Una "enorme cantidad" de "grifos, duchas y baños" que no pintaban nada ahí: "Toalleros" y cuadros eléctricos como para urbanizaciones, y no para ningún centro científico. Contratos "fraccionados" para volar bajo el radar de la fiscalización, hechos a medida para otorgárselos a amigos de trabajadores además. Pantallas de ordenador, a más de 1.000 euros la unidad, compradas como "material de un solo uso" para de nuevo esquivar los controles. Y todo adquirido con dinero del Erario público. Con euros públicos.
La presunta corrupción denunciada por dos ex altos cargos en el seno del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), sobre la que han puesto el foco desde hace meses tanto la Fiscalía Anticorrupción como la Unidad contra la Delincuencia Económica y Financiera de la Policía Nacional (UDEF), hizo acto de presencia como ha sabido EL MUNDO hace escasos días en el juzgado 12 de lo Social de Madrid, donde un juez terminó por sentenciar que el denunciante principal, el ex director de Operaciones, fue despedido en agosto de 2025 ilegalmente, como represalia por sus investigaciones, y por denunciar lo hallado a Anticorrupción dos meses antes, en junio.
Lo hallado, según su denuncia, fue, tras una auditoria forense de meses, el desfalco de entre 20 y 25 millones de euros públicos a lo largo de 17 años por parte de un grupo encabezado, supuestamente, por el anterior gerente, quien lo niega todo a este diario.
Dicho presunto robo, en una institución que maneja algo más de 20 millones de euros públicos de presupuesto cada año, se habría producido falseando contratos, pagando por prestaciones no realizadas, adquiriendo bienes no para el CNIO sino para negocios privados, y limando de contratos reales cantidades y prestaciones cuyo valor al final iba, presuntamente, a bolsillos de una red de empresas privadas controladas por ex altos cargos alrededor de la propia institución.
Justo lo que comenzó a emerger, como ha podido saber este diario, en las seis horas de juicio laboral por el despido, luego declarado nulo, del ex director de Operaciones. Sobre todo en un testimonio: el de un estrecho colaborador suyo que desgranó cómo ambos fueron descubriendo un rosario de irregularidades, en ocasiones incluso teniendo que moverse clandestinamente por las 'tripas' de la sede del CNIO en el norte de Madrid.
El testigo narró, por ejemplo, cómo tras solicitar ambos un "estudio de viabilidad" por el que se había desembolsado dinero público, y no aparecer el documento, finalmente uno de los responsables de la institución les hizo llegar el presunto estudio: "Un documento físico de 400 hojas que no era ningún estudio de viabilidad de nada, sino catálogos de máquinas, que no aparecían firmados por nadie ni con ningún proveedor".
Cuando el director de operaciones y su subordinado preguntan, perplejos, se les dice que el documento ha sido obra de J.A.H., que es "un ingeniero amigo de la casa", que "siempre arregla cualquier problema", y que finalmente estuvo imputado en el 'Caso Púnica', de contratos públicos amañados en pueblos de Madrid.
Similar situación vivieron con un contrato para adquirir muebles, que se había "fraccionado" muy claramente para evitar llegar a la cifra fiscalizable: cuando lo pusieron en conocimiento de la dirección técnica, comentó el testigo ante el juez, no hubo respuesta lógica.
Desde ese mismo departamento se impulsó -bajo ese esquema presunto de pagar de más y recoger los beneficios fuera del CNIO- la compra "de 13 ó 14 pantallas de ordenador como material fungible, es decir, de un solo uso... De forma que no fuera inventariable, y por tanto controlable", explicó el testigo a un juez ya anonadado.
El declarante y su jefe vieron una vez más que lo que se les respondía no tenía ningún sentido, salvo apuntar a posibles corruptelas y en todo caso violar los controles impuestos por Intervención General del Estado desde 2020, que intentaban implementar en el centro.
El pasmo de ambos fue tal que en varias ocasiones bajaron personalmente a buscar los almacenes de la institución, para tratar de ver 'in situ' qué sucedía allí. Dicho movimiento causó miedo en la dirección técnica, y no obstante tampoco trajo el efecto deseado, porque los dos cargos no llegaron a encontrar algunos de los almacenes.
Hasta que llegó la UDEF, una vez la investigación policial y de Anticorrupción arrancó: "A mí me llamó la UDEF", señaló el testigo ante el juez, "y la verdad es que desconocía parte del almacén. Y dos de ellos, grandes, estaban debajo de lo que son las rampas del garaje. Entrabas y tenían todo tipo de materiales. Había una entrada que te tenías que agachar, como un pasadizo, y luego llegabas a otra zona más diáfana en las que tenías materiales que no parecían estar relacionados con nuestra investigación: repuestos de mangueras, cosas de baños, grifos, duchas... Material que no tenía que ver con el centro...
- ¿En cantidades razonables?, se le preguntó.
- En cantidades enormes, dijo el directivo.
La UDEF y Anticorrupción siguen investigando la presunta corrupción en el seno del CNIO. Una de las hipótesis es el uso de bienes adquiridos para el centro, el buque insignia de la investigación española en la lucha contra el cáncer, en negocios privados.