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El teniente coronel Tejero irrumpe, pistola en mano, en el Congreso de los Diputados Efe El laberinto humano tras los disparos del 23-FPor los documentos desclasificados desfila una desordenada red de personajes secundarios que también arrojan luz sobre aquel día crítico
Domingo, 1 de marzo 2026, 00:18
documentos desclasificados este miércoles por el Gobierno permiten reconstruir con detalle la red de involucrados en el golpe de Estado del 23 de ... febrero de 1981. Desde altos mandos militares hasta civiles y oficiales de los servicios de inteligencia, los archivos exhiben decisiones apresuradas, errores de comunicación y preocupaciones que marcaron la jornada. Permiten comprender no solo la mecánica del 'tejerazo', sino también la intrahistoria de quienes pasaron más inadvertidos. Más allá de los protagonistas, los informes esconden una malla de personajes secundarios cuyas trayectorias trazan la profundidad de la trama. Operación González del Yerro.González del Yerro
El entonces teniente general y capitán general de Canarias, Jesús González del Yerro Martínez, fue responsable de la planificación de un nuevo golpe tras el 23-F motivado por la preocupación de que los coroneles actuasen por su cuenta y prescindieran de los altos mandos. «Todo estaba ultimado», aunque quedaba por decidir la modalidad del asalto. Podía ser un «golpe constitucional», similar al del general Alfonso Armada, o un «golpe a la turca», más duro y con la supresión de partidos y organismos autonómicos.
José Luis Aramburu Topete
El director general de la Guardia Civil, José Luis Aramburu Topete, dirigió los cinturones policiales alrededor del Congreso e intentó negociar con los asaltantes para evitar disparos y enfrentamientos que acabasen en «masacre». Durante el juicio, la defensa de Tejero presentó a un general que negó que Aramburu hubiera sido amenazado dentro del hemiciclo momentos antes de la detención del acusado, lo que contradecía la versión de este según la cual le dijo: «Antes le mato y después me pego un tiro».
José Juste Fernández
El jefe de la División Acorazada Brunete aseguró, también en el juicio, haber tenido desde el principio «reservas mentales» sobre la posibilidad de un golpe contra la legalidad. En medio de la confusión inicial, autorizó la redacción de órdenes preliminares para ocupar objetivos en Madrid, aunque nunca dio la definitiva. Llamó a Zarzuela preguntando por Armada, pero al ser respondido que no estaba allí, concluyó que el asalto no era respaldado y ordenó paralizar las maniobras, aunque no tenía el control de la división.
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Consulta los documentos desclasificados del 23-F
Las conversaciones desclasificadas del 23-F: Tejero, su mujer, García Carrés y el Rey
Francisco Laína García
Tras el asalto, el secretario general de la Casa Real, Sabino Fernández Campo, ordenó la constitución de un Consejo de Secretarios de Estado y Subsecretarios en el Ministerio del Interior, con Francisco Laína García a la cabeza, lo que le convertía en la principal autoridad civil. Cuando Armada le planteó su intención de entrar en el hemiciclo, Laína advirtió de la posible inconstitucionalidad de sus intenciones y ordenó que el gobernador civil de Madrid lo acompañara en todo momento. Aunque no instruyó expresamente su detención, sí transmitió su interés en que fuera inmediatamente a su despacho tras la entrevista con Tejero.
Carmen Díez
La esposa de Tejero estuvo pegada al teléfono aquellas horas críticas intentando contactar con su marido. A medida que el golpe perdía impulso, sus conversaciones tomaban una creciente indignación hacia la cúpula militar. «Lo han dejado solo, para no variar», «tirado como una colilla», repetía, convencida de que había sido engañado tras asegurarle apoyos decisivos dentro del Ejército, incluidas varias capitanías generales que finalmente no secundaron la operación. «¡Qué asco de Ejército! ¡Qué asco de España!», llegó a exclamar. Y se quejaba de que a su marido se le tachase de «loco y bandolero».
García Carrés
Fue el principal enlace civil de los golpistas, manteniendo comunicación constante con Tejero. Se encargó de sostener la moral de los asaltantes con mensajes de ánimo y falsa información. Les aseguró que distintas unidades militares acudían en su apoyo y llegó, incluso, a transmitir supuestas garantías internacionales. Acabó siendo el único protagonista sin uniforme condenado por el asalto. En el juicio argumentó que las llamadas a Tejero y a su familia estuvieron motivadas por «amistad y humanitarismo». Acusó al fiscal de pedir una condena más dura para él con el fin de «ejemplarizar la posible trama civil» del golpe. En la fase final del juicio, terminó su intervención gritando: «¡Arriba España!».
Capitán Merlo
José Antonio Merlo, capitán del Ejército de Tierra, fue el ejecutor de la ocupación militar de RTVE. Cuando desde Zarzuela contactaron con la televisión pública para coordinar la emisión del mensaje del Rey, se descubrió que el recinto estaba tomado por su unidad. Intentaron hablar directamente con él para que se retirara, pero se negó a acatar sus instrucciones: «No acepta órdenes que no emanen de su coronel». Tras lograr localizar telefónicamente a su jefe directo, Merlo sacó a sus hombres de las instalaciones. Poco después, fuerzas de la Guardia Civil recuperaron el control de TVE.
Sánchez Valiente
El capitán de la Guardia Civil huyó de España tras el asalto al Congreso, adonde acudió con «algo en las manos que pudiera ser una cartera o maletín» con documentación secreta y comprometedora sobre la trama. Tras escapar de las Cortes, se fue a Barcelona y, con la ayuda de un comandante del Ejército, se refugió en Andorra. Sin embargo, no se sentía seguro en Europa, por lo que tenía previsto trasladarse a México. Durante su período en clandestinidad, confesó que siempre pensó que el golpe no tendría éxito porque «no confiaba en el Rey», quien, según su opinión, debería haber consentido la asonada de forma explícita.
Ramón de Meer
Este teniente coronel llamó al Cesid y, al identificarse solo como «Ramón», fue confundido con otro mando del servicio recibiendo información sensible sobre el desarrollo de la crisis, incluida la inminente entrada de Armada en el Congreso. Lo que puede parecer un malentendido acabó siendo considerado una grave brecha de seguridad, ya que los informes posteriores lo describían como el «cerebro» de un nuevo núcleo involucionista. Tras el fracaso del golpe de Estado, una nota confidencial fechada el 14 de abril de 1981 reveló que los servicios de información seguían estrechamente cada uno de sus movimientos ante el temor de nuevas conspiraciones militares.
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