo que soportar, perder peso era la menos grave de las consecuencias. La peor era la muerte.

Durante su encierro, vio perder la vida a un compañero de módulo: Jhoember González, un militar de menos de 50 años que sufrió un accidente cerebrovascular.

Según Castillo, acababa de recibir la noticia de que su esposa había tenido un accidente, y su reacción pudo ser el desencadenante que produjera el letal trastorno.

"Pasaron muchas horas antes de que le sacaran del módulo por lo lentas que son las gestiones. En la enfermería casi no hay medicamentos, no le pudieron dar la atención que necesitaba. Cuando lo sacaron, ya era demasiado tarde".

P.– ¿En su módulo había solo presos políticos?

R.– Yo compartía celda con militares, ingenieros de petróleo y gas de PDVSA, un chef... Nuestro módulo en Yare II está destinado para presos políticos. Los presos comunes están en Yare III, una edificación cercana.

Transición en Venezuela

Jesús Castillo volvió a ver la luz el pasado 1 de febrero, antes de que el régimen dirigido interinamente por Delcy Rodríguez promulgara la llamada 'Ley de Amnistía'.

Sin embargo, insiste en que "todavía faltan muchos presos políticos por salir a la calle".

En concreto, la ONG Foro Penal habla de que 473 reclusos de estas características al cierre de este reportaje: 187 militares, 46 mujeres y un adolescente.

Castillo insiste en que, en su caso, la represión no logró su objetivo.

Al ser liberado pasó un mes en libertad condicional, pero ya disfruta de una libertad plena "entre comillas, porque en Venezuela no existe la libertad plena".

P.– ¿En qué punto se encuentra el proceso de Transición en Venezuela?

R.– La transición está en proceso, todavía no se ha completado. Incluso el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, habla de que la fase de transición aún no ha comenzado.

Aun así, ya hemos visto resultados: la liberación de muchísimos presos políticos, algún cambio en la situación económica...

Todo esto no viene precisamente por una política de Estado de las autoridades interinas, sino por imposiciones que ha exigido Estados Unidos.

Nosotros estamos plenamente convencidos de que todo esto va a terminar en una elección.

Tenemos que seguir luchando para que sean unos comicios con unas condiciones que nos permitan poder elegir, donde María Corina Machado pueda ser elegida presidenta de Venezuela y actuar en consecuencia con plenas funciones.

El estado de ánimo, la percepción, las expectativas de los venezolanos que nos mantenemos en el país es extremadamente positiva.

Jesús Castillo, lejos de retirarse, asegura haber retomado la actividad política desde el primer día tras su liberación.

Asegura que continúa recorriendo municipios de Mérida, reorganizando equipos y "esperando nuevas directrices de María Corina Machado".

P.– El gesto de María Corina Machado de compartir el Premio Nobel de la Paz con Donald Trump fue muy criticado, por considerarlo un gesto de sumisión total a los intereses de Estados Unidos. ¿Fue así?

R.– Donald Trump tiene una popularidad increíble en Venezuela.

Como dijo la misma María Corina Machado, ha sido el único jefe de Estado que ha defendido la causa venezolana no solo con su discurso.

Puso en riesgo su reputación, las vidas de militares de su nación y su credibilidad por ayudar a la transición en Venezuela y hacer una operación impecable para llevarnos a todo lo que está ocurriendo ahora.

Y yo creo que no fue María Corina Machado la que tuvo ese gesto con Donald Trump, sino que fue toda Venezuela.

Todo el país respalda absolutamente ese gesto de agradecimiento con Trump, porque si no hubiésemos tenido a ese aliado, no habría ocurrido lo que está ocurriendo hoy en Venezuela.

Reuniones con PP y Vox

El joven político viajará a España en las próximas semanas, donde prevé mantener reuniones políticas en Barcelona y Madrid. "Todavía estamos cuadrando la agenda, pero estamos gestionando reuniones con miembros del PP y de Vox".

P.– Y por parte del Partido Socialista, que es la formación que gobierna en España, ¿existe alguna disposición de reunirse?

R.– María Corina Machado lo explicó en su reciente visita a Madrid.

Decidió al final no reunirse ni con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ni con ningún dirigente del PSOE.

En esa visita de María Corina, Pedro Sánchez estaba reunido con el presidente de Colombia, Gustavo Petro, con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, que no están apostando por la transición política en Venezuela.

Yo reafirmo esa postura: todos los pasos que tengamos de aquí en adelante, incluidas las reuniones con dirigentes, son para hacerlo con el fin de colaborar y de apresurar la transición en Venezuela.

Sabemos que hay actores que no apuestan por una transición en Venezuela, que están cómodos con quienes todavía están en el poder.

Y bueno, si esas reuniones no conviene llevarlas con el fin de acelerar la transición, pues simplemente no las tendremos.

Pero más allá de la política, Jesús Castillo también visitará España simplemente como ciudadano español.

Cuando habla del futuro no menciona revancha, sino propósito. "Aprendimos muchísimo en esa experiencia", dice sobre la cárcel. "Pero lo que más aprendimos es que hay que salir de este sistema lo antes posible".

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