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Francesco Caccavo, CEO de Douglas España y Andorra desde octubre, dirige desde Madrid a casa 600 trabajadores.
En junio, Francesco Caccavo (Canosa di Puglia, Italia, 1970), CEO de Douglas España y Andorra, recorrió los casi 800 kilómetros del Camino de Santiago Francés. Completo y en bicicleta, desde Saint-Jean-Pied-de-Port a la plaza del Obradoiro. Por desconectar durante varias etapas del trabajo. "Muchas gente me decía: 'Ya verás como el Camino te transforma'. Y desde luego que conmigo lo hizo: cambió mi punto de vista sobre la vida en general", confiesa el directivo. Desde entonces, "practico mucho más deporte". Su última prueba fue la maratón por relevos de Düsseldorf del pasado domingo junto a algunos compañeros de oficina. "También pensé que debía priorizarme", añade Caccavo. "Es importante mantener el equilibrio entre el trabajo y las actividades personales, además de velar por tu salud física y mental", explica.
En el cargo desde el 1 de octubre, ¿le cuesta mucho aparcar las obligaciones laborales? "Sí, es complicado. Pero, honestamente, para mí no es un sacrificio; es parte de mi responsabilidad. Esto no significa que esté siempre con el teléfono, pero sí que de alguna manera estoy conectado. Si tienes a la gente adecuada y si has planificada correctamente la organización, tu equipo sabe que puede llamarte cuando sea necesario, si consideran que debo estar informado de alguna urgencia. No llamo a la gente fuera de su horario laboral. No es mi estilo; respeto siempre su vida personal", responde Caccavo, que dirige a una plantilla de 80 en las oficinas centrales más los 500 empleados de las 74 tiendas nacionales de belleza y perfumería y las cuatro del Principado.
Hasta los sábados mira las cifras de negocio, aunque, dice, no le obsesionan en exceso. Los domingos, la mayoría de los locales no abren. "Las ventas se ven condicionadas por cualquier motivo, como el tiempo. Por supuesto las miro todos los días, pero muchas veces solo para tratar de entender las tendencias del mercado", indica el ejecutivo, que está aprendiendo español a marchas forzadas (recibe tres horas semanales del idioma) para poder entenderse mejor con el personal, sobre todo con el de tienda. "Hablo inglés y francés, pero, claro, no es lo mismo, y me gustaría comunicarme mejor con el personal".
Caccavo lleva en la compañía 23 años. Entró como director de Recursos Humanos. "Empecé en La Gardenia [el germen de la multinacional], cuando esta empresa era familiar, siendo el único ajeno al apellido. Cuando llegué tenían unas 30 tiendas antes de que se sumaran las 500 de Limoni. La compañía pasaba por un momento crítico y, junto al CEO, Fabio Pampani, reestructuramos el modelo de negocio en dos años y medio y trasladamos la sede corporativa a Milán, que compró Douglas Group hace 10 años. Me quedé con el mismo cargo, con responsabilidad desde entonces también en España, Portugal, Croacia y Eslovenia". Hasta que asumió la máxima responsabilidad del mercado nacional y de Andorra.
Experiencia prémium
¿Cómo es el público patrio? "Es un mercado muy difícil, pero creo que también ofrece muchas más oportunidades que otros. Complicado porque competimos con grandes marcas locales [Primor, Druni, Arenal] que impulsan sus ventas a través del precio. Nuestra estrategia pasa ofrecer una experiencia prémium, sin perder de vista, por supuesto, el precio. Siempre recuerdo, y se lo digo a los compañeros, lo que me decía uno de mis primeros jefes: 'Francesco, recuerda que solo vendemos agua de perfume en una botella'. Pero con una experiencia de lujo, que es, al final, lo que recuerda el cliente tras la compra, que no estamos despachando pan, leche o bienes de primera de necesidad", argumenta Caccavo. Más del 90% de sus clientas son mujeres. "Es nuestra prioridad trabajar en el interior del retail y añadir escuela de maquillaje o impartir talleres para el cuidado de la piel, como tenemos en Italia", detalla.
Con estudios en Economía e Ingeniería y MBA Bologna Business School, se describe un responsable de equipo con "sensibilidad por el aspecto humano, porque el retail funciona con personas. No vendemos a través de máquinas. El equipo es el aspecto principal del grupo". Considera que no es un "jefe centrado en sí mismo que solo da órdenes. Las personas quieren ser vistas, escuchadas y consideradas y poder aportar a la empresa. Y este siempre ha sido parte de mi ADN ".
En Madrid, Caccavo vive solo. Su mujer y su hijo siguen el curso en Milán. La reunificación familiar aún está en el aire. "El chico tiene 13 años y sigue en el colegio. Mi esposa trabaja y no quiero que sacrifique su profesión por mi carrera profesional, pero estamos pensando qué hacer. Mientras, viajo a verles mucho y ellos también disfrutan de España. Cada vez que vienen, repiten. Les encanta el destino", revela el ejecutivo.
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