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El insólito caso de Málaga y Matarangi

El insólito caso de Málaga y Matarangi
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Que Málaga y Matarangi se miren de frente a través del núcleo terrestre es mucho más que una simple anécdota cartográfica

LA TRIBUNA

El insólito caso de Málaga y Matarangi

Que Málaga y Matarangi se miren de frente a través del núcleo terrestre es mucho más que una simple anécdota cartográfica

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LUIS FELIPE ROMERO

CATEDRÁTICO DE LA UMA

05/05/2026 a las 02:00h.

Quién no ha soñado, de pequeño, en cavar un túnel y aparecer en el otro lado del mundo? Pues, sinceramente, siento decepcionar a los lectores ... más jóvenes, ya que la probabilidad de sobrevivir a los 6.000 grados de temperatura del núcleo, y las 3.000.000 atmósferas de presión, es algo reducida. Pero si a pesar de todo lo consigues, probablemente mueras ahogado en medio del océano, ya que sólo un 4% de la superficie del planeta tiene una antípoda de «tierra con tierra».

Para entender la verdadera magnitud de esta coincidencia, dejemos a un lado el romanticismo y centrémonos en los datos. Además de la mencionada cifra del 4% de probabilidad de coincidir tierra con tierra en el túnel, lo que empieza a convertirse en insólito es la probabilidad de costa con costa. Considerando un margen de error de un kilómetro para la costa (o sea, lo que las inmobiliarias suelen vender como «a pie de playa»), imagine que lanza un dardo al azar sobre los 510 millones de kilómetros cuadrados de la Tierra. Pues solo el 0,196% de los lanzamientos caen en la costa. En consecuencia, sólo el 0,000384% de los cavadores de túneles del mundo tienen la misma fortuna que los paleños. Y eso que no he metido en mis cálculos probabilísticos que al otro lado me encuentre una playa arenosa en vez de un agreste farallón.

Pero aún no he añadido la tercera condición. Y es que, lo que de verdad me haría ilusión es empezar a cavar junto a un chiringuito, como el Tintero, y tras superar los numerosos obstáculos (primero los famosos platos, después la temperatura, la presión, etc.) encontrarme con que, al final del túnel, en vez de un yermo acantilado, aparezca otra playa como la nuestra: con sus chiringuitos, sus casas pintorescas, y sus turistas disfrutando de un clima perfecto. Y a lo mejor puedes fotografiar un waka varado en la arena, que es lo más parecido a la barca de jábega que hay por aquellos lares.

Por cierto, si tienes la curiosidad de saber algo más sobre el hipotético túnel de las antípodas, te advierto que, si te dejas caer por el agujero, debes estar preparado para un frenético viajes de 42 minutos y 12 segundos en el que alcanzarás 28.400 km/h justo cuando pases por el centro de la Tierra, punto en el que la gravedad es cero. Y que debes protegerte contra los numerosos choques laterales por el efecto Coriolis, para no convertir el trayecto en un gigantesco rallador de queso planetario. Si consigues que los choques laterales sean perfectamente elásticos, llegarás al final del trayecto a velocidad cero, chocando tus pies contra los de un sorprendido chaval maorí sentado al borde del abismo. De ahí viene lo de antípodas ¿no?

A este curioso descubrimiento geo-estadístico han contribuido mis alumnos del Máster de Ingeniería Informática durante una práctica con sistemas de información geográfica. En ella se dibujaron las líneas de costa superpuestas con las equivalentes de las antípodas, y sólo aparecieron alrededor de 500 puntos de corte, concentrados en tres pares de regiones del mundo. Dos de ellos se dan entre Sudamérica y el sureste asiático, pero llama poderosamente la atención la extraña coincidencia de Nueva Zelanda.

Tras identificar los posibles candidatos mediante la superposición de los cortes en las líneas de costa con los núcleos de población, tan sólo aparecieron cinco coincidencias significativas y cuatro de ellas son de Nueva Zelanda con España y Marruecos: La Coruña y Noia en Galicia, Tánger y Málaga. El quinto cruce se produce entre Padang (Indonesia) y Esmeraldas (Ecuador), aunque probablemente no tienen chiringuitos como los nuestros.

Que Málaga y Matarangi se miren de frente a través del núcleo terrestre es mucho más que una simple anécdota cartográfica: es un milagro estadístico de proporciones planetarias. En un mundo donde el 71% es agua, las probabilidades de encontrar un «espejo» casi tan perfecto como el nuestro rozan lo absurdo. En definitiva, dos poblaciones separadas por 12.700 kilómetros de roca incandescente, con un idioma tan antagónico como sus estaciones, pero poéticamente hermanadas por una extraordinaria coincidencia estadística.

Por eso, la próxima vez que baje a la playa de El Palo y clave con fuerza su sombrilla en la arena, hágalo con orgullo por el lugar en el que vive. Y sonría. Piense que a 12.700 kilómetros exactos en línea recta, al otro lado de nuestro inmenso globo azul, un bañista neozelandés podría estar haciendo exactamente lo mismo. Y que, contra toda lógica matemática y geográfica, ambas sombrillas se están apuntando la una a la otra, conectando en secreto los dos extremos del túnel más imposible del mundo.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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