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El «infierno logístico» del periodo de adaptación escolar: ¿está justificado?

El «infierno logístico» del periodo de adaptación escolar: ¿está justificado?
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Se acaban las vacaciones y los niños de infantil se incorporan al cole de manera progresiva. Educadores y psicólogos cuestionan la rigidez del modelo
El «infierno logístico» del periodo de adaptación escolar: ¿está justificado?

Se acaban las vacaciones y los niños de infantil se incorporan al cole de manera progresiva. Educadores y psicólogos cuestionan la rigidez del modelo

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Ixone Díaz Landaluce

06/09/2026 Actualizado a las 17:30h.

La primera semana, 45 minutos. La segunda, una hora y cuarto. La tercera de 9.30 a mediodía... Es el infierno logístico al que las ... familias con hijos en la etapa de educación infantil se enfrentan durante las primeras semanas del curso. Por si los dos meses largos de verano no hubieran sido suficientemente complicados de gestionar. «Obligan a las familias a organizarse de una manera muy exigente. Aunque las clases empiecen en septiembre, hasta octubre no empieza la normalidad. Tienes que estar disponible para llevarles y traerles».

Efectivamente, hay niños que no miran atrás y otros que se pasan meses llorando cada mañana, con la consiguiente angustia de las familias. El problema está, coinciden los expertos, en el modelo de café para todos que en los últimos años se ha impuesto en la mayoría de los centros escolares. Esa es la opinión de Víctor Amar, profesor de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Cádiz y autor de un trabajo sobre este tema. «Harían falta períodos de adaptación más complejos y elaborados, abrir los centros más a las familias y hablar con ellas sobre sus necesidades reales», señala el profesor, que es especialmente crítico con ese planteamiento progresivo que arranca en periodos tan cortos como media hora al día convirtiendo la conciliación en una misión imposible. «A los padres se les exige que sean coreógrafos: entra, sal en media hora, vuelve luego… No es sano, no es normal y no es apropiado. Lo que tenemos ahora es, simplemente, una normativa que tenemos que aceptar. Pero, ¿qué pasa si los dos padres trabajan? O si eres una familia monoparental. ¿Y si no trabajas en la misma localidad? Habría que valorarlo en cada caso porque cada circunstancia tiene un contexto diferente. No debería ser un planteamiento genérico», explica Amar. No está en contra de los periodos de adaptación, sino de su estandarización. De hecho, considera que también deberían plantearse durante otras etapas del año y no solo septiembre. «A veces, en Navidad, vuelven a clase, les cuesta adaptarse y se vuelve a la dinámica del desapego. Haría falta replantearlo, no solo al inicio del curso, sino también después de navidades o Semana Santa. Que si un niño necesita una pequeña adaptación, se le pueda dar. Aunque solo si lo necesita».

Los padres dentro del aula

Pero, ¿hasta qué punto es positiva esta progresividad desde el ámbito de la psicología? Montserrat Amorós, docente y coordinadora del área de Psicología de la Educación de los Grados de Pedagogía, Educación Infantil y Primaria de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), cree que periodos tan cortos de tiempo, la media hora o la hora de los primeros días, no son efectivos. «Para un niño o una niña de tres años, el tiempo es algo muy relativo. No saben si han pasado dos horas o 45 minutos desde que sus padres les dejaron en el cole. A veces, tiene más que ver con el sufrimiento de las familias que con otra cosa. Y no es el tiempo que estás en el aula lo que determina la adaptación, sino si el niño es capaz de vincularse con un profesor o un compañero que le aporte seguridad. Si después de uno o dos días no hay malestar ni lloros y se relacionan bien con otros niños, no haría falta más. Además, eso va consolidando el grupo. Hay que darles la oportunidad de adaptarse».

«Harían falta periodos de adaptación más complejos y elaborados y hablar más con las familias sobre sus necesidades reales»

Amar coincide: «A veces, contaminamos a los niños con nuestras preocupaciones cuando el aula, a esa edad, debería ser un lugar para jugar y divertirse, una extensión del patio y de la calle». La psicóloga, sin embargo, no se opone a que los padres puedan estar presentes dentro de clase al principio, algo que permiten algunos colegios. «No está mal, les da seguridad, sobre todo a los más pequeños. Que vean que tú también estás ahí, en un entorno positivo, que le dejas en un sitio tranquilo, donde lo van a pasar bien», apunta.

Asunto distinto es la capacidad logística de los centros para ofrecer una adaptación a la carta en función de las necesidades de cada niño. Algo que ocurre en muchas otras etapas y circunstancias de la etapa educativa. Pero el consenso está claro. «Hay niños que no tienen problemas para adaptarse a nuevas realidades y entornos y otros a los que les cuesta mucho desengancharse del vínculo familiar porque, a nivel madurativo, lo necesitan. Por eso existen los periodos de adaptación, pero lo ideal es que estuvieran personalizados. Unos llegan enseguida a la meta y otros, simplemente, necesitan más etapas», concluye la especialista.

Operación 'vuelta al cole'

  • Empezar las clases, como para los adultos es volver a trabajar después de las vacaciones, puede ser un trance para muchos niños. Sobre todo, para los más pequeños que afrontan no solo un inicio de curso, sino una dinámica completamente diferente y desconocida. Montserrat Amorós, psicóloga especializada en esta etapa, ofrece tres recomendaciones.

    • Habla con ellos. Aunque sean muy pequeños. «Hay que ir preparándoles. Para eso, puedes decirle: 'Ahora vas a ir al cole de los niños grandes, vas a aprender mucho, a hacer amigos, a jugar...'. Incluso le puedes contar cómo era tu colegio. Y siempre, desde un punto de vista positivo».

    • Tu ansiedad es tuya. Y solo tuya. «Los padres no deben transmitirles su preocupación. Aunque no sepan ponerle nombre, los niños son capaces de sentirlo y percibirlo», explica la experta.

    • Pequeños rituales. Puedes acercarte al colegio, para que lo vean antes de empezar el curso, o ir a comprar la mochila, unos lápices o algo de material escolar con ellos para que lo elijan. «Esas cosas les ayudan a darse cuenta de la relevancia de esta nueva etapa», señala.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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